MiƩrcoles, fiesta de Santa Catalina de Siena, Patrona de Europa.- 29-04-2021

31 Jul, 2025 | Sin categorĆ­a

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ā€œVenid a mĆ­ todos los que estĆ”is cansados y agobiados y yo os aliviarĆ©ā€

Evangelio segĆŗn S. Mateo 11, 25-30

Tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo mÔs que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estÔis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
 

[divider link=»» target=Ā»_blankĀ» layout=Ā»2″ color=»»] Meditación sobre el Evangelio [/divider]

L os sabios y sesudos se creyeron algo; se suponĆ­an mozarrones y resultaron tontos, que se descrismaron contra el suelo; se dedicaron a ser ellos, a discurrir ellos, a bastarse ellos, a gloriarse en su saber y en su probidad; y no alcanzaron a saber. Porque las cosas de Dios trascienden al hombre, le sobrepasan infinitamente: Ā«Nadie conoce al Padre sino el Hijo… Ā». Mientras el Padre no lo da, el hombre no lo tiene. No consiste en talento, ni en estudio, ni en grados doctorales, sino en luz de Dios. Ven los que reciben esa luz. La reciben con preferencia los pequeƱos, los ignorantes de este mundo pero sabios de cielo.

Mientras que los sabios de sĆ­ mismos son ignorantes y analfabetos de Dios.
Hay una sabidurĆ­a autĆ©ntica que depende de un crecimiento en fe y en caridad. Como destaca la ciencia de los entendidos del mundo sobre la comĆŗn gente, asĆ­ surge una sabidurĆ­a cada vez mĆ”s sublime en la vida del EspĆ­ritu: Ā«SabidurĆ­a hablamos entre perfectosĀ» (Pablo). La mayorĆ­a de los intelectos terrenales, aun especializĆ”ndose en datos divinos, quedan rastreando por los hierbajos del suelo y no atinan, porque: Ā«Las cosas de Dios, sólo las conoce el EspĆ­ritu de Dios; el EspĆ­ritu a todos juzga, pero Ɖl de nadie es discernidoĀ» (Pablo).

Nos estimula a la esperanza: «Bienaventurados los pobres, bienaventurados los que lloran». Vuestro Padre es Dios, posa sus ojos maternales sobre vosotros y quiere ahorraros lÔgrimas; acudid a su regazo y calentaos con su cariño. Acudid al mío, que lo hizo tan caliente que acariciados en Mí sintÔis lo que es El: «Quien me ve a Mí, ve a mi Padre». Jesús y el Padre, ternura inefable, que llaman a los apenados, a los agobiados. ”Ah!, si fuesen a Ellos, si se acurrucasen en Ellos, qué otra cosa les resultaría la vida. Pero se empeñan en buscar la solución por otra parte; busquen, pero poniendo la principal confianza en el Padre y en el Hijo. «Tomad mi yugo». Su yugo llama a la dulce esperanza, a la fuerte esperanza, a mantener nuestra caridad hacia él y hacia todos, en todo evento. Aprender lo que nos estÔ enseñando, que es un amor tan puramente amor y delicado que encontramos en él descanso y dicha; porque es tan limpiamente amor que no es capaz de darnos mentira por verdad; tan sencillo, tan tierno que al enseñar no se busca a sí, sino a mí; va de verdad a darnos la verdad.

Como mana de su Padre bueno, JesĆŗs es bueno y la verdad es buena, tan bueno y buena que su yugo es suave y su carga ligera.