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Sábado 14º del Tiempo Ordinario. 9-10-2022

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“No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehena”

Evangelio según S. Mateo 10, 24-33

Dijo Jesús a sus apóstoles: «Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro, y al esclavo como su amo. Si al dueño de la casa lo han llamado Belcebú, ¡cuánto más a los criados! No les tengáis miedo, porque nada hay encubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehena”. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; valéis más vosotros que muchos gorriones. A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».

Meditación sobre el Evangelio

Será consuelo vuestro saber que conmigo principia esta historia deplorable, esta persecución rabiosa. Si al Hijo de Dios le han llamado demonio, ¿cómo no os tildarán de indeseables, nefastos y agentes de Satanás?

Pero no tengáis miedo. ¡Qué grito de esperanza, qué voz de alegría, qué seguridad y aplomo los suyos!: «no les tengáis miedo». Son los jerarcas, los directivos espirituales, los poderosos civiles, todos aliados y desatados como un huracán contra una hoja: ¡Sonríete, hoja!¡continúa en tu paz, hierbecilla!; no les tengáis miedo. No os acoquinéis ni escondáis la doctrina, publicadla a la luz del día.

Hay un punto en que la persecución ruge y se ensaña de tal forma, que no hay más remedio que serpear entre el boscaje, escondidos y actuando; pero cuando no se ha llegado a tal extremo, en el peligro que ordinariamente acecha, hay que declarar paladinamente la verdad que Cristo trae, la caridad que Él impera, y no callarla ni taparla por miedo a los acontecimientos que surgirán y a las represalias. ¿Miedo? Si por miedo os guiais, tenédselo al que puede matar el cuerpo y condenaros el alma. ¿Miedo? No lo tengáis sino paz inmensa y serenidad gozosa; ¿por qué? porque vuestro Padre es Dios.

Él lo puede todo, lo sabe todo, y piensa mucho antes de que os toquen un pelo de la cabeza. Cuando os lo toquen sabed que vuestro Padre les dejó, y descansad en su pecho pensando: ¿qué caricia o qué tesoro estás tramando para mí?

Hay otros en cambio que se les doblan las piernas de canguelo; son seres sin esperanza ni amor. Porque no esperan, temen; porque no aman, retroceden a su provecho. Por no ser fichados, por no ser marcados de sospechosos y apuntados para el día de la matanza, muchos enmudecerán, silenciarán mi doctrina, se atendrán a los refritos de siempre, a la paja y hojarasca acostumbrada, al sainete religioso protegido y remunerado. A todos ésos los negaré yo en el juicio, diré a mi Padre que no fueron míos, que fueron los renegados, sin amor ni a mí ni al Evangelio, amantes de su conveniencia y guardadores de su pellejo, traidores.

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