Las dos actitudes de Dios hacia su pueblo, segĂșn el Papa Francisco

31 Jul, 2025 | Sin categorĂ­a

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(ACI) En su comentario previo al rezo del Ángelus, el Papa reflexionĂł sobre dos actitudes de Dios: la llamada y la recompensa. Estas dos actitudes las explica JesĂșs en el Evangelio en la parĂĄbola de los trabajadores llamados a trabajar por el dueño de la viña.

Sobre la llamada, el PontĂ­fice explicĂł que en la parĂĄbola evangĂ©lica se narra cĂłmo “el dueño de la viña sale en cinco ocasiones a la plaza y llama a trabajar para Ă©l: a las seis, a las nueve, a las doce, a las tres y a las cinco de la tarde. Es conmovedora la imagen de este dueño que sale varias veces a la plaza a buscar trabajadores para su viña”.

SegĂșn el Santo Padre, “ese dueño representa a Dios, que llama a todos y llama siempre. A cualquier hora. Dios actĂșa asĂ­ tambiĂ©n hoy: nos sigue llamando a cada uno, a cualquier hora, para invitarnos a trabajar en su Reino. Este es el estilo de Dios, que hemos de aceptar e imitar. Él no estĂĄ encerrado en su mundo, sino que ‘sale’ continuamente a la bĂșsqueda de las personas, porque quiere que nadie quede excluido de su plan de amor”. “Dios siempre estĂĄ en salida, buscĂĄndonos”.

“La Iglesia debe ser como Dios: siempre en salida. Y cuando la Iglesia no estĂĄ en salida, se enferma de las muchas enfermedades que tenemos en la Iglesia. ‘¿Y por quĂ© estas enfermedades en la Iglesia?’. ‘Porque no estĂĄ en salida’. Es cierto que cuando uno sale estĂĄ el peligro de un accidente. Pero es mejor una Iglesia accidentada por salir a anunciar el Evangelio que una Iglesia enferma de cerrazĂłn. Dios sale siempre, porque es Padre, porque ama. La Iglesia debe hacer lo mismo, siempre en salida”.

La segunda actitud del dueño de la viña en la parĂĄbola evangĂ©lica, que representa a Dios, es “su modo de recompensar a los trabajadores. Se pone de acuerdo con los primeros obreros, contratados por la mañana, para pagarles ‘un denario’. En cambio, a los que llegan a continuaciĂłn les dice: ‘Os darĂ© lo que sea justo’. Al final de la jornada, el dueño de la viña ordena que a todos les sea dada la misma paga, es decir, un denario”.

De hecho, subrayó el Pontífice, “Dios se comporta así: no mira el tiempo y los resultados, sino la disponibilidad y la generosidad con la que nos ponemos a su servicio. Su actuar es más que justo, en el sentido de que va más allá de la justicia y se manifiesta en la Gracia. Donándonos la Gracia, Él nos da más de lo que merecemos”.

“Y entonces, quien razona con la lĂłgica humana, la de los mĂ©ritos adquiridos con la propia habilidad, pasa de ser el primero a ser el Ășltimo. En cambio, quien se confĂ­a con humildad a la misericordia del Padre, pasa de Ășltimo a primero”, concluyĂł el Papa Francisco.