MiƩrcoles, Feria Mayor, 18-12-2019

31 Jul, 2025 | Sin categorĆ­a

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ā€œJosĆ©, su esposo, como era justo, no querĆ­a difamarlaā€

Evangelio segĆŗn S. Mateo 1, 18-24

La generación de Jesucristo fue de esta manera: MarĆ­a, su madre, estaba desposada con JosĆ© y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del EspĆ­ritu Santo. JosĆ©, su esposo, como era justo y no querĆ­a difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas habĆ­a tomado esta resolución, se le apareció en sueƱos un Ć”ngel del SeƱor que le dijo: Ā«JosĆ©, hijo de David, no temas acoger a MarĆ­a, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del EspĆ­ritu Santo. DarĆ” a luz un hijo y tĆŗ le pondrĆ”s por nombre JesĆŗs, porque Ć©l salvarĆ” a su pueblo de sus pecadosĀ». Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que habĆ­a dicho el SeƱor por medio del profeta: Ā«Mirad: la Virgen concebirĆ” y darĆ” a luz un hijo y le pondrĆ”n por nombre Enmanuel, que significa ā€œDios-con-nosotrosā€Ā». Cuando JosĆ© se despertó, hizo lo que le habĆ­a mandado el Ć”ngel del SeƱor y acogió a su mujer.

 

[divider link=»» target=Ā»_blankĀ» layout=Ā»2″ color=»»] Meditación sobre el Evangelio [/divider]

L a forma y circunstancias a través de las cuales Dios determinó que su Hijo viniera a la Tierra son, humanamente, extrañas: antes de vivir juntos, María queda embarazada. José sabe, nota su estado, y él no es el padre. ¿Qué decir a José? ¿Cómo explicarle? Ella, con una fe ciega en Dios que la lleva a una esperanza cierta, deja en Sus manos la situación con José; deja a Dios la iniciativa, y espera Sus soluciones. Es consciente de estar expuesta, según la ley, a muchos peligros, debido a que los desposorios ya se han celebrado. A él, que sabe que ella es excepcional, le choca ver su estado. Grandes tentaciones sufriría al respecto. Nada sabía del milagro del Espíritu Santo. EstÔ realmente confuso. No llega a comprender. Fue grande su lucha para tomar una decisión.

Pero era bueno. TenĆ­a un espĆ­ritu noble lleno de bondad, fe y obediencia a Dios, cosas todas que se observan en su modo de actuar en lo poco que aparece en el Evangelio. Aunque el derecho le amparaba para repudiarla, denunciar a MarĆ­a llevarĆ­a consigo que ella quedarĆ­a como culpable de un embarazo ilegĆ­timo, cuyo castigo podrĆ­a llegar al apedreamiento pĆŗblico. Por otra parte, repudiarla en secreto implicarĆ­a tener que dejarla (seguramente yĆ©ndose de Nazaret), quedando Ć©l como culpable de abandono, y dejando a ella el campo libre… Ā”Con gran dolor por perderla, por esta solución optó en su terrible lucha!

Soluciona con caridad, con amor. Y cuando alguien resuelve buscando el bien del otro por encima del propio, Dios no se hace esperar; se derrite al contemplar una persona asĆ­, una actuación asĆ­. Y le sale inmediatamente al encuentro por medio del Ć”ngel, usando una vĆ­a, la de los sueƱos, por la que se aprecia que JosĆ© tenĆ­a facilidad para conectar y entender. (Dios puede contactar con cada uno por caminos de oración o por otros inesperados. Nosotros, sin embargo, tenemos para contactar con Ć©l un camino seguro, el del amor al prójimo: ā€œOs voy a mostrar un camino mejor: si no tengo amor —al prójimo—, nada soyā€ —cf 1Cor 13—; amando al prójimo al que vemos, amamos a Dios, al que no vemos; ā€œDios es amor; quien ama —a su prójimo— conoce a Dios, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en Ć©lā€ —cf 1Jn 4—).

Ā”Y llegaron las soluciones; las soluciones de Dios! MarĆ­a se fio esperando en Ɖl, y vio cumplida su esperanza (ā€œNadie que ponga en Dios su confianza quedarĆ” jamĆ”s defraudadoā€ —Sal 22; Eclo 2—). El amor de Dios es tal que dista mucho de los amores y conceptos humanos; Ć©l va mucho mĆ”s allĆ” en el inmenso bien que les prepara a ambos y a toda la Humanidad. Precisa de la fe, de la confianza de la criatura en Ɖl. De esa fe que, como se fĆ­a, cree en Su bondad, se desentiende de sĆ­, confiado, y actĆŗa en la espera dando primacĆ­a al bien de los otros, por muy complicadas y extraƱas que sean las situaciones.

