MiƩrcoles, Feria Mayor 20-12-2017

31 Jul, 2025 | Sin categorĆ­a

COMPARTE

«Alégrate, llena de gracia, el Señor estÔ contigo»

Evangelio segĆŗn S. Lucas 1, 26-38

En el mes sexto, el Ć”ngel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado JosĆ©, de la estirpe de David: la virgen se llamaba MarĆ­a. El Ć”ngel, entrando en su presencia, dijo: Ā«AlĆ©grate, llena de gracia, el SeƱor estĆ” contigoĀ». Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba quĆ© saludo era aquel. El Ć”ngel le dijo: Ā«No temas, MarĆ­a, porque has encontrado gracia ante Dios. ConcebirĆ”s en tu vientre y darĆ”s a luz un hijo, y le pondrĆ”s por nombre JesĆŗs. SerĆ” grande, se llamarĆ” Hijo del AltĆ­simo, el SeƱor Dios le darĆ” el trono de David, su padre; reinarĆ” sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrĆ” finĀ». Y MarĆ­a dijo al Ć”ngel: «¿Cómo serĆ” eso, pues no conozco varón?Ā». El Ć”ngel le contestó: Ā«El EspĆ­ritu Santo vendrĆ” sobre ti, y la fuerza del AltĆ­simo te cubrirĆ” con su sombra; por eso el Santo que va a nacer serĆ” llamado Hijo de Dios. TambiĆ©n tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya estĆ” de seis meses la que llamaban estĆ©ril, ā€œporque para Dios nada hay imposibleā€Ā». MarĆ­a contestó: Ā«He aquĆ­ la esclava del SeƱor; hĆ”gase en mĆ­ segĆŗn tu palabraĀ». Y el Ć”ngel se retiró

 

[divider link=»» target=Ā»_blankĀ» layout=Ā»2″ color=»»] Meditación sobre el Evangelio [/divider]

Alos seis meses del embarazo de Isabel vuelve Dios a enviar al Ć”ngel Gabriel…
Lo mejor que ha ocurrido nunca al mundo, al hombre, lo mĆ”s importante y trascendente para la Humanidad, para la creación, lo preparó Dios en una ciudad perdida de Galilea, un pueblecito sin importancia, sin relevancia ni historia anterior, llamado Nazaret, con una joven virgen desconocida, llamada MarĆ­a… Ā”CuĆ”n distintos son los caminos de Dios de los de los hombres; sus criterios y visión, de los nuestros, de nuestra manera de ver, sopesar y juzgar… !: Ā«Cuanto dista el cielo de la tierra, asĆ­ distan mis caminos de los vuestros, y mis planes de vuestros planesĀ» (IsaĆ­as 55)

ĀæDónde estĆ” la grandeza de Dios sino en la pequeƱez, sencillez y naturalidad mĆ”s absolutas? ĀæQuiĆ©n podrĆ­a imaginar, si nada de lo sucedido supiese, despuĆ©s, sobre todo, de conocer nuestros tiempos de tecnologĆ­a punta (televisión, internet, móviles, comunicaciones veloces por aire y tierra, etc. etc.), que el mismĆ­simo Hijo de Dios vendrĆ­a a la Tierra en una Ć©poca como aquella que, para colmo, resulta ser la plenitud de los tiempos, con deficientes y primitivas comunicaciones y sin tecnologĆ­a…? ĀæNo hubiera sido mejor (podrĆ­amos pensar con nuestra mente y nuestro marketing) ahora, en estos tiempos, en los que habrĆ­a sido prontamente conocido, tal vez, incluso como niƱo prodigio…? ĀæQuiĆ©n podrĆ­a sospechar que viniese en aquella Ć©poca, pasando totalmente desapercibido, el prĆ”cticamente, noventa por ciento de su existencia, hasta sus treinta aƱos en que se dio a conocer localmente, sin todavĆ­a trascender al Imperio Romano, por entonces dominador del mundo de occidente?

