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De la tragedia al triunfo: Salvador abrazó la cruz y vive feliz, siempre agradecido y en oración

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Salvador Sánchez se considera desde siempre un hombre muy afortunado. Nació y creció en una familia que tuvo siempre a Cristo en el centro y la Virgen María presente. Un entorno feliz, el ejemplo de sus padres, la solidez de la familia, la alegría fueron una gran herencia que junto a su esposa Estella, con la que lleva ya 30 años casado, han regalado a sus dos hijos (Diego y Santiago) que, en la actualidad, también empiezan a construir sus propias familias.

Salvador iba dando las gracias a Dios por la belleza que estaba disfrutando mientras conducía su moto cuando su vida cambió radicalmente.

En su recuerdo de aquel momento, apenas consciente y tirado en la carretera, solo está la certeza de unas palabras: le dije a Dios: «acepto lo que me haya sucedido, y te pido que me sirva a mi y le sirva a muchas personas más».

«Nunca te rindas y cuando sientas debilidad, ponte en oración con Cristo»

Podría haber muerto en aquel accidente, pero Salvador quedó con vida y sufrió una lesión medular. Él aceptó que aquello era irreversible y abrazó su nueva vida en silla de ruedas y muchas horas de dolor cada día.

 

Estuvo 4 meses en el hospital. De aquel tiempo recuerda sobre todo, con agradecimiento, la dedicación y amabilidad de las personas. Salvador ha tenido algunos encuentros con Cristo, que no deja de lanzarle mensajes. En el hospital conoció a Carlitos y su sonrisa, que para Salvador era el mismo Jesucristo diciéndole: «a pesar de esta cruz, tú puedes sonreír».

Otro encuentro fundamental para avanzar en el difícil camino que se ponía ahora por delante, fue con un pobre cuyo rostro irradiaba amor mientras Salvador le daba su comida y le decía: «nunca te rindas y cuando tú sientas debilidad, ponte en oración con Cristo». «Aquellas palabras que yo le dije, eran para mi», dice Salvador.

Después también tuvo un encuentro providencial con Mater Mundi TV y muchos de los testimonios que se pueden ver en este canal de YouTube. Cada testimonio contenía un mensaje para Salvador que veía los vídeos junto a su esposa Estella. Ahora, Salvador se suma a la familia Mater Mundi TV con el regalo de su testimonio, emocionado, agradecido y sin perder ni un momento el entusiasmo y la sonrisa.

En el tiempo transcurrido desde su accidente, Salvador también ha podido conocer la escuela de agradecimiento de los Franciscanos de María, liderada por el padre Santiago Martín y presente en más de 60 países.

Abrazado a la cruz, agarrado a la oración y en constante agradecimiento

A día de hoy, la fuerza del agradecimiento y el poder de la oración le ayudan a mantenerse abrazado a la cruz de su lesión medular y ofrecerla cada día por los niños y de los jóvenes, por los matrimonios, por las familias y por los sacerdotes.

No camina, su vida ha cambiado pero sigue sintiéndose bendecido. Salvador  dice que «va aprendiendo de lo que se puede hacer desde esa cruz que Dios le ha dado, para seguir dando las gracias, a pesar de todo. Y cuando los dolores se hacen muy insoportables, en esos momentos recuerda las palabras de Jesús: ‘todo aquel que quiera venir en pos de mi, que tome su cruz’.

«No sé cuánto tiempo vaya a pasar o seguir este dolor, pero he aprendido a vivir con él. Nuestro Señor se ha reflejado en mi, mucha gente me ha dicho no te rindas. Cuando no puedas más, ponte en oración». Y así continúa, Salvador, firmemente abrazado a su cruz.

Mi cruz es «chiquititita» y la oración tiene un poder impresionante

«Todo esto que me toca vivir hoy lo hago entregado a Cristo y nuestra Virgen Santísima, y no voy a dejar de ponerme en oración», dice Salvador.

«La oración tiene un poder impresionante. Cuando nos ponemos en oración, en silencio, con fe, entregado a nuestro Señor… Yo estoy seguro de que hoy me toca ofrecer mucho por mucha gente, aunque mi cruz sea hoy muy «chiquititita».

A Salvador le conforta especialmente este texto oración:

«Señor amo mi cruz porque es única, porque es mía porque me hace ser quien soy. Amo mi cruz porque me asemeja un poquito a ti. Me recuerda que tú llevas la mayor parte y que solo me pides estar presente. Amo mi cruz porque es parte de mi vida. Se asemeja a mi huella dactilar, al iris de mis ojos, porque me identifica. Abrazo mi cruz con agradecimiento porque me recuerda que estoy pasando por este mundo en un viaje que es transitorio, y que lo que me toque vivir lo hago lo mejor que puedo, tratando de amar en toda circunstancia porque ya mi felicidad depende solo de tenerte a Ti. Jesús, en mi corazón y amarte con todo lo que tengo. Amarte también desde mi pequeña y humilde cruz. Señor amo también tu Cruz, la que llevas sobre tus hombros, la de toda la humanidad. La amo porque me recuerda lo que es amar hasta el extremo, lo que significa entregar la vida, lo bello que es vivir y morir por amor. Te amo a ti mi Señor y mi Dios. Nada hay fuera de ti. Tú eres mi alcázar y mi refugio. Soy tuyo». 

Está seguro también de que cuando quedó tirado en la carretera por el accidente, «la Virgen me ayudó a decir aquel sí, un sí que significaba todo lo que venía. Porque «Ella es la mujer del Sí», recuerda Salvador.

No dejes de ver este impresionante testimonio de fe y agradecimiento de Salvador Sánchez. Un testimonio de sí a la cruz, a la vida, a la oración, al ofrecimiento. Un sí total a Dios. 

 

 

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