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El testimonio de “Madre Teresa de Manchester” es ejemplo en tiempos de COVID

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(ACI) El Obispo de Shrewsbury (Inglaterra), Mons. Mark Davies, señaló que el reconocimiento como venerable de la Madre Elizabeth Prout, una religiosa del siglo XIX que cuidó a los “más abandonados” de la Revolución Industrial en Manchester, es un buen ejemplo de servicio heroico para este tiempo de pandemia.

Este 21 de enero, el Papa Francisco autorizó a la Congregación para las Causas de los Santos promulgar los decretos de reconocimiento de un mártir y siete nuevos siervos de Dios, entre los que se encuentra Mary Joseph of Jesus (cuyo nombre previo a los votos era Elizabeth Prout), fundadora de la Congregación de las Hermanas de la Santísima Cruz y de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

En un comunicado de la Diócesis de Shrewsbury, Mons. Davies señaló que ha acogido con alegría el anuncio del reconocimiento de la Santa Sede de las virtudes de la religiosa conocida como la “Madre Teresa de Manchester”.

“Fue con gran alegría que recibimos hoy la noticia de que el proceso de Elizabeth Prout, una inglesa nacida en Shrewsbury, está avanzando en el camino a ser reconocida como santa”, indicó.

El Prelado señaló que el ejemplo del servicio heroico de la sierva de Dios “a los pobres que padecían brotes de cólera y tifoidea sirvió como un buen ejemplo en la época contemporánea” golpeada por el coronavirus.

“Parece apropiado que este anuncio se produzca durante la pandemia para que podamos mirar el ejemplo de Elizabeth y pedir el auxilio de sus oraciones, como una mujer que ayudó a muchos durante las epidemias que azotaron las comunidades industriales de la Inglaterra victoriana”, agregó.

Además, el Arzobispo de Liverpool, Mons. Malcolm McMahon, señaló que la contribución de la Madre Prout a la Iglesia y al pueblo de Inglaterra se refleja en la educación, la atención médica y especialmente en las instituciones que fundó.

“Las hermanas de la congregación continúan mostrando el cuidado de la Iglesia Católica por los necesitados. Mi deseo es que el santuario de Sutton sea un lugar de oración para su eventual canonización”.

Historia de Elizabeth Prout

Elizabeth Prout nació en Shrewsbury, a orillas del río Severn en 1820 y se bautizó en la iglesia anglicana de St. Julian. Su padre Edward era un católico no practicante que trabajaba como tonelero para una cervecería local.

Por influencia del Beato Dominic Barberi, misionero italiano que también condujo a la Iglesia Católica a San John Henry Newman, Elizabeth decidió ingresar a la Iglesia Católica a inicios de sus 20 años. Este importante hito en su vida devino en el repudio de sus padres, que le pidieron elegir “entre asistir a Misa y seguir teniendo un hogar y una familia”, dijo Mons. Davies.

Elizabeth descubrió su vocación gracias a la espiritualidad de San Pablo de la Cruz, centrada en la Pasión de Cristo. Ingresó como religiosa a los 28 años y, pocos años después de sus votos perpetuos, le asignaron un puesto de profesora en una de las partes más pobres del Manchester industrial.

Según Mons. Davies, la Madre Elizabeth tomó muy en serio el recuerdo de la Sagrada Familia de Nazaret, la Pasión y la Cruz de Cristo y gracias a ello, encontró el valor para viajar sola a Manchester para trabajar entre los “degradados y descartados”, que eran inmigrantes irlandeses pobres, trabajadores de fábricas y mujeres pobres.

Prout ayudó a establecer numerosas escuelas y albergues en partes del noroeste de Inglaterra afectadas por la pobreza y enseñó a las mujeres a ser autosuficientes, les enseñó habilidades para mantenerse a sí mismas y permitió que las otras hermanas religiosas ganaran su propio salario.

En 1857, la Madre Elizabeth, conocida como Madre María José, junto a otras 20 mujeres fundó el instituto religioso de las Hermanas de la Cruz y la Pasión o Pasionistas, y fue nombrada primera superiora general. El Papa León XIII aprobó la comunidad religiosa en 1863. Actualmente, las religiosas siguen trabajando en favor de los pobres en países como Papúa Nueva Guinea, Argentina, Chile, Perú y Jamaica.

Mons. Davies relató que la religiosa sufrió una enfermedad que le dejó una discapacidad permanente. Murió de tuberculosis el 11 de enero de 1864 a la edad de 43 años en el convento Sutton St Helens, Lancashire, y está enterrada en el Santuario de St. Anne’s Church Sutton, junto al Beato Dominic Barberi y el Padre Ignatius Spencer. En 2008 se presentó su causa de canonización al Vaticano.

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