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Sábado 4º Tiempo Ordinario 04-02-2017

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«Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas»

Evangelio según San Marcos, 6, 30-34

Los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: “Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco”. Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un lugar desierto. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.

 

Meditación

Al enterarse Jesús de que Antipas andaba peligrosamente curioso de conocerle, decidió retirarse circunstancialmente de sus dominios. Precisamente entonces necesitaban un descanso sus apóstoles recién vueltos de misiones. Delicada solicitud por los suyos, buscándoles vacación; agobiábales la gente, hasta no dejarles tiempo de comer. Llegó aquellos días a su vértice la popularidad de Jesús; el sábado siguiente empezaría a declinar.
Ahora en el bulle-bulle del éxito todos les llamaban, les buscaban, les pedían; decidió apartarlos adonde lograsen un poco descansar. Trabajar con intensidad pero con sosiego: aprovechando los días, sin angustia; sabiendo que en el descanso que exige el cuerpo, la oración y los nervios, ocupan nuestro puesto con el prójimo, Dios y sus ángeles.
Esta vez fallaron los planes de Jesús. El ansia de la gente por Él, trajo millares a su apartado rincón; su corazón renunció al descanso, por aquellas turbas hambrientas y desorientadas, como ovejas sin pastor. No había entonces más que Jesús que supiese consolarlas con el verdadero consuelo, enseñarles la verdadera enseñanza, darles vida. Se le rompía el alma de ver la incompetencia de los sacerdotes, la desorientación de los teólogos, la zarrapastrosa dirección de las conciencias, la explicación insípida y raquítica de la virtud… Con frecuencia hasta el día de hoy es para romperse el alma.
Sentóse a enseñarles.

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