Las 5 crisis del mundo de hoy causadas por la pandemia de COVID 19 segĂșn el Papa

31 Jul, 2025 | Sin categorĂ­a

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(ACI) La pandemia de coronavirus que afecta al mundo desde hace mås de un año estå agudizando otras crisis previas.

En concreto, segĂșn explicĂł el Papa Francisco este lunes 8 de febrero en su discurso ante los miembros del Cuerpo DiplomĂĄtico acreditado ante la Santa Sede, son cinco las crisis agravadas por la pandemia: la crisis sanitaria, la crisis ambiental, la crisis econĂłmica, la crisis polĂ­tica y la crisis de las relaciones humanas.

El Santo Padre presidiĂł este encuentro, que deberĂ­a haberse celebrado el pasado 25 de enero pero que debiĂł aplazarse debido al empeoramiento de la pandemia, en el Aula de las Bendiciones del Palacio ApostĂłlico del Vaticano, un salĂłn lo suficientemente amplio como para poder acoger a todos los diplomĂĄticos manteniendo la distancia de seguridad para evitar contagios.

El PontĂ­fice señalĂł que la pandemia deja “tras de sĂ­ una carga de miedo, desĂĄnimo y desesperaciĂłn, junto con muchos lutos. Esto ha puesto a las personas en una espiral de desapego y sospecha mutua, e impulsado a los Estados a construir barreras”.

Como consecuencia, “el mundo interconectado al que estábamos acostumbrados ha dado paso a un mundo que una vez más está fragmentado y dividido”.

Crisis sanitaria

El Papa explicó que “la pandemia nos ha puesto con gran fuerza frente a dos dimensiones ineludibles de la existencia humana: la enfermedad y la muerte”.

Precisamente por esta razón, “nos recuerda el valor de la vida, de cada vida humana y de su dignidad, en todo momento de su itinerario terrenal, desde la concepción en el seno materno hasta su conclusión natural”.

Desafortunadamente, “duele constatar que, con el pretexto de garantizar supuestos derechos subjetivos, un nĂșmero cada vez mayor de legislaciones de todo el mundo parecen distanciarse del deber esencial de proteger la vida humana en todas sus etapas”, lamentĂł el Santo Padre.

Asimismo, “la pandemia nos recuerda tambiĂ©n el derecho al cuidado, que es prerrogativa de todo ser humano”.

Por ello, “si se suprime el derecho a la vida de los mĂĄs dĂ©biles, ÂżcĂłmo se podrĂĄn garantizar efectivamente todos los demĂĄs derechos?”, planteĂł el Papa. Desde esta perspectiva, “renuevo mi llamado para que se le ofrezca a cada persona humana el cuidado y la asistencia que necesita”.

En ese contexto, el Papa repitió su llamado a que las “vacunas que se perfilan eficaces contra el coronavirus, beneficien a toda la humanidad”.

En cualquier caso, añadiĂł, “ante un enemigo tan insidioso e imprevisible como el COVID-19, la accesibilidad de las vacunas debe ir siempre acompañada de comportamientos personales responsables destinados a evitar la propagaciĂłn de la enfermedad, mediante las medidas preventivas necesarias a las que nos hemos acostumbrado en estos meses”.

“Sería fatal depositar nuestra confianza sólo en la vacuna, como si fuera una panacea que nos eximiera del constante compromiso personal por la propia salud y la de los demás”, aseguró.

Crisis ambiental

El Papa Francisco subrayĂł que “hay profundas diferencias entre la crisis sanitaria provocada por la pandemia y la crisis ecolĂłgica causada por la explotaciĂłn indiscriminada de los recursos naturales. Esta Ășltima tiene una dimensiĂłn mucho mĂĄs compleja y permanente, y requiere soluciones compartidas a largo plazo”.

Crisis econĂłmica y social

El PontĂ­fice llamĂł la atenciĂłn sobre las “graves repercusiones en el desempleo para las empresas, especialmente las pequeñas y medianas, y como consecuencia en la vida de las familias y de sectores enteros de la sociedad, en modo particular los mĂĄs dĂ©biles”.

“La crisis económica que siguió ha puesto de relieve otra enfermedad que nos afecta actualmente: la de una economía basada en la explotación y el descarte tanto de las personas como de los recursos naturales”, advirtió.

La crisis actual es, por tanto, “una ocasiĂłn propicia para replantear la relaciĂłn entre la persona y la economĂ­a. Lo que se necesita es una especie de “nueva revoluciĂłn copernicana” que ponga la economĂ­a al servicio del hombre y no al revĂ©s”.

