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Vivir con Dios y con ELA – Testimonio de Águeda y Alejandro

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En este testimonio escucharás cómo Dios tiende la mano para nuestra salvación continuamente y de mil formas.

Águeda no tenía ningún trato personal con Dios, pese a haber nacido y crecido con los valores y costumbres tradicionales de la religión católica. “No tenía argumentos fuertes ni para defenderla, ni para vivirla”. “Mi corazón era muy permeable a todo lo que el mundo me podía proponer. En una época en la que surgían cuestiones morales críticas como el divorcio, el aborto, los anticonceptivos, etc., “sabía por mi formación que estaban mal, pero yo iba abriendo la puerta. Iban ocupando un espacio que pertenecía a Dios”.

Águeda conoció a Alejandro y se casaron después de un largo noviazgo. Ella empezó a vivir con gran tristeza en su matrimonio. “Sentía que no le quería, incluso pensé que me había equivocado ¡después de 9 años de noviazgo!. Todos sus defectos me parecían insoportables”. Así que se refugió en el trabajo, donde ganaba reconocimiento y mucho dinero. “Todo engordaba mi vanidad y me alejaba todavía más de Dios”. recuerda Águeda.

Las revelaciones y los milagros

“A veces me iba de la oficina a dar una vuelta, me escapaba a llorar. En una de esas sentí la necesidad, desde el fondo de mi corazón, de entrar en una iglesia a hablar con el Señor. Me senté enfrente de un gran crucifijo y Le conté lo que me pasaba. Entonces ocurrió algo maravilloso. Él me habló directamente, le oí y me dijo algo muy sencillo: “Esto lo he hecho por ti”. Después del lógico sobresalto, reflexionó. “Si yo sé de siempre que Dios ha muerto por mi, ¡menuda novedad!”. Pero se conmovió al descubrir que “lo que me quería decir es que yo no podía amar a Alejandro porque no tenía a Dios en mi corazón”. Y comenzaron una vida activa de familia dentro de la Iglesia.

Pero “cuando se dice amar a Dios sobre todas las cosas, implica amarle a Él y amar a su obra. Y su obra es la Iglesia. Yo acogí de la Iglesia lo que me interesaba”. Entonces, el Señor tuvo que actuar otra vez en su vida. Llegó la enfermedad: Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). “Cuando recibes ese diagnóstico sabes que la muerte está cerca”.

A los pies de su Cruz

El Señor le dio otra oportunidad para darse cuenta de que no estaba poniéndolo por encima de todo en su vida: “no había acogido a la Iglesia como una madre que me cuida. Tampoco había acogido a la Virgen María, no por maldad, solo es que nunca nadie me había enseñado a tratar con María, estaba un poco huérfana en ese sentido”, dice Águeda. Dios le reveló que las cosas así no iban nada bien, “Le pedí a Dios tiempo para arreglar ese desastre. Y Dios me concedió tiempo”, dice Águeda. Ese fue el primer milagro, porque la ELA es una enfermedad que avanza sin piedad.

Aprendió a tratar con María a través del Rosario, y empezó a enamorarse totalmente del Señor. Fue el segundo milagro. “Él coge ese regalo feo que es la enfermedad y lo transforma en vida, alegría y esperanza”. “Me he quedado abrazada a los pies de la Cruz y estoy en primera línea, en un lugar que no me merezco”, afirma Águeda. Mientras tanto, se preguntaba por su marido, ajeno a la fe y a la Iglesia. Y ¿cómo se podía vivir todo esto sin fe?.

El tercer milagro, la conversión

El marido de Águeda asistía casi como mero testigo de los acontecimientos en torno a la transformación espiritual de su esposa. Aunque fue bautizado, en casa de Alejandro “no se vivía la religión, no íbamos a misa, no rezábamos. Aún así hice la Primera Comunión, pero hasta que conocí a Águeda he estado completamente fuera de la Iglesia”. Empezó a frecuentar la misa para acompañar a su familia. “No sabía ni hacer la señal de la cruz”.

Mientras Águeda avanzaba en su vida espiritual, él seguía sin creer y comulgaba solo para evitar preguntas incómodas. Alejandro no veía el sentido del Sacramento del Perdón. Llevaba 40 años sin confesarse, hasta que su mujer le advirtió de que estaba en pecado y debía dejar de comulgar. Comenzó entonces una lucha interna para él.

Amor conyugal, la vocación

De la mano de la Virgen, un 5 de febrero -día de Santa Águeda-, Alejandro acudió a confesarse y se reconcilió con Dios. Ahora acompaña a su esposa con la cruz que comparten a diario y también es parte activa de la Iglesia. Además, los dos han descubierto la vocación que el Señor tenía reservada para ellos: “nos pensó juntos, desde siempre, y nos ha llamado a una misión a través del matrimonio”.

Las intervenciones del Señor en la vida de este matrimonio son realmente impresionantes. En el siguiente video relatan todos los detalles de su historia de reencuentro con el amor y la misericordia de Dios. Un testimonio que no deberías dejar de ver.

 

 

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