āLos pobres aguardan de nosotros una ayuda eficaz que los saque de su postración, no meros propósitos, o convenios que, tras estudiar detalladamente las raĆces de su miseria, den como fruto Ćŗnicamente solemnes eventos, compromisos que nunca llegan a materializarse o vistosas publicaciones destinadas solo a engrosar catĆ”logos de bibliotecasā.
A continuación, el texto completo del mensaje del Papa Francisco:
Al muy ilustre SeƱor Profesor JosƩ Graziano da Silva Director General de la FAO
1. La celebración anual de la Jornada Mundial de la Alimentación pone en primera lĆnea de la actualidad internacional las necesidades, ansias y esperanzas de millones de personas que carecen del pan cotidiano. Cada vez son mĆ”s quienes, por desgracia, forman parte de ese nĆŗmero ingente de seres humanos que no tienen nada, o casi nada, que llevarse a la boca.
DeberĆa ser al contrario y, sin embargo, las recientes estadĆsticas son una lacerante evidencia que muestra cómo la solidaridad internacional parece enfriarse. Y, cuando escasea la solidaridad, hoy todos somos conscientes de que las soluciones tĆ©cnicas y los proyectos, incluso los mĆ”s elaborados, no son capaces de afrontar la tristeza y amargura de cuantos sufren al no poder alimentarse suficiente y sanamente.
El tema que nos ocupa este año, «Nuestras acciones son nuestro futuro. Un mundo Hambre Cero para el 2030 es posible», viene a ser una acuciante llamada a la responsabilidad de todos los actores que estÔn de acuerdo con los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, un rugido para sacarnos del sopor que a menudo nos paraliza e inhibe.
Esta no puede ser una Jornada mĆ”s, contentĆ”ndonos con recoger información o saciar nuestra curiosidad. Hemos de Ā«tomar dolorosa conciencia, atrevernos a convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo, y asĆ reconocer cuĆ”l es la contribución que cada uno puede aportarĀ» (Enc. Laudato Siā, 19).
Por consiguiente, todos estamos invitados, pero en especial la FAO, sus Estados miembros, los organismos e instituciones nacionales e internacionales, la sociedad civil y cuantas personas haya de buena voluntad, a redoblar nuestro ardor para que a nadie falte el alimento necesario, ni en cantidad ni en calidad.
2. Los pobres aguardan de nosotros una ayuda eficaz que los saque de su postración, no meros propósitos, o convenios que, tras estudiar detalladamente las raĆces de su miseria, den como fruto Ćŗnicamente solemnes eventos, compromisos que nunca llegan a materializarse o vistosas publicaciones destinadas solo a engrosar catĆ”logos de bibliotecas.
En este siglo XXI, que ha visto considerables adelantos en el campo de la tĆ©cnica, la ciencia, las comunicaciones y las infraestructuras, tendrĆamos que sonrojarnos por no haber conseguido los mismos avances en humanidad y solidaridad, y asĆ satisfacer las necesidades primarias de los mĆ”s desfavorecidos. Tampoco nos podemos quedar tranquilos por haber hecho frente a las emergencias y a las situaciones desesperadas de los menesterosos.
Todos estamos llamados a ir mĆ”s allĆ”. Podemos y debemos hacerlo mejor con los desvalidos. Y para ello hay que pasar a la acción, de modo que desaparezca totalmente el flagelo del hambre. Y esto requiere polĆticas de cooperación al desarrollo que, como indica la Agenda 2030, estĆ©n orientadas hacia las necesidades concretas de los indigentes.
Es preciso tambiĆ©n una particular atención a los niveles de producción agrĆcola, el acceso al mercado de alimentos, la participación en las iniciativas y acciones y, sobre todo, el reconocimiento de que, a la hora de tomar decisiones, los paĆses son iguales en dignidad. Es imprescindible asimismo comprender que, cuando se trata de afrontar eficazmente las causas del hambre, no serĆ”n las pomposas declaraciones las que extirpen definitivamente esta lacra.
La lucha contra el hambre reclama imperiosamente una generosa financiación, la abolición de las barreras comerciales y, sobre todo, el incremento de la resiliencia frente al cambio climÔtico, las crisis económicas y los conflictos bélicos.
3. Uno de los principios que debe guiar nuestra vida y nuestro compromiso es la convicción de que «el tiempo es superior al espacio» (Exhort. ap. Evangelii Gaudium, 222), lo cual significa que hemos de impulsar, con claridad, convicción y tenacidad, procesos sostenidos en el tiempo. El futuro no habita en las nubes, sino que se construye al suscitar y acompañar procesos de mayor humanización.
Podemos soƱar un futuro sin hambre, pero eso solo es legĆtimo si nos empeƱamos en procesos tangibles, relaciones vitales, planes operativos y compromisos reales. La iniciativa Hambre Cero 2030 ofrece un marco propicio para ello y, sin duda, servirĆ” para cumplir el segundo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, que busca Ā«erradicar el hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenibleĀ».
Alguno puede decir que aĆŗn tenemos doce aƱos por delante para llevarlo a cabo. Y, sin embargo, los pobres no pueden esperar. Su calamitosa situación no lo permite. Por ello debemos actuar de manera urgente, coordinada y sistemĆ”tica. Una ventaja de estas propuestas es que han sido capaces de plantear metas especĆficas, objetivos cuantificables e indicadores precisos.
