(ACI) En la homilĆa de la Misa que presidió el pasado sĆ”bado en la BasĆlica de San Pedro, el Papa Francisco afirmó que āla gran tentaciónā a la que el cristiano debe hacer frente es āconformarse con una vida sin amorā.
āLa gran tentación es conformarse con una vida sin amor, que es como un vaso vacĆo, como una lĆ”mpara apagada. Si no se invierte en amor, la vida se apaga. Los llamados a las bodas con Dios no pueden acomodarse a una vida sedentaria, siempre igual y horizontal, que va adelante sin Ćmpetu, buscando pequeƱas satisfacciones y persiguiendo reconocimientos efĆmerosā, dijo el Papa al reflexionar en el pasaje de las diez vĆrgenes que esperan la llegada del esposo, narrado en el Evangelio de San Mateo.
Cuando un cristiano cae en esta tentación, explicó Francisco, termina viviendo āuna vida desvaĆda, rutinaria, que se contenta con hacer su deber sin darseā y que āno es digna del esposoā, es decir, de Cristo.
āEl encuentro con JesĆŗs, Esposo que āamó a su Iglesia y se entregó a sĆ mismo por ellaā, da sentido y orientación a la vida. No hay otro. El final ilumina lo que precede. Y como la siembra se evalĆŗa por la cosecha, asĆ el camino de la vida se plantea a partir de la metaā, resaltó el Santo Padre.
De ese modo, prosiguió, la vida āes el tiempo que se nos da para crecer en el amor. Vivir es una cotidiana preparación a las nupcias, un gran noviazgo. PreguntĆ©monos: ĀæVivo como quien prepara el encuentro con el esposo? En el ministerio, ante todos los encuentros, las actividades que se organizan y las prĆ”cticas que se tramitan, no se debe olvidar el hilo conductor de toda la historia: la espera del esposoā.
El Papa explicó luego tres aspectos del aceite de las vĆrgenes que pueden aplicarse para la comprensión de la vida terrena. El primero, dijo, es que āno es vistoso. Permanece escondido, no aparece, pero sin Ć©l no hay luz. ĀæQuĆ© nos sugiere esto? QueĀ ante el SeƱor no cuentan las apariencias, sino el corazón. Lo que el mundo busca y ostenta ālos honores, el poder, las apariencias, la gloriaā pasa, sin dejar rastroā.
āTomar distancia de las apariencias mundanas es indispensable para prepararse para el cielo. Es necesario decir no a la ācultura del maquillajeā, que enseƱa a cuidar las formas externas. Sin embargo, debe purificarse y custodiarse el corazón, el interior del hombre, precioso a los ojos de Dios; no lo externo, que desapareceā.
Un segundo aspecto, continuó, es que el aceite āexiste para ser consumido. Solo ilumina quemĆ”ndose.Ā AsĆ es la vida: difunde luz solo si se consume, si se gasta en el servicio. El secreto de la vida es vivir para servir. El servicio es el billete que se debe presentar en la entrada de las bodas eternasā.
āLo que queda de la vida, ante el umbral de la eternidad, no es cuĆ”nto hemos ganado, sino cuĆ”nto hemos dado.Ā El sentido de la vida es dar respuesta a la propuesta de amor de Dios. Y la respuesta pasa a travĆ©s del amor verdadero, del don de sĆ mismo, del servicio. Servir cuesta, porque significa gastarse, consumirse; pero, en nuestro ministerio, no sirve para vivir quien no vive para servir. Quien custodia demasiado la propia vida, la pierdeā.
La tercera caracterĆstica es la preparación: āEl aceite se prepara con tiempo y se lleva consigo.Ā El amor es ciertamente espontĆ”neo, pero no se improvisaā.
āAhora es el tiempo de la preparación: en el momento presente, dĆa tras dĆa, el amor necesita ser alimentado. Pidamos la gracia para que se renueve cada dĆa el primer amor con el SeƱor, para no dejar que se apagueā.
āMientras rezamos por los cardenales y los obispos difuntos durante el aƱo pasado, pidamos la intercesión de quien ha vivido sin querer aparentar, de quien ha servido de corazón, de quien se ha preparado dĆa a dĆa al encuentro con el SeƱorā, animó el Papa.
āSiguiendo el ejemplo de estos testigos, que gracias a Dios hay, y son muchos, no nos conformemos con una mirada furtiva a nuestro presente; deseemos mĆ”s bien una mirada que vaya mĆ”s allĆ”, a las nupcias que nos esperan.Ā Una vida atravesada por el deseo de Dios y entrenada en el amorĀ estarĆ” preparada para entrar por siempre en la morada del Esposoā, concluyó.