Aun aceptado supuestamente que asĆ­ fuese, ĀæquiĆ©n podrĆ­a no pensar que apareciese, al menos, en una ciudad importante por entonces, como la misma Roma, o AlejandrĆ­a, o, como muy poco, JerusalĆ©n, que, al fin y al cabo, si tenĆ­a que ser judĆ­o, era la capital y mĆ”s notable ciudad de Israel…? ĀæY no pensar que naciese en el seno de una familia con poder e influencia, polĆ­tica o religiosa, como para imponer su modelo de convivencia y sus doctrinas…?

PodrĆ­amos hacernos miles y miles de preguntas por el estilo y seguir perplejos ante los planes y respuestas de Dios. San Pablo, ante hechos admirables relacionados con los planes del AltĆ­simo a travĆ©s de la Historia, tuvo un arranque, una subida desde su corazón, llevado por el EspĆ­ritu Santo y por su amor y admiración por Dios: «”QuĆ© abismo de riqueza, de sabidurĆ­a y de conocimiento el de Dios! Ā”QuĆ© insondables sus decisiones y quĆ© irrastreables sus caminos…! ĀæQuiĆ©n conoció la mente del SeƱor? ĀæQuiĆ©n fue su consejero? ĀæQuiĆ©n le ha dado primero…?Ā»; desembocando en total adoración: Ā«A Ɖl la gloria por los siglos. AmĆ©nĀ» (Romanos 11).

Ante la sencillez e intimidad de este pasaje de la anunciación que se nos muestra, nos mantenemos en silencio, expectantes, en unión con el Cielo entero, a la espera de la respuesta del ser mÔs encantador, junto con el hijo que le nacerÔ, que jamÔs haya existido ni existirÔ en la historia pasada, presente y futura de la Humanidad. Respuesta doble: su «sí, hÔgase» (fe confiada), conociendo por las Escrituras cuanto al Mesías esperaba, y su disponibilidad en el amar, que la harÔ partir con presteza a visitar a su pariente Isabel para acompañarla en las alegrías de su embarazo, preparación del nacimiento de Juan, y de los secretos planes de Dios, ayudÔndola en sus necesidades. Captó María de las palabras del Ôngel esa parte donde Dios las une entrañablemente, y se entregó.

Quisiera Dios, ansĆ­a, anhela, que su Palabra se encarnase, se hiciese visible en obras de fe-amor en cada uno de nosotros; se hiciese vida (Ā«Vivo, pero no soy yo el que vive, sino Cristo que vive en mĆ­Ā» —GĆ”latas 2—; Ā«El que me ama guardarĆ” mi palabra, y mi Padre lo amarĆ”, y vendremos a Ć©l y haremos morada en Ć©lĀ» —Juan 14— ). Como anuncio recibe cada uno Su Palabra. Se trata de escuchar y que la acepte nuestro corazón con un Ā«sĆ­, quieroĀ», guardĆ”ndola anidada en las entraƱas, para irla poniendo por obra en nuestro vivir, cada cual en el suyo, con la fuerza, bajo la sombra del EspĆ­ritu Santo, de manera que lo que vaya naciendo en nosotros no serĆ” obra nuestra, sino de la misericordia entraƱable de Dios que opera en nuestro sĆ­.

NacerÔ un hombre nuevo dentro de nosotros, que durante la vida recibirÔ las acometidas de nuestro propio hombre viejo, del mundo y del demonio. Y eso en nuestro día a día, con nuestros intentos fallidos, aciertos, caídas y vuelta a levantarnos, para así perseverar acudiendo a la misericordia divina, «porque para Dios nada hay imposible». Tenemos su ayuda. Tenemos a María que nos acuna en este nacer para Dios, ella, que acunó en sus entrañas a Jesús, Palabra del Padre.

Y cada uno según su manera de ser, sus cualidades, circunstancias, y el sitio donde estÔ. Así, con el tiempo, muchos recibirÔn de nosotros el anuncio festivo de esa Palabra, viendo nuestras buenas obras. Y muchos, el primer evangelio que conocerÔn para contactar con Cristo y con Dios Padre, no serÔ el de ninguno de los cuatro evangelistas, sino el de nuestra propia vida, que les ayudarÔ a encauzarse hacia Dios.

Ā«Y la dejó el Ć”ngelĀ» (Dios no)… Tocaba vivir.