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Conoce el mensaje del Papa Francisco para la Vigilia de Pentecostés

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(Vatican news)”Necesitamos que el Espíritu nos dé ojos nuevos, abra nuestra mente y nuestro corazón para enfrentar este momento y el futuro con la lección aprendida: somos una sola humanidad”. En la Vigilia de Pentecostés, con ocasión de la Vigilia Mundial organizada online por Charis, el servicio para la Renovación Carismática Católica, el Santo Padre expresa esta necesidad, tan cercana a todos los fieles cristianos; y añade: el Espíritu Santo “viene a sanar los miedos”, viene “a sanar las heridas que nos hacemos también unos con otros”, y viene “para convertirnos en discípulos misioneros”.

Necesitamos que el Padre nos envíe el Espíritu Santo

A partir del relato de la reunión de los creyentes en la fiesta de Pentecostés, en un video mensaje el pontífice individua, comenta y guía:

El Espíritu se posa sobre cada uno de los discípulos, sobre cada uno de nosotros. El Espíritu prometido por Jesús viene a renovar, a convertir, a sanar a cada uno de nosotros. Viene a sanar los miedos —cuántos miedos tenemos—, las inseguridades; viene a sanar nuestras heridas, las heridas que nos hacemos también unos con otros; y viene para convertirnos en discípulos, discípulos misioneros, testigos llenos del coraje, de la parresia apostólica, que son necesarios para la predicación del Evangelio de Jesús, como leemos en los versículos siguientes que sucedió con los discípulos.

“Hoy más que nunca necesitamos que el Padre nos envíe el Espíritu Santo”, afirma el Papa, que vuelve sobre el capítulo primero de los Hechos de los Apóstoles, cuando Jesús dice a sus discípulos: «Esperen que se cumpla la promesa que mi Padre les hizo, y de la cual yo les hablé»; y subraya tres palabras: testimonio de Jesús.

Testimonio de Jesús

A este testimonio nos conduce el Espíritu Santo. Hoy el mundo sufre, está herido; vivimos en un mundo muy herido, que sufre, especialmente en los más pobres, que son descartados, cuando todas nuestras seguridades humanas han desaparecido, el mundo necesita que le demos a Jesús. Necesita nuestro testimonio del Evangelio, el Evangelio de Jesús. Ese testimonio solamente lo podemos dar con la fuerza del Espíritu Santo.

Necesitamos que el Espíritu nos dé ojos nuevos, abra nuestra mente y nuestro corazón para enfrentar este momento y el futuro con la lección aprendida: somos una sola humanidad. No nos salvamos solos. Nadie se salva solo. Nadie. San Pablo dice en la epístola a los Gálatas: «Ya no importa ser judío o griego, esclavo o libre, hombre o mujer, porque todos unidos a Cristo somos uno solo, un cuerpo solo» (cf. 3,28), cohesionado por la fuerza del Espíritu Santo. Por este bautismo del Espíritu Santo que Jesús anunica. Lo sabemos, lo sabíamos, pero esta pandemia que vivimos nos lo ha hecho experimentar de una manera mucho más dramática. Tenemos por delante el deber de construir una realidad nueva. El Señor la hará; nosotros podemos colaborar: «Yo hago nuevas todas las cosas», dice (Ap 21,5).  

Cuando salgamos de esta pandemia, no podremos seguir haciendo lo que veníamos haciendo, y cómo lo veníamos haciendo. No, todo será distinto. Todo el sufrimiento no habrá servido de nada si no construimos entre todos una sociedad más justa, más equitativa, más cristiana, no de nombre, sino en realidad, una realidad que nos lleva a una conducta cristiana. Si no trabajamos para terminar con la pandemia de la pobreza en el mundo, con la pandemia de la pobreza en el país de cada uno de nosotros, en la ciudad en donde vive cada uno de nosotros, este tiempo habrá sido en vano.

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