Por amor a la Palabra y por agradecimiento a ese don de Dios que es la misma Palabra, el lector litĆŗrgico tiene que hacer un esfuerzo de fe, diligencia y entrega ante cada lectura. Si su voz no resuena, no resonarĆ” la Palabra de Cristo.
Sólo la manera de leer y de estar los lectores en cada celebración puede afectar al entendimiento de la Palabra. Si no se oye bien, si no se lee bien, si no se transmite bien el mensaje, si no se narra bien…, se estĆ” afectando la transmisión de la fe.
Que en cada celebración sea proclamada la Palabra para que llegue a los cerebros, a los oĆdos y a los corazones de cada miembro de la asamblea.