Sobre la lacra de la explotaciĂłn, señalĂł que la crisis “ha afectado particularmente a quienes trabajan en los sectores informales, que fueron los primeros en ver desaparecer sus medios de subsistencia”.

“Al vivir fuera de los mĂĄrgenes de la economĂ­a formal, ni siquiera tienen acceso a los amortiguadores sociales, incluidos el seguro de desempleo y la asistencia sanitaria. AsĂ­ pues, empujados por la desesperaciĂłn, muchos han buscado otras formas de ingresos, exponiĂ©ndose a la explotaciĂłn mediante el trabajo ilegal o forzado, la prostituciĂłn y diversas actividades delictivas, incluida la trata de personas”, lamentĂł.

Por ello, “es necesario que se asegure a todos la estabilidad económica para evitar la lacra de la explotación”.

Se refirió también al problema de los delitos cibernéticos, que han aumentado durante los períodos de confinamiento decretados para contener el virus.

“El hecho de haber pasado mĂĄs tiempo en casa tambiĂ©n ha dado lugar a perĂ­odos mĂĄs largos de alienaciĂłn frente a las computadoras y otros medios de comunicaciĂłn, con graves consecuencias para los mĂĄs vulnerables, especialmente los pobres y los desempleados. Son presa mĂĄs fĂĄcil del delito cibernĂ©tico en sus aspectos mĂĄs deshumanizantes, desde el fraude hasta la trata de personas, la explotaciĂłn de la prostituciĂłn, incluida la de menores, y la pornografĂ­a infantil”.

Asimismo, el Papa se refiriĂł tambiĂ©n cĂłmo la pandemia ha afectado a los derechos de los migrantes. “El cierre de las fronteras a causa de la pandemia, junto con la crisis econĂłmica, tambiĂ©n ha acentuado diversas emergencias humanitarias, tanto en las zonas de conflicto como en las regiones afectadas por el cambio climĂĄtico y la sequĂ­a, al igual que en los campos para refugiados y migrantes”.

Explicó que en 2020 se registró un “aumento de los migrantes que, a causa del cierre de fronteras, tuvieron que acudir a itinerarios cada vez más peligrosos”.

Asimismo, “el flujo masivo encontrĂł un incremento del nĂșmero de las expulsiones ilegales, a menudo llevadas a cabo para impedir que los migrantes pidan asilo, violando el principio de no expulsiĂłn. Muchos son interceptados y repatriados en campos de acogida y de detenciĂłn, donde sufren torturas y violaciones de los derechos humanos, cuando no encuentran la muerte atravesando mares y otras fronteras naturales”.

Frente a este drama, “los corredores humanitarios, implementados en el curso de los Ășltimos años, contribuyen ciertamente a afrontar algunas de las problemĂĄticas mencionadas, salvando numerosas vidas. Sin embargo, la magnitud de la crisis hace cada vez mĂĄs urgente erradicar las causas que obligan a emigrar, como tambiĂ©n exige un esfuerzo comĂșn para apoyar a los paĂ­ses de primera acogida, que se hacen cargo de la obligaciĂłn moral de salvar vidas humanas”.

Finalmente, sobre la crisis econĂłmica el Papa se mostrĂł crĂ­tico con las sanciones econĂłmicas impuestas a algunos paĂ­ses, ya que han agravado las crisis humanitarias.

Las sanciones, asegurĂł, “terminan en su mayor parte por repercutir principalmente en los sectores mĂĄs dĂ©biles de la poblaciĂłn, mĂĄs que en los responsables polĂ­ticos. Por lo tanto, aun comprendiendo la lĂłgica de las sanciones, la Santa Sede no ve su eficacia y espera su relajaciĂłn, tambiĂ©n para favorecer el flujo de ayudas humanitarias, sobre todo de medicamentos e instrumentos sanitarios, sumamente necesarios en este tiempo de pandemia”.

Crisis polĂ­tica

La crisis política, afirmó el Santo Padre, se caracteriza por “el crecimiento de las contraposiciones políticas y la dificultad, por no decir la incapacidad, de encontrar soluciones comunes y compartidas a los problemas que aquejan a nuestro planeta”.

En medio de esta crisis, el principal reto en este momento histórico es “mantener vivas las realidades democráticas”.

Destacó que “el desarrollo de una conciencia democrática exige que se superen los personalismos y prevalezca el respeto del estado de derecho”.

A raĂ­z de esa idea, el Papa se refiriĂł a la situaciĂłn en Birmania (Myanmar), donde en los Ășltimos dĂ­as se ha producido un golpe de estado militar.

“El camino hacia la democracia emprendido en los Ășltimos años se vio bruscamente interrumpido por el golpe de estado de la semana pasada. Esto ha