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31 Jul, 2025 | Sin categorĆ­a

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«Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundoĀ»

Evangelio segĆŗn S. Juan 1, 29-34

Al dĆ­a siguiente, al ver Juan a JesĆŗs que venĆ­a hacia Ć©l, exclamó: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: ā€œTras de mĆ­ viene un hombre que estĆ” por delante de mĆ­, porque existĆ­a antes que yoā€. Yo no lo conocĆ­a; pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a IsraelĀ». Y Juan dio testimonio diciendo: ā€He contemplado al EspĆ­ritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre Ć©l. Yo no lo conocĆ­a, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ā€œAquel sobre quien veas bajar el EspĆ­ritu y posarse sobre Ć©l, Ć©se es el que bautiza con EspĆ­ritu Santoā€. Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que Ć©ste es el Hijo de DiosĀ».

[divider link=»» target=Ā»_blankĀ» layout=Ā»2″ color=»»] Meditación sobre el Evangelio [/divider]

Jesús pasaba solo, como paseando en la tarde. Le retenía el Espíritu en aquellos contornos; aguardaba Jesús. Le vio Juan y exclamó: Es el cordero de Dios. Con la sangre del cordero se libró a Israel de la muerte y del cautiverio; a Jesús prefiguraba, con cuya sangre la humanidad se libera del demonio, que es muerte y cautiverio, y surge un Israel, un pueblo de Dios.

Con su enseñanza, con su incorporación, con el ruego de su oración y de su sangre, con ser comido, se transfunde a los hombres su vida que quita la muerte, su caridad que aniquila el egoísmo, su filiación que destruye la enemistad: «quita el pecado del mundo».

Es el cordero con el que se celebra la Pascua, la gran fiesta de los hijos y el hermano mayor festejando al Padre, recordando de continuo la magna liberación del barro y del pecado para ser promovidos a hijos de Dios. Es el cordero, nuestra Pascua, nuestra Misa, nuestra unión al Padre.

«Existía antes que yo». Lo señala como Hijo de Dios eterno. ”Grande luz la del Bautista! Primero no lo conocía; instruido, sin embargo, por el Espíritu, anunciaba que llegaba. Le previno Dios: Lo conocerÔs en que mi Espíritu se posarÔ sobre él. Bajó sensiblemente como una paloma; desde entonces lo conoció; era el que lavaría con tanto Espíritu, que el bautismo de Juan, a pesar de intervenir también Espíritu, parecería en su comparación de sola agua.