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Adoptaron 2 hijos con síndrome de Down: “Ha sido lo mejor que hemos hecho en la vida”

Adoptaron 2 hijos con síndrome de Down: “Ha sido lo mejor que hemos hecho en la vida”
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(ACI) José Ángel y Esperanza son una familia española que tras saber que no podrían tener hijos biológicos decidieron adoptar a dos niños con síndrome de Down, lo cual ha sido “lo mejor que hemos hecho  en la vida”.

“Hoy, en España, el 90% de los niños a los que se detecta síndrome de Down no llegan a nacer y todos sabemos por qué. Si nuestro testimonio sirve para que tan solo uno de ellos, con esa u otra discapacidad, llegue a nacer, habrá merecido la pena darlo”, añadieron.

Los dos hijos de José Ángel y Esperanza “llegaron a su hogar cuando tenían 7 y 6 meses de edad, respectivamente. Y lo han llenado de alegría, actividad, caos, amor, ternura y vida…, ¡pura vida!”, explican para la Fundación Iberoamericana Down 21.

Según explican con su testimonio pretenden ayudar a “personas o familias a dar a luz a sus hijos con síndrome de Down u otra discapacidad. Y si después no pueden atenderles, que los entreguen para ser adoptados. Evidentemente, también queremos animar a otras familias a adoptar”.

“No pudimos tener hijos biológicos. Nos casamos con la ilusión de ser padres algún día. Y al saber con certeza que no íbamos a poder tenerlos, pasamos por un proceso de duelo, de sufrimiento”, aseguran y recuerdan que poco a poco se dieron una serie de circunstancias por las que tenían muy cerca personas con Síndrome de Down. “Les tenemos mucho cariño, y ellos a nosotros: un cariño recíproco”, afirman.

Testimonios que les ayudaron

José Ángel también recordó que una ocasión, “una conocida de Espe que estaba embarazada le contó que iba a hacerse la prueba de la amniocentesis por si el bebé que esperaba tenía alguna malformación, en cuyo caso abortaría. Ella le dijo: ‘Por favor, no lo abortes; si es preciso, dámelo a mí’” .

Otro de los momentos que les marcaron especialmente fue leer una entrevista al actor católico estadounidense Jim Caviezel, que había adoptado a dos niños con necesidades especiales, con discapacidad.

Según recuerda José Ángel, Caviezel, en la entrevista hablaba de sus hijos y dijo: “Cuando les vi a ambos, mis ojos vieron sus deformidades, pero mi corazón no. Mi corazón vio que eran hermosos, y no sólo que eran hermosos, sino que me embellecían a mí, porque me hacían querer ser un hombre mejor. El amor es una decisión… Cada mañana, al despertar me arrodillo para dar gracias a Dios por tenerles conmigo. No te haces idea de las bendiciones que te pueden llegar si le das una oportunidad a la fe”.

La frase de Jesús en el Evangelio: “El que recibe a uno de estos pequeños en mi nombre, es a mí a quien me recibe” y “en verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”, resonaban especialmente en ellos.

“Poco a poco, todas esas circunstancias y vivencias cristalizaron en una pregunta: ¿Por qué no adoptar a un niño o niña con síndrome de Down?”, recuerdan y aseguran que lo consideraron “un proyecto que, a la vez que nos pareció muy ilusionante, por el gran cariño que les teníamos, de entrada, nos dio mucho vértigo…, por lo que comprendemos cómo se sienten otras personas cuando saben que esperan a un niño con esa u otra discapacidad”.

Adopción de su primer hijo

De esta manera comenzaron “un proceso de discernimiento” y la fundación Down España les puso en contacto con otras familias que habían adoptado a niños con esta discapacidad. Después de un tiempo decidieron realizar los “cursillos de adopción”, necesarios para tener la idoneidad que otorga la Administración y que son indispensables para el proceso de adopción.

Un año y un mes después y habiendo hecho todos los trámites legales requeridos, “los servicios de adopción de nuestra comunidad nos llamaron para contarnos que había un niño con síndrome de Down en otra región que esperaba una familia para ser adoptado. Por supuesto, dijimos que sí. Nuestra emoción fue indescriptible. Queríamos ir lo antes posible a ver a nuestro hijo, abrazarlo y besarlo. Y decirle: ‘aquí estamos, somos tus papás’”.

