MiƩrcoles, Solemnidad de la natividad de S. Juan Bautista.- 24-06-2020

31 Jul, 2025 | Sin categorĆ­a

COMPARTE

ā€œEl niƱo iba creciendo y se fortalecĆ­a en el espĆ­rituā€

Evangelio segĆŗn S. Lucas 1, 57-66. 80

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el SeƱor le habĆ­a hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella. A los ocho dĆ­as vinieron a circuncidar al niƱo, y querĆ­an llamarlo ZacarĆ­as, como su padre; pero la madre intervino diciendo: «”No! Se va a llamar JuanĀ». Y le dijeron: Ā«Ninguno de tus parientes se llama asĆ­Ā». Entonces preguntaban por seƱas al padre cómo querĆ­a que se llamase. Ɖl pidió una tablilla y escribió: Ā«Juan es su nombreĀ». Y todos se quedaron maravillados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaƱa de Judea. Y todos los que lo oĆ­an reflexionaban diciendo: Ā«Pues ĀæquĆ© serĆ” este niƱo?Ā». Porque la mano del SeƱor estaba con Ć©l. El niƱo iba creciendo y se fortalecĆ­a en el espĆ­ritu, y vivĆ­a en lugares desiertos hasta los dĆ­as de su manifestación a Israel.

 

[divider link=»» target=Ā»_blankĀ» layout=Ā»2″ color=»»] Meditación sobre el Evangelio [/divider]

L o profetizado por el Ć”ngel del SeƱor a ZacarĆ­as se cumplió. Era lo que deseaba el matrimonio, pero ZacarĆ­as no prestó la fe debida cuando, despuĆ©s de mucho tiempo, su oración fue escuchada y le llegó el anuncio de parte de Dios. Por su desconfianza, el Ć”ngel lo dejó mudo y sordo (ā€œPreguntaban por seƱas al padre… Ɖl pidió una tablilla y escribiĆ³ā€¦ā€). Quedó como aislado del mundo, y ese estado lo hizo madurar internamente. El mal aparente produjo un bien profundo (ā€œDios reprende a aquel que ama, como un padre al hijo querido, y castiga a sus hijos preferidosā€ —Prov 3,12; Heb 12,6—; ā€œHumillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios para que, llegada la ocasión, os ensalce —de nuevo—. Desahogaos con Ć©l de todas vuestras preocupaciones, pues Ć©l cuida de vosotrosā€ —1Pe 5,6-7—).

Se rehízo en la fe Zacarías, y Dios le mostró su complacencia devolviéndole el oído y el habla, e inundÔndolo del Espíritu Santo, que le hizo profetizar en el Benedictus (versículos que siguen a esta lectura). ”Qué grande es Dios! ”Qué sabio y profundo en sus tiempos, y qué pequeños nosotros! ”Qué inmenso y paciente su amor, su misericordia! Actúa a través de la fe perseverante del hombre, y la provoca; sin ella no pueden pasar sus dÔdivas a nosotros.

Y sobrepusieron la voluntad de Dios a toda tradición: ā€œJuan es su nombreā€ (ā€œHay que obedecer a Dios antes que a los hombresā€ —Hch 5,29—).ā€œA Isabel se le cumplió el tiempo del partoā€¦ā€: Se hizo realidad lo que tanto pidieran, el sueƱo deseado, el sueƱo soƱado. Sus vecinos y parientes se alegraron con ella. Mucho se alegró tambiĆ©n MarĆ­a, pariente suya, que la fue a visitar (ā€œAlegraos con los que estĆ”n alegresā€, predicarĆ­a mĆ”s adelante San Pablo —Rom 12,15—). El EspĆ­ritu habĆ­a alentado en ellos la petición. Preparaba Dios darles ese regalo y mostrar a todos, con el hecho de ser ambos de avanzada edad y ella estĆ©ril, su Gloria y su Poder (ā€œla Gloria de Dios consiste en que el hombre vivaā€ —San Ireneo—), atrayendo la atención de todos hacia el niƱo (ā€œLos vecinos quedaron sobrecogidos y se comentaban todos estos hechos por toda la montaƱa de Judea, y reflexionaban diciendo: ĀæQuĆ© va a ser este niƱo?ā€), que iba a ser quien preparara el camino al SeƱor.

Los planes de Dios siempre se cumplen, compaginando su voluntad divina con la libertad del hombre; los plazos terrenos, el natural acontecer (ā€œse le cumplió el tiempo del partoā€, ley tambiĆ©n salida de sus manos), con la maduración de los corazones. Dios, haciendo maravillas, culmina con el alumbramiento el embarazo de Isabel, que da a luz a Juan, y el de ZacarĆ­as, con parto alegre de fe, provocando alegrĆ­a en los hombres de buena voluntad.

Distinta a la de JesĆŗs habĆ­a de ser la preparación del Bautista, pues distintos eran los planes de Dios para ellos. Ā”QuĆ© variado paisaje el de los hijos de Dios a lo largo de la Historia! Ā”QuĆ© diferentes unos de otros! Y todos formando un Uno —una misma fe y un mismo amor—, porque nacieron de un mismo Padre (cf Jn 1,13) y por sus venas corre el mismo EspĆ­ritu, que hace, de una infinitud de formas de ser distintas, una unidad, un solo Cuerpo con muchos miembros, como uno solo es el cuadro resultante de una multitud de pinceladas de colores. Son las cosas de Dios; sus maravillosas obras.

”Y todo por obra del amor del Hijo, traído a la Tierra por el sí incondicional de una criatura sin igual, la bendita entre todas las mujeres y todos los seres, María Santísima! ”””GLORIA AL QUE ES TANTO AMOR!!!