Javier Alonso fue víctima de amenazas, acoso laboral y desprecio por defender su condición de católico. Todo empezó por un Belén de Navidad.
Funcionario de la Administración Pública en Andalucía, algunas personas en su entorno laboral atacaban ese símbolo de la fe católica y recurrían a proclamas trasnochadas de los tiempos de la guerra civil española.
Lejos de silenciarlo, aquellos ataques contra la libertad religiosa fueron el detonante de que Javier alzara más alto la voz en defensa de su fe.
Como cristiano sabe que en muchos momentos hay que tener misericordia con los intolerantes, pero tiene claro que «el insulto a Cristo no es negociable», sabiendo también que la verdadera batalla no es contra personas concretas, sino contra el mal.
Aquel episodio, ocurrido en la Navidad de 2024, ha tenido otras grandes consecuencias en la vida de Javier. Sirvió para que se preguntara con más profundidad hasta qué punto este mundo en el que vivimos es compatible con Dios.
El caso de Javier Alonso es una muestra de que todavía, en pleno siglo XXI, no está garantizado que los católicos puedan expresar y defender su fe sin miedo a que haya represalias.
Por eso, no duda en afirmar que «nos hacen creer que somos libres, pero somos más esclavos que nunca«.
A raíz de este suceso, Javier también se sintió apelado a emprender un camino de crecimiento interior para acercarse más a Dios, y a profundizar en su formación para poder ayudar mejor a que otros le conozcan.
Así ha ido recuperando la paz en medio del ruido del mundo.
Ahora Javier se encuentra en un tiempo de discernimiento en el que se siente especialmente llamado a la vida contemplativa.
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