Las polémicas y los bloqueos han existido desde siempre, en la Iglesia primitiva y a lo largo de la historia. Por más claro que está escrito, tenemos tendencia a «echar el freno de mano» y no acabamos de creer el mensaje de Cristo y sus Hechos.
Un freno que nos impide ir más allá. Se nos olvida que Dios da el arrepentimiento para conseguir la vida y que “los acontecimientos van por delante de los razonamientos humanos, porque quien lleva la Iglesia es el Espíritu Santo».
Por eso, tenemos que dejar que el Señor ponga luz donde nosotros no vemos más que problemas y oscuridad. Como en la época de los primeros cristianos y la Iglesia primitiva, tenemos que abandonarnos en la fe para ver cómo Dios actúa más allá de nuestros razonamientos y condicionantes humanos.
Así que, cuando estés en una encrucijada y no sepas hacia dónde dirigirte, «haz silencio, ora, pide la asistencia del Espíritu Santo, que Él te marcará el camino». ¡Y da gloria Dios!


