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Martes 28º Tiempo Ordinario- S- Ignacio de Antioquía 17-10-2017

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“El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Con todo, dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo”

Evangelio según S. Lucas 11, 37-41

Cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo le rogó que fuese a comer con él. Él entró y se puso a la mesa. Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: “Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de rapiña y maldad. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Con todo, dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo”

 

Meditación sobre el Evangelio

Alternaba con todo el mundo. Un día lo vemos comer con los distantes de la región, como los publicanos de Mateo; otro día, con gente desacreditada y libertina, hasta protestar ciertos fieles: «Ese come con hombres de mala calaña»; otros, con personas de calidad y nombre, como la familia de Betania; otros, en una boda; hoy, con un miembro del grupo religioso más selecto.
No observamos que haga dengues a los manjares. Se sienta a la mesa y come con tal normalidad que alguna vez le afearon no comportarse como un rígido asceta y le motejaron de comilón. Fue un insulto de los que no sabían componer naturalidad con santidad, poniendo ésta no en amar, sino en retorcerse. Retorcidos le escupieron tal calumnia.

A este purista que es el hospedador, pronto le chocó la conducta de Jesús: No guardaba la devota costumbre, ya regla, de purificarse antes de comer, lavándose ritualmente las manos. No guardaba, pues, lo que tradicionalmente prescribía la escuela espiritual. No calló el fariseo, no callaron los convidados tampoco; todos ellos de la misma escuela ascética que el anfitrión, enzarzaron una querella acerca del servicio de Dios, que empujó a Jesús a afrontarles, con firmeza acalorada, contundente: «Pues bien, vosotros…». ¿A qué tanto exterioreo de ritos simbólicos devotos? Lo que importa es que os limpiéis por dentro; que estáis negros y sudados de malas intenciones, rapaces con quien cae a vuestro alcance.

¡Imbéciles!, el exterior se limpia con exterioridades de agua e higiene, pero el interior sucio, se lava con caridad; amor al prójimo, dinero que de vuestra economía paséis a la suya maltrecha; eso es lo que os deja puros. En vez de quitar, dar; en vez de malicia, amor. Claramente les amenaza: «¡Ay de vosotros!»; porque se paran en pequeñeces y olvidan lo grande. Lo grande es cumplir con el prójimo, guardarle su derecho, amarle y amar a Dios. Es la caridad en sus dos facetas, que el Maestro no cesa de enseñar y ellos de boicotear.

Conforme que guardéis menudencias, cuando están bien ordenadas; pero sobre todo, practicar lo primero y esencial.

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