Sabemos que hemos de combinar armónicamente una doble vĆa de atención, con acciones a largo y a corto plazo para hacer frente a las realidades concretas de quienes, a dĆa de hoy, sufren los desgarradores y punzantes zarpazos del hambre y la malnutrición.
4. Si en aƱos pasados las actividades de la FAO y de otras instituciones internacionales han estado caracterizadas por la tensión entre el corto y el largo plazo, por lo que en una misma Ć”rea podĆan converger diversos programas e intervenciones, hoy sabemos bien que es igualmente esencial articular los niveles global y local en la respuesta al reto del hambre.
En este sentido, la Agenda 2030, con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y la iniciativa Hambre Cero exigen a las entidades internacionales, como la FAO, implicar responsablemente a los Estados miembros para que emprendan y lleven a cabo acciones a nivel local. De nada sirven los indicadores globales si la realidad a pie de calle estĆ” lejos de ese compromiso.
Por este motivo es fundamental que las prioridades y medidas contenidas en los grandes programas calen hondo y se difundan por doquier, para que no haya disociaciones y todos asumamos el reto de combatir el hambre y la miseria de una forma seria y compartida, con una adecuada arquitectura institucional, social y económica que lleve a buen término iniciativas que ofrezcan soluciones viables para que los pobres no sigan sintiéndose preteridos.
5. Tenemos, pues, los instrumentos adecuados y un marco para que las bellas palabras y los buenos deseos se conviertan en un verdadero programa de acción que culmine, efectivamente, con la erradicación del hambre en nuestro mundo.
Hacerlo realidad demanda conjunción de esfuerzos, nobleza de corazón y una constante preocupación para hacer propio, con firmeza y resolución, el problema ajeno. Y, sin embargo, como en otras grandes cuestiones que afectan a la humanidad, a menudo nos encontramos con enormes obstĆ”culos en la solución de los problemas, con barreras insoslayables fruto de indecisiones o dilaciones, con la ausencia de vigor de los responsables polĆticos, muchas veces sumergidos Ćŗnicamente en intereses electorales o atenazados por miradas sesgadas, perentorias o reducidas.
Falta realmente voluntad polĆtica. Es preciso querer acabar de verdad con el hambre, lo cual, en definitiva y ante todo, no se realizarĆ” sin la convicción Ć©tica, comĆŗn a todos los pueblos y a las diferentes visiones religiosas, que coloca en el centro de cualquier iniciativa el bien integral de la persona, y que consiste en Ā«hacer al otro aquello que quisiĆ©ramos para nosotros mismosĀ». Se trata de una acción fundada en la solidaridad entre todas las naciones y de medidas que sean la expresión del sentir de la población.
6. Pasar de las palabras a la acción en la erradicación del hambre no solo requiere decisión polĆtica y planes operativos. Es necesario asimismo superar un enfoque reactivo, dando paso a una visión mĆ”s proactiva. Una mirada superficial y pasajera, en el mejor de los casos, puede suscitar reacciones puntuales.
Olvidamos de este modo la dimensión estructural que esconde el drama del hambre: la extrema desigualdad, la mala distribución de los recursos del planeta, las consecuencias del cambio climÔtico o los interminables y sangrientos conflictos que asolan muchas regiones, por mencionar solo algunas de sus principales motivaciones. Necesitamos desarrollar un enfoque mÔs proactivo y mÔs sostenido en el tiempo, necesitamos el aumento de los fondos destinados al fomento de la paz y el desarrollo de los pueblos.
Necesitamos acallar las armas y su pernicioso comercio para escuchar la voz de los que lloran desesperados al sentirse abandonados en las orillas de la vida y el progreso. Si de verdad queremos que la población mundial adopte esta perspectiva, resulta imprescindible que la sociedad civil organizada, los medios de comunicación y las instituciones educativas unan sus fuerzas en la dirección correcta.
De aquà al 2030 tenemos una docena de años para desplegar una acción vigorosa y consistente; no para dejarnos llevar, a borbotones, por los titulares intermitentes y pasajeros, sino para plantarle cara sin tregua, de la mano de la solidaridad, la justicia y la coherencia, al hambre y las causas que la provocan.
7. Estas son, seƱor Director General, algunas reflexiones que deseo compartir con cuantos no se dejan vencer por la indiferencia y escuchan el grito de los que no disponen de lo mĆnimo para llevar una existencia digna.
Por su parte, la Iglesia católica, en el ejercicio de la misión que su divino Fundador le ha encomendado, batalla cotidianamente en el orbe entero contra el hambre y la malnutrición, de múltiples formas y a través de sus variadas estructuras y asociaciones, recordando que quienes padecen la miseria no son distintos a nosotros.
Tienen nuestra misma carne y sangre. Merecen, pues, que una mano amiga los socorra y favorezca, de manera que nadie quede rezagado y en nuestro mundo la fraternidad tome carta de ciudadanĆa y sea algo mĆ”s que un eslogan llamativo y sin consistencia real.
Pido al Todopoderoso que esta senda de abrir caminos a acciones concretas y eficaces en aras de un futuro de convivencia serena y constructiva se vea colmada de sus bendiciones, para beneficio nuestro y de las generaciones que nos siguen.

