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Cumplió una dura penitencia para recibir el don del perdón y por fin ser libre | Nancy Rocío Marín

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Los planes del Señor son mejores de los que nosotros podamos tener en la mente. Dios nos ama demasiado. Somos nosotros los que no confiamos y no nos dejamos querer por Él, que es nuestro Padre.

Nancy Rocío creció en una familia numerosa (es la menor de ocho hermanos) y católica, «con los mejores padres del mundo». Recuerda una infancia muy feliz, en la que vivían con entusiasmo los grandes momentos de la fe católica como la Navidad, que es esperar al rey de Reyes y «no hay nada más grande», dice Nancy, o la fiesta de la Inmaculada Concepción, que es la celebración de toda la humildad y pureza de nuestra Madre.

Con la adolescencia llegó la rebeldía. Cuando Nancy tenía 23 años su madre murió y esa pérdida afectó a toda la familia, que empezó a separarse. Tampoco encontró un camino feliz en el amor. Se entregó de lleno a un hombre que dejaría una gran herida en ella. Pasó por la pérdida de un hijo y el dolor de no poder volver a ser madre.

Llegaron momentos de gran tristeza y profunda desesperación.

Pero el poso de la devocíón a la Virgen y todo el aprendizaje de su niñez no se había perdido.

Esta luchadora mujer colombiana sabe en el fondo de su corazón que la Santísima Virgen se ha ocupado de reordenar las cosas en su vida, de unir a la familia con el paso del tiempo y de llevarle a conocer, con paciencia y rosario tras rosario, la infinita Misericordia de Dios y la realidad de su Divina Providencia. Pero sobre todo, a ser consciente de que la confianza total en el Señor es lo que abre el camino a una vida nueva.

Nancy le pedía al Señor que le hiciera libre del todo y al fin lo consiguió – después de una severa penitencia – cuando me concedió la gracia del perdón. «No hay nada más difícil que perdonar al enemigo, a quien te ha hecho mucho daño», pero el Señor te puede dar esa gracia y hacerte totalmente libre, dice Nancy.

«Le suplicaba también que me hiciera capaz de aceptar todo con paz y amor, y me lo concedió». Le pidió a Dios el don de la alegría, y lo obtuvo.

Con todas esas armas que pidió a Dios y Él se las regaló, Nancy Rocío va afrontando las pruebas de la vida, confiando en la voluntad de Dios y devolviendo «favor por favor», con la entrega de su tiempo, de horas de oración, rezos del santo rosario de parroquia en parroquia, repartiendo alegría y un continuo agradecimiento allá por donde va.

No te pierdas este precioso y sencillo testimonio de amor al Amor más grande.

 

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