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Capítulo 6-2ª Parte ‘Conociendo las Escrituras’: Isaac y Jacob

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Os presentamos un capítulo más de la serie de videos donde nos acercamos de una manera didáctica a las enseñanzas que nos ofrece la Biblia, de la mano de Beatriz Ozores. Este programa está dedicado a la segunda parte del capítulo de Los Patriarcas con Jacob como uno de los protagonistas.

Esaú estaba furioso: quería matar a Jacob. Rebeca se enteró y avisó a Jacob para que huyera a casa de su tío Labán hasta que a Esaú se le pasara el enfado. Isaac, después de bendecirle. le dejó ir y le ordenó que buscara allí una esposa. Jacob partió hacia Jarán, donde vivía su tío Labán, llevando consigo nada más que un bastón en su mano. Por la noche, se detuvo a descansar, se tumbó colocando una piedra como almohada y mientras dormía tuvo un extraño sueño.

«Entonces tuvo un sueño: una escalera apoyada sobre la tierra tenía la cima tocando el cielo, y los ángeles de Dios subían y bajaban por ella. El Señor estaba sobre ella y le dijo: Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abrahám, el Dios de Isaac, voy a darte a ti y a tu descendencia la tierra la tierra sobre la que estás acostado. Tu descendencia será como el polvo de la tierra, te extenderás al este y al oeste, al norte y al sur, y en ti y en tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra. (Génesis, 28,-13-14).   Una vez más la Revelación divina pone de manifiesto que la elección del pueblo de Israel tenía como finalidad que la bendición de Dios llegase a todos los pueblos, y que todos los hombres, creados por Dios a su imagen y semejanza, fuesen beneficiarios de la elección. Era una renovación de la alianza con Abrahám. Ahí estaban las mismas promesas: la tierra, una descendencia y, lo más sorprendente de todo, una bendición universal por mediación universal por mediación de su descendencia (Cristo). Cuando despertó de su visión, Jacob llamó a aquel lugar, Betel: «Casa de Dios».

Dios había elegido que fuera Jacob. el hermano menor, el que transmitiera la promesa. Es verdad que había engañado a su hermano mayor con motivo de la primogenitura, pero Dios no nos escoge porque nos lo merezcamos. Eso sí, Jacob estaba a punto de experimentar en su carne lo que significaba ser engañado. Cuando Jajob estaba cerca de Jarán llegó a un pozo, donde vio a una hermosa mujer. Era Raquel, la hija de tu tío Labán. Al instante se enamoró de ella. Raquel, al enterarse de que era pariente, le invitó a su casa. Se celebró la boda y aquella noche la novia, cubierta con un velo, fue conducida a la tienda del novio. Cuando a la mañana siguiente se despertó, a Jacob se le heló la sangre. ¡La mujer que estaba con él era Lia y no Raquel! ¡Labán le había engañado! Pero ya no había vuelta atrás. Labán engañó a Jaboc dándole a su hija menor, Lía en vez de a Raquel. Jacob, apasionado por Raquel, acepta servir a Labán otros siete años para pagar la dote de Raquel.

La poligamia en la Biblia casi siempre lleva consigo la desdicha. Jacob nunca amó a Lía igual que a Raquel y Lía lo sabía. Pero Raquel era estéril, mientras que que Lía le dio cuatro hijos; Rubén, Simeón, Leví y Judá. El matrimonio de Jacob tiene especial importancia porque de él provienen las doce tribus de Israel. En esta hermosa historia no puede extrañar que algunas deficiencias morales, como engaños, pasiones o poligamia, pasen a un segundo plano; el autor sagrado no pretende basar la eficacia del plan divino en la perfección de sus protagonistas humanos, sino en la iniciativa permanente de Dios. Aún con limitaciones y hasta con defectos, cada uno ha sido llamado a colaborar eficazmente en el plan de salvación de los hombres.

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