Sus familias desconocían el proceso de adopción en el que se encontraban José Ángel y Esperanza. “Fue precioso comunicarles a todos la buena noticia. La alegría que nosotros ya sentíamos inundó a nuestras familias y amigos. Junto con ellos, preparamos en quince días con toda ilusión todo lo que cualquier padre y madre organizan en nueve meses para la llegada de su hijo”, explican.

Cuando fueron a recoger al pequeño, se encontraba hospitalizado porque había tenido algunas complicaciones digestivas y previamente había sido operado de una cardiopatía congénita.

Cuando le vieron por primera vez no pudieron evitar las lágrimas. “Entramos y nos asomamos a la cuna, se despertó, nos miró, sonrió y se volvió a dormir”, recuerdan.

“Desde entonces ha comenzado una aventura apasionante y maravillosa, no exenta de esfuerzo y sacrificio, pues su crianza ha sido y está siendo dura; y su educación también. Nuestro hijo tiene fortalezas y debilidades, como todo el mundo, y vive la vida con intensidad. Es pura vida, inocencia y amor. Le queremos tal como es. Y ya no concebimos la vida sin él”, explican.

Adopción de su segunda hija

Dos años después la llegada de su hijo, “y como había sido una experiencia magnífica”, pensaron en repetirla.

Y “un buen día, por medio de un chat de padres, supimos que en otra Comunidad había una niña de seis meses con síndrome de Down que estaba siendo cuidada por una familia de acogida pero que necesitaba una familia adoptiva”.

Rápidamente llamaron a los servicios de adopción de nuestra Comunidad para que se pusieran en contacto con los de la niña para que, “i no tenían a nadie, supieran que había una familia interesada”.

Según recuerdan, “la inmensa alegría al saber que nuestra hija  nos esperaba se mezcló con algunas dudas que nos vinieron a la cabeza” y comenzaron a pensar en el futuro y en qué sería de los hijos cuando ellos faltaran.

“Y aquí, otra vez hubo testimonios y ejemplos que nos ayudaron a dar el sí definitivo”, aseguran. Y recuerdan que conocieron a una familia que también habían adoptado a dos niños con Síndrome de Down y les explicaron que “no sabemos qué pasará el día de mañana, pero sabemos que Dios nos ha llamado a ser, hoy, padres de nuestros hijos y a quererles como Él nos ha querido a nosotros”.

“Al igual que con su hermano, otra vez nos emocionamos al recordar el momento en que, conforme subíamos las escaleras de la casa, oímos que su madre de acogida le gritaba: “Ya están aquí tus papás”. Una niña preciosa nos miraba como sorprendida. Su madre de acogida la puso en brazos de su madre de adopción… Y otra vez las lágrimas afloraron a nuestros ojos. Acabábamos de conocer a nuestra hija…”

Según explican, “nuestra hija, al igual que su hermano, es pura vida. Y la amamos tal como es. Ha sido un auténtico regalo para nosotros tres. Como dice nuestro hijo con su lengua de trapo, ‘somos una familia guay’”.

“¿Merece la pena tener o adoptar a un niño con síndrome de Down? Nuestra respuesta es: sin duda alguna”, “también hay momentos de desaliento y cansancio, porque no se ven progresos o porque éstos van muy despacio o porque piensas que no estás haciendo lo suficiente como padres. Pero nosotros tenemos el convencimiento de que el ser humano es feliz cuando ama. Y de que el verdadero amor se manifiesta y se demuestra en la «entrega» al otro. Y ese amor, que incluye el sacrificio, es lo que da la felicidad. Nosotros vemos que nuestros hijos son felices. Y nosotros lo somos con ellos porque ese era y es nuestro objetivo: que sean felices”, aseguran.

“Antes de llegar ellos, no sabíamos que a un hijo se le podía querer tanto. También sabemos que adoptarlos ha sido lo mejor que hemos hecho en la vida. Y que en el futuro, echaremos la vista atrás… y habrá merecido la pena”.

También dan “a sus padres biológicos por haberles dado la oportunidad de tener otros papás. Y, por supuesto, gracias a Dios, por habernos hecho padres de estas dos criaturas suyas, por habernos dado estos dos regalos. Sabemos que vela por nosotros en su providencia”.

“Si este testimonio sirve para que un solo niño con discapacidad llegue al mundo, habrá merecido la pena darlo”, subraya.

Puede leer el artículo íntegro AQUÍ.

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