En Pentecostés, cincuenta días después de su Resurrección, Jesucristo glorificado infunde su Espíritu en abundancia y lo manifiesta como Persona divina, de modo que la Trinidad Santa queda plenamente revelada. La misión de Cristo y del Espíritu se convierte en la misión de la Iglesia, enviada para anunciar y difundir el misterio de la comunión trinitaria.
Es cuando Dios derrama el don del Espíritu en plenitud al mundo.
Pentecostés es el día del envío, todos nos convertimos en apóstoles, y es el nacimiento de la vida de la Iglesia.
«Hemos visto la verdadera Luz, hemos recibido el Espíritu celestial,
hemos encontrado la verdadera fe: adoramos la Trinidad indivisible
porque Ella nos ha salvado»
Monseñor José Ignacio Munilla, obispo de Orihuela-Alicante explica este punto del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica.