Actuando con una fe asĆ­ en el natural vivir, es como vamos dejando el lastre de nosotros mismos y nuestros apoyos terrenos, para acogernos y depender, exclusivamente, de AquĆ©l que mĆ”s nos ama, de quien viene a nosotros todo y sólo bienes. Dios, mediante la fe, nos estira y agranda el corazón para llenarlo del mucho amor que darnos quiere. Preciosa, pues, Su respuesta a la fe-esperanza de Ella, en la que se ve involucrado JosĆ©, que se entrega incondicionalmente y da su ā€œsĆ­ā€ a los planes divinos. Ā”Salieron victoriosas la fe, la esperanza y el amor! Ā”Dios es asĆ­, y asĆ­ actĆŗa! Es para imaginar la gran alegrĆ­a de ambos cuando JosĆ© contase a MarĆ­a lo sucedido y ella su parte a Ć©l. Celebraron las ceremonias nupciales, y JosĆ© quedó, a la vista de todos, como padre de JesĆŗs.

Contemplando a MarĆ­a, contemplando a JosĆ©, aprecia uno que la solución de los problemas que nos llegan en la vida no estarĆ­a tanto en desear que no los haya cuanto en abordar los que van viniendo como ellos lo hacĆ­an. Contemplando a MarĆ­a, a JosĆ©, y a Dios actuando, se pone de manifiesto que Ɖl merece siempre nuestra total confianza, se pongan los acontecimientos como se pongan. En la medida que nuestra respuesta se adapte a la de ellos, en esa misma medida notaremos, a Su tiempo, Su preciosa y eficaz intervención. Ā”Su amor nunca falla!, pues Ć©se es su natural, su ser eterno.

Ɖl lo hace todo con y por amor, aunque no entendamos, aunque tarde acaso un poco y estemos a veces desconcertados; y obra con un amor supremo, de muchos grados, llevando a cada uno hacia su bien verdadero, que luego resultarĆ” ser el bien de muchos (Ā«El SeƱor es mi pastor, nada me falta; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas; aunque camine por oscuras caƱadas, nada temo, porque tĆŗ vas conmigo…Ā» —Sal 23—). Lo hizo con MarĆ­a. Lo hizo con JosĆ©. Lo hizo con JesĆŗs, su Hijo hecho hombre… Ā”TambiĆ©n lo harĆ” con nosotros (ā€œDios con nosotrosā€)! Para Ć©l no pasamos desapercibidos. Le importamos muchĆ­simo. Nos ama inmensa e intensamente… Ā”Cómo no, si es nuestro Padre! (Ā«De vosotros, hasta los cabellos de la cabeza tenĆ©is contadosĀ» —Mt 10,30—).

ā€œTodo esto sucedió para que se cumpliese lo que habĆ­a dicho el SeƱor por medio del profetaā€ā€¦ Dios va acompaƱando al hombre, y le anima a seguir por medio de incursiones profĆ©ticas que realiza a travĆ©s de seres por Ć©l escogidos que hacen patente que no abandona a su Pueblo, sino que lo va conduciendo misteriosamente hacia hechos que sucederĆ”n a Su tiempo y que, una vez sucedidos, se descubrirĆ”n estar ya anunciados. Son matices del amor divino; matices que forman parte del juego de la fe para que el hombre, como niƱo, entre en ella y se deje conducir por la mano de Aquel que todo lo hace bien, haciendo crecer desde nosotros, con pedagogĆ­a paterna, nuestra dependencia absoluta de Ɖl… (ā€œDe los que son como niƱos es el reino de los cielosā€¦ā€ —Mt 19,14—).

Y le pusieron por nombre JesĆŗs, que significa ā€œSalvadorā€, ā€œYahvĆ© salvaā€ (ā€œSalvarĆ” a su pueblo de los pecadosā€). Dios da al nombre suma importancia y trascendencia, pues va significada en Ć©l la misión o cualidad principal que asocia a la persona que lo lleva (De ahĆ­ que a AbrĆ”n pasó Dios a llamarlo AbrahĆ”n, ā€œpadre de muchedumbre de pueblosā€; y JesĆŗs, a Simón, hijo de Juan, lo llamó Cefas, ā€œRocaā€, ā€œPiedraā€ —Pedro— sobre la que construirĆ” su Iglesia…). Dios salva a su pueblo; a todo aquel que se acoja a Ć©l viviendo el Evangelio, la Buena Noticia de la salvación: amor a los hombres como hermanos y esperanza filial en Ć©l, Padre comĆŗn. Ambas cosas son floración de la autĆ©ntica fe.