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«Me cuesta muchísimo últimamente ponerme a rezar»| Águeda Rey, enferma de ELA, en su blog

«Me cuesta muchísimo últimamente ponerme a rezar»| Águeda Rey, enferma de ELA, en su blog

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Hoy mi regalo ha sido este pensamiento: La enfermedad ha llenado de sentido mi vida

Entonces, por qué el título de este artículo de Águeda Rey en su blog se titula Jesús, mi fundamento:

«Me cuesta muchísimo últimamente ponerme a rezar. Me asalta la pereza y me distraigo con cualquier cosa banal. Pero cuando me venzo y me pongo por fin, aunque sea poco rato, el Espíritu Santo me suele premiar con un pensamiento, un hilo del que tirar y desgranar, y así poder profundizar y seguir rezando; a veces durante días. Y entonces se me cura la pereza por un tiempo, lo que me ayuda a escribir estos artículos.

Hoy mi regalo ha sido este pensamiento: La enfermedad ha llenado de sentido mi vida. 
Al principio me he quedado sorprendida porque me he preguntado: o sea, que antes ¿no tenía sentido? ¿Antes era un sinsentido mi matrimonio, mis hijos? ¿Para qué pido mi curación, para vaciarme de contenido?
La respuesta claramente es no a todas las preguntas. La vida tiene siempre sentido, aunque no la vivamos en plenitud. Lo tiene porque es el camino para llegar a vivir la plenitud eterna, que es el cielo.
Mi matrimonio tenía sentido desde el principio aunque tuviera muy errado el camino, porque todo, incluso lo malo, fue necesario para llegar a donde estamos hoy. Pero es cierto que ahora todo se entiende mejor, todo tiene «más sentido».
Lo que realmente ha llenado de sentido mi vida es lo que ha venido con la enfermedad, Jesús como fundamento de mi vida, de mi matrimonio, de mi maternidad, de mi enfermedad. Sí, Jesús es el fundamento de mi enfermedad, porque lo difícil de una enfermedad como la ELA, al poner a Jesús en la base de todo, se convierte en sacrificio redentor: mi vida –mi cuerpo- es hostia viva agradable a Dios y ¿puede haber mayor sentido que ofrecer un culto razonable al que es el Creador de todo? En la carta a los romanos Pablo lo expresa maravillosamente:

Os exhorto hermanos, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable. Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto (Rm 12,1-2).

Me encanta escribir mi meditación para todos vosotros porque Dios ha renovado mi mente y ya no sufro al abrir y exponer mi corazón: sé que estoy haciendo lo bueno, lo que agrada, lo perfecto, o sea la voluntad de Dios».

No es el cuerpo, es el alma lo que hay que cuidar:

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