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Tienen 8 hijos y acogen a niños enfermos terminales abandonados

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(ACI) Carlos y Cristina son un matrionio de Madrid (España), tienen 8 hijos, el último de ellos nació con graves malformaciones, vivió 5 años y en ese tiempo en este matrimonio nació la vocación de cuidar a niños especialmente enfermos y abandonados que fueran a morir para que en la recta final de su vida sintieran el amor de la familia.

El testimonio de este matrimonio es parte de la serie para Youtube “Contagiosos” producida por Infinito+1 y dirigida por Juan Manuel Cotelo.

Cristina explica que la llegada de su octavo hijo, Pedro, hizo que cambiara todo. “Llegó al mundo con muchos problemas, tenía malformados los pulmones, el corazón, el cerebro y no tenía ojos. Su esperanza de vida era muy corta y cada día de vida fue un regalo y así lo vivimos”.

Pasaron largas temporadas en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del hospital y, según precisa Cristina, en ese tiempo pudo comprobar “que el amor cura”.

Finalmente, pudieron llevar a su hijo Pedro a casa y fue “la mejor época” porque “pudo estar con su familia, rodeado de los besos de sus hermanos, que le adoraban”.

Carlos recuerda cómo insertaron a Pedro en la rutina familiar, lo llevaban todas las semanas a natación, “a pesar de que tenía una traqueotomía, oxígeno y ventilición. Él disfrutaba. También lo llevábamos al mar en verano y al parque Eurodisney”.

Pedro murió con 5 años y medio. “Él fue un niño muy feliz, aunque estaba muy enfermo pero rara vez estaba triste”.

Cristina explica que durante las temporadas que pasaron en el hospital con su hijo Pedro, comprobaron que había muchos niños muy enfermos que habían sido abandonados por sus padres.

“Por eso, cuando Pedro estaba en la UCI, aprovechábamos y uno de nosotros estaba con Pedro y el otro se iba con estos niños. Ahí vimos que nos había nacido la vocación de estar con estos niños que tenían que estar hospitalizados y que no tenían el amor de sus padres. Teníamos esta vocación y había que hacer más”, precisa.

Así conocieron la Casa Belén, en donde vive los niños gravemente enfermos y que están bajo la tutela de la Comunidad de Madrid y después de hacer el curso necesario para convertirse en familia de acogida, les dieron a Javier.

Este niño “había nacido muy prematuro, de 27 semanas, había tenido derrame cerebral, intervenciones cardiacas …  Desde el primer día que lo acogimos Javi empezó a cambiar. Es un niño muy feliz y acaba de cumplir 5 años”.

A la vez, comenzaron a solicitar la acogida de otra niña que se les quedó “en el corazón” a Cristina y a Carlos cuando la conocieron. “Tenía microcefalia, estaba más enferma que Javi y justo había estado muy malita y casi a punto de morir”.

Carlos cuenta que al día siguiente de que le dieran a esta pequeña en régimen de acogida, se puso muy enferma. Al principio pensaban que era un resfriado, pero después tuvieron que llamar a los médicos. “Le pusieron tratamiento y por la noche empeoró. Al día siguiente por la mañana murió. Pudimos disfrutar de Claudia escasos 3 días, pero estuvo feliz con nuestros hijos y con nosotros”, explica.

“La noche que se puso tan malita, lo único que pudimos hacer es acompañarla, tenerla en brazos, cantarle sus canciones, rezar con ella, mimarla Y se fue tranquilamente, como el angelito que era”, precisa Carlos.

“La noche que Claudia se puso tan malita, yo no me había dado cuenta pero me había agarrado un dedo. En un momento que me fui a separar de ella para coger una medicina, ella me apretó la mano como diciendo “no te separes de mi”. Una niña que estando tan malita como estaba, sabía que su padre estaba ahí, que la quería y que no quería que me separara de ella”, recuerda Carlos.

Además explica que están abiertos “a que vengan otros niños. No nos da miedo la muerte, nos da miedo el dolor que se nos queda, especialmente el dolor que esto provoca a nuestros hijos, pero el sufrimiento de nuestros hijos y el nuestro es porque les hemos amado y si les hemos amado, cada niño lo nota. Pueden estar muy enfermos y parecer que no se enteran de nada, pero eso lo notan”.

Y subrayan que “no hay un niño por mal que esté, que no note el amor y que no esté mejor en una familia. Porque los cuidados que tenían en la casa que estaban acogidos son excelentes, extraordinarios. Pero tener padres y hermanos es mejor. Es un calor diferente y sin duda eso lo notan los niños y para ellos es la felicidad”.

Este matrimonio explica que en estos pequeños ven “la imagen más clara de Jesús recién nacido y de Jesús en la Cruz. Porque son inocentes que sin haber hecho ningún mal están sufriendo. Ponerte a sus pies, es como cuando la Virgen estbaa a los pies de Jesús en la cruz. Poder aliviarles el dolor, darles la certeza de que les quieres, calmarles y acompañarles en el momento de la muerte es lo mejor”.

Carlos explica también que hay quienes viven la enfermedad con “una angustia terrible” pero que si se es capaz “de trascender, y saber que la vida no termina aquí. ¿Qué vas a temer? ¿Qué se muera? Si muere, va a un sitio mejor, tendrás un santo en el cielo que intercesa por ti. Doler duele, pero la angustia no la tienes”.

Por su parte, Cristina precisa que desde el punto de vista de la fe han sido “maravillosas las experiencias que han vivido” y recuerda una vez que su hijo Pedro tuvo una parada cardiaca en su casa. Pensaban que era el momento de su muerte. Pero uno de sus hijos mayores, que es socorrista, pidió poder intentar reaminarle. El resto de la familia comenzó a rezar el rosario.

“Terminamos de rezar el rosario y mi hijo, que no creía en Dios, me dijo: “Mamá,  seguid rezando porque cuando paráis él se para y cuando seguís, él sigue. Cuando hemos comentado esto alguna vez, mi hijo siempre dice: “Eso es verdad, porque eso lo vi, yo lo he vivido”.

También aseguran que no tienen nada especial por hacer este tipo de cosas, que son “muy pecadores, muy miserables y muy de enfadarse, pero el Señor nos ha querido regalar esto”.

Por su parte Carlos destaca que actualmente “toda la cultura nos dice que tenemos que triunfar, y que el triunfo es tener el mejor trabajo posible con el mejor sueldo. Estoy seguro que el dinero te puede dar comodidades, pero lo que te hace sentir bien es ser útil para los demás”.

“Cuando veo a mi hijos que son tiernos o caritativos con otras personas, con otros niños. Cuando veo que son capaces de donarse, prescindiendo de sus padres para que podamos adoptar otros niños sabiendo que vamos a sufrir cuando se mueran, a mi me hace más feliz que cualquier ascenso y cualquier dinero. Y estoy convencido de que soy una de las personas más felices del mundo”.

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