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“Para recuperar la identidad que Satanás nos roba hay que unir fe y experiencia religiosa” – Testimonio de D. Salvador Romero

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La historia de Salva, el padre Salvador Romero, bien podría inspirar una serie de Netflix, HBO o similares. Jamás pensó que Dios pudiera querer a alguien como él. Este es el testimonio de un joven herido y rebelde a quien Dios reclutó y armó con el don de la sanación interior.

Un día se encontró en la calle con un amigo de la juventud: le preguntó: «Salva, ¿qué es de tu vida?» Y yo le dije: «Estoy en el Seminario». Pensando que era una broma, así que volvió a preguntarle: «En serio, ¿qué haces?» Y Salvador respondió de nuevo: «Estoy en el Seminario». A lo que su amigo, sorprendió, solo pudo responder: «Si tú estás en el Seminario, eso es que Dios existe». “Esas palabras describen mi vocación”, nos dice D. Salvador Romero, sacerdote de la Archidiócesis de Valencia, aunque él nació en Galicia.

Poco amor, sin referentes y demasiadas tentaciones

Salvador vivió un desastre de infancia y juventud. Durante años sufrió bullying, desprecios y carencias afectivas. “Lo que no encuentras en tu entorno próximo lo acabas buscando, de cualquier forma, por el mundo”, dice. Todo eso pasaba en un contexto social muy poco favorable para poder ser un niño bueno. A pesar de todo, él todavía era un niño bueno y normal. Con la adolescencia pasó a otro nivel. Dejó los estudios, que nunca le habían interesado mucho, y empezó a trabajar. A los 15 años se abría para él la puerta de acceso a un camino bastante más incierto. Y, después de hacer el servicio militar -donde revivió la pesadilla del bullying- ya tomó una decisión definitiva: “Decidí empezar a ser malo, a hacer toda esa maldad que yo había recibido”, recuerda Salvador. Así, se tiró de cabeza al mundo de la “fiesta” interminable, el alcohol, las drogas (consumo y tráfico), promiscuidad…

“Un mundo totalmente falso, en el que siempre se acaba mal“. Así, llegó el cansancio, el vacío y la desorientación. En un viaje a Galicia para comprar cocaína, decidió visitar al Apóstol en la catedral de Santiago. Allí, sencillamente, “dije algo así como: Dios, si existes, ayúdame“, dice Salvador.

La importancia de experimentar el amor de Dios

A partir de ahí, su vida empezó a dar algunos giros imprevistos. Y es que, “cuando das un paso hacia Dios, Él da tres hacia ti”, afirma. Volvió a pisar una iglesia a los 25 años. No sabía lo que pintaba él allí, pero se encontró con el primer regalo: “viví una experiencia del Amor de Dios”, muy profunda, muy intensa, de esas “que lo transforma todo”. En aquel momento no sabía bien lo que había pasado, se sintió inquieto y confuso. Siguieron otros hechos que Salvador Romero nos relata en su testimonio, y que ayudan a comprender mejor los planes que Dios tenía para él. Él mismo lo vivió así: “con el paso del tiempo uno va entendiendo su propia historia”, afirma. Dios había estado siempre y preparó el camino hasta que Salvador tomó la decisión de “remar mar adentro” y abrazar el sacerdocio.

Una herida en el seno materno 

También con el tiempo acabaría identificando el por qué de toda aquella rebeldía y rechazo que sentía hacia la gente durante su juventud. Mucho de aquello venía de una herida en el seno materno, del intento de ser abortado por su madre. El descubrimiento de esa profunda herida, y todo el daño propio y ajeno acumulado durante años, fueron el germen de lo que D. Salvador denomina “un llamado dentro del llamado”. Dios le dio un primer revolcón fuerte de Amor. Y “el Espíritu Santo se ocupó de ponerme otra vez del revés” dice. En este tiempo que vivimos, “el Señor está haciendo que volvamos a evangelizar con el Espíritu Santo, como en los orígenes de la Iglesia”, y el P. Salvador nos explica por qué esta afirmación.

Imposición de manos, don de sanación y otros carismas

“Dios a veces fuerza las cosas para ponerte a prueba, para saber de verdad si te lanzas o no te lanzas. Y yo me tiré a la piscina”, dice Romero. Y es que parte del plan de Dios para él es la comunidad Somos Hijos de Dios, que “pastorea” D. Salvador. “Nació hace 5 años y el plan pastoral es muy simple: hacer lo que hacía Jesús”, nos explica. Eso incluye adoración eucarística, imposición de manos, oración de sanación e interseción. Cosas que se ven extrañas en parte de la Iglesia actual, y “eso es un problema, porque es separar la fe religiosa de la experiencia religiosa, señala Romero citando a fray Raniero Cantalamessa. Al principio fe y experiencia sí estaban unidas. Pero como se han ido separando, “el Señor está regalando en este tiempo la experiencia del bautismo en el Espíritu Santo”, dice Salvador. Cuando tienes la experiencia de Dios, nadie tiene que hablarte de la importancia de los Sacramentos; entiendes que son necesarios porque los has experimentado”, subraya el sacerdote.

Recuperar la identidad que Satanás nos roba

Salvador Romero afirma que “el ataque directo a la identidad del individuo como hijo de Dios y la destrucción de la familia, son las estrategias más actuales y agresivas del demonio. Dejan a las personas totalmente vulnerables y a su merced”. Y esto es especialmente preocupante en el caso de los jóvenes, “que andan totalmente rotos” dice el P. Salvador. “Es muy difícil que se adhieran a Jesucristo si no pueden con su propia vida”. Por eso, el sacerdote considera que “antes de exigirles que se preocupen por Dios, tienen que saber que Dios se preocupa por ellos, de una manera experiencial. Necesitan vivirlo. Y el Espíritu Santo es el que puede hacer que eso suceda”.

somoshijosdedios.org organiza retiros de perdón y misericordia, de sanación, adoración eucarística, acompañamiento para recuperar la identidad interior y así la libertad y la dignidad de las personas.

Esta es la historia de Salvador Romero, su pasado, su conversión y su apostolado en la sanación para conocer el amor de Dios. 

 

 

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