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«Nos abrimos a una segunda conversión, como niños confiados a la Voluntad de Dios y con María» | Día 20 hacia un Nuevo Pentecostés Sacerdotal

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DÍA 20 | LA SEGUNDA CONVERSIÓN DEL SACERDOTE Y LA CONSAGRACIÓN A MARÍA

Al terminar esta segunda decena del cincuentenario que nos propone el padre Santiago Arellano para un Nuevo Pentecostés Sacerdotal, «queremos consagrarnos a la Virgen».

Nos abrimos a una segunda conversión, ese paso al olvido de nosotros mismos, ese quitarnos la tibieza para vivir como niños confiados y entregados a la Voluntad de Dios.

San Pedro recibió su segunda conversión de la mano de María. Después de sus negaciones, se dio cuenta que ya no podía apoyarse en su fuerza. «Todos estos te negarán. Yo jamás te dejaré, iré contigo a la muerte si hace falta».

A la pregunta “¿Me amas más que estos?” ya se dio cuenta de que sólo apoyándose en el amor de Jesús podía ser fiel hasta el final.

Nosotros -dice el padre Santiago Arellano- también queremos pedir nuestra segunda conversión y lo pedimos de manos de María, apoyados en Ella.

Queremos ser todo de María y vivir todo (como dice San Luis María Grignion de Montfort) «Por María, con María, en María y para María».

Fórmula de Consagración de cada uno a Jesucristo, la Sabiduría encarnada, por medio de María, según enseñó San Luis María Grignion de Montfort:

¡Oh Sabiduría eterna y encarnada, oh amable y adorable Jesús, Dios y verdadero hombre, Hijo único del Padre Eterno y de María, siempre virgen! […].

Te doy gracias porque te has anonadado y tomado la forma de esclavo para sacarme de la esclavitud del demonio.

Te alabo y glorifico porque te has sometido a María, tu Santa Madre, para hacerme por Ella tu fiel esclavo. Pero ¡ay! ingrato e infiel como soy, no he cumplido las promesas que hice en el bautismo […]. Por esto he recurrido a la intercesión de tu Santísima Madre, que me has dado como mediadora […].

Te saludo, ¡Oh María Inmaculada!, tabernáculo de la Divinidad, en donde la Sabiduría eterna, escondida, quiere ser adorada[…].

Te saludo, ¡oh Reina del Cielo y la tierra!, a cuyo imperio está sometido todo lo que hay debajo de Dios.

Te saludo, ¡oh refugio seguro de los pecadores!, cuya misericordia no falta a nadie; escucha mis deseos de la divina Sabiduría y recibe para ello los votos y las ofrendas que te presento.

Yo, N…, (nombre de cada uno), pecador infiel, renuevo y ratifico, hoy en tus manos, los votos de mi Bautismo.

Renuncio para siempre a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y me entrego enteramente a Jesucristo, Sabiduría encarnada, para llevar mi cruz tras Él, todos los días de mi vida; y a fin de que sea más fiel de lo que he sido hasta ahora, te escojo hoy, ¡oh, María!, en presencia de toda la corte celestial, por mi Madre y Señora.

Te entrego y consagro, en calidad de esclavo, mi cuerpo y mi alma, mis bienes interiores y exteriores, y aun el valor de mis buenas acciones pasadas, presentes y futuras, otorgándote entero y pleno derecho de mí y de todo lo que me pertenece, sin excepción, a tu agrado, a la mayor gloria de Dios, en el tiempo y la eternidad.

Recibe, buena madre, esta pequeña ofrenda de mi esclavitud, en honor y en unión, con la obediencia que la Sabiduría encarna- da quiso tener contigo, en homenaje del poder que ambos tenéis sobre mí y en acción de gracias por los privilegios que te otorgó la Trinidad […].

En adelante quiero, como verdadero esclavo tuyo, procurar tu honra y obedecerte en todo.

¡Oh Madre admirable! Preséntame a tu Hijo en calidad de eterno esclavo, a fin de que, ya que me rescató por ti, también me reciba de tus manos.

¡Oh Madre de misericordia!, concédeme la gracia de alcanzar la verdadera sabiduría de Dios, y de colocarme, por tanto, entre los que amas, enseñas, guías, alimentas y proteges como a tus hijos y esclavos.

¡Oh Virgen fiel!, hazme en todo tan perfecto discípulo, imitador y esclavo de la Sabiduría encarnada, Jesucristo tu Hijo, que por tu intercesión e imitándote llegue a la plenitud de la perfección sobre la tierra y de gloria en los Cielos.

Concédeme que pueda renovarte cada día mí entrega y con cada latido de mi corazón decirte:

«SOY TODO TUYO MADRE MÍA, REINA MÍA, Y CUANTO TENGO TUYO ES».

 

*Texto del libro ‘Nuevo Pentecostés Sacerdotal. Cincuenta días para renovar nuestro sacerdocio’ (Santiago Arellano Librada). Se puede adquirir en la web de la editorial Cor Iesu,  en librerías y plataformas comerciales.

 

No te pierdas ningún vídeo de este itinerario. Puedes seguir la serie completa en cualquier momento, a través de nuestro canal de YouTube en la lista Nuevo Pentecostés Sacerdotal.

 

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