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De una vida de fiesta y alcohol a encontrarse con el Señor en la confesión

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Laura como muchos de nosotros era una mujer del mundo, de este mundo que nos ha tocado vivir con todo lo que esto conlleva. Desde muy corta edad su vida la fue llevando hacia un estilo de vida que incluía salir muchos días seguidos, beber y las consecuencias derivadas para el alma de tener una vida desordenada. Dentro de este desorden de vida, creyó haber encontrado ese amor que necesitaba en un hombre. “En este momento vinieron muchas otras cosas, viene el engaño, el placer. Sin embargo cuando uno es adolescente y está muy arraigado en el mundo pensamos que esto es lo mejor que te ha ocurrido”, explica Laura. Pensaba ser la mujer más feliz del mundo acompañada por el mejor hombre. Era un buen hombre pero claro también tenía muchas heridas que sanar. “Era un hombre que nunca vivió con su madre, de padre alcohólico”, cuenta. Empezaron a salir juntos y a salir por la noche, de fiesta.

“Era salir de jueves a domingo sin parar, ya en este punto de mi vida no tenía control en mi cabeza. Si me decían algo, yo me ponía furiosa”,explica. Era una vida de desorden total al que se juntaban los celos de él y una serie de situaciones complicadas de gestionar para Laura. “A pesar de lo que estaba pasando yo pensaba que esa era la felicidad. Empecé a viajar mucho y seguía con lo mismo de siempre, salir de fiesta, beber y sexo”, asegura Laura. En la vida de Laura Dios no estaba presenta, su objetivo era tener éxito profesional. Pero Dios le tenía preparada algo muy especial para ella. Dos sucesos la transformaron. En su vida de fiesta, sus amigas la animaron a conocer un santuario como parte de ese recorrido cultural que también hacían cuando salían.

“Cuando llegamos estaban en la misa, nosotras estábamos ahí tomándonos fotos, sin embargo cuando me di la vuelta vi un letrero que ponía: confesión. Yo quería ir”, explica. Sus amigas, sin embargo quería seguir con la fiesta en otro lado. “Cuando fui, había una cola larga para la confesión. Algo en mi corazón me decía que me quedara. Cuando me iba a marchar de repente la fila queda casi vacía y yo me pongo en segunda posición para la confesión”, recuerda. Se quedó, llegó el momento de su confesión y Laura no sabía ni cómo empezar porque nunca se había confesado antes. “Yo le confesé todos mis pecados con mi ex pareja”. Algo importante que le marcó en esa confesión fue una cosa que le dijo el sacerdote y es que se acercara a las personas que le acerquen a Dios.

Después de esta confesión la vida siguió como si nada, con la misma fiesta y las mismas personas.

 

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