El apóstol que había negado tres veces a Jesús, renovado por el Espíritu Santo y sanado por la Misericordia del mismo Cristo resucitado, proclamará ahora ante los que van a condenarle a muerte que «vamos a obedecer a Dios antes que a los hombres».
¿Dónde están los límites de Pedro? ¿dónde quedaron los complejos y los miedos del apóstol?
Cristo había sanado del todo a Pedro, había borrado sus miedos y sus complejos. Pedro ya proclama el nombre de Jesús en todo momento y circunstancia. Nadie ni nada le detendrá, ni si quiera su inminente condena a muerte.
Como entonces, Cristo sigue sanando hoy física, espiritual y hasta sicológicamente cuando, con fe y con la fuerza del Espíritu Santo, somos capaces de proclamar su Nombre sobre todo nombre.
Señor, ábreme los labios, y mi boca proclamará tu alabanza.


