Ana Salas Lozano se considera afortunada de haber sido educada y haber crecido en la fe. A los 15 años tuvo claro que quería ser tenista profesional. Aunque sabía que empezaba tarde, era su sueño y no quiso renunciar a él. Para no disgustar mucho en casa por dejar los estudios, hizo una promesa. «Mi padre me dijo ‘hija, confío en ti’, y esas palabras me han acompañado toda la vida», recuerda Ana.
Su padre fue su entrenador. Como no disponían de muchos recursos, tenían que viajar en una furgoneta y alojarse en campings para asistir a los torneos del circuito profesional por toda Europa. «Rezábamos y en esos largos trayectos empecé a leer la Biblia. La leía en voz alta mientras mi padre conducía. Mis compañeras de circuito sentían algo de lástima por verme en esa precariedad. Pero para mi fue la etapa más bonita de mi vida», dice Ana. Con trabajo duro, esfuerzo, responsabilidad, humildad y fe se fue abriendo paso en las pistas. Ana ganó cuatro títulos en los circuitos de la ITF (International Tennis Federation).
«Detrás de las medallas y trofeos hay mucho esfuerzo y dolor»
Tras cerrar esa etapa de su carrera deportiva, Ana comienza su andadura profesional en la Federación de Tenis de Madrid. En ese momento de su vida hace un parón y durante un Camino a Santiago surge la llamada de poner en marcha Fundación BEPRO, una organización sin ánimo de lucro con la que consigue la plena conciliación entre profesión y fe. En su opinión, existe una fórmula sencilla: «el trabajo duro se ofrece a Dios y la fe guía las decisiones».
La Fundación BEPRO trabaja para que jóvenes sin muchos recursos y de cualquier disciplina deportiva, incluyendo deporte adaptado, puedan entrenar y al mismo tiempo formarse en todos los ámbitos: deportivo, académico y personal. «Queremos darles oportunidades y que no tengan que irse fuera de España para cumplir sus sueños», explica Ana Salas.
Considera que «en todos los trabajos puedes vivir la fe y estar cerca de Dios. Somos más felices cerca de Dios. Si nos alejamos, nos vamos a la oscuridad», afirma.
Oración para ganar el set de cada día
Además de su forma física y su técnica, esta luchadora, deportista y emprendedora entrena también su oración. Sus principales apoyos son sencillos. «Cuando no hago mi ratito de oración por la mañana, el día se me desbarata un poco», confiesa. El otro ejercicio clave para ella es acompañarse de los mejores referentes para estar cerca de Jesús, algunos de los que están en la élite, como Santa Teresa de Ávila -con quien guarda un vínculo especial-, o San Agustín», porque «mi objetivo es subir en el ranking de seguir a Dios. Ahí quiero llegar a ser la número uno», nos dice Ana Salas.
En el ámbito deportivo, como en otros muchos de nuestra sociedad, hay muchos prejuicios cuando no un frontal rechazo a los católicos, como poco «eres un bicho raro». No es fácil hablar de Jesús o de fe, admite Ana. Hay que aprovechar el momento oportuno y la persona dispuesta para soltar un dropshot de vez en cuando. Así, por ejemplo, sorprendía con alguna frase magistral al que durante 5 años fue su pupilo Dani Caverzaschi, un figura del tenis adaptado a quien llaman el Rafa Nadal en silla de ruedas. «Él era muy de frases -dice Ana- y yo lo aprovechaba. No recuerda el contexto pero un día le dijo eso de ‘sed sencillos como palomas pero prudentes como serpientes’. «¡Hala qué súper frase! ¡me encanta! ¿de quién es?», preguntaba Dani curioso. «De Jesucristo», le desvelaba Ana. «¿No me digas?»…
Aunque Fundación BEPRO ocupa casi todo su tiempo, Ana Salas Lozano se prepara para volver al circuito de tenis profesional en categoría Senior. Y es que ya se sabe: ‘mens sana in corpore sano’.
No te pierdas esta entrevista y descubre a una mujer luchadora, comprometida y muy, muy capaz de conciliar Profesión y Fe en el siglo XXI.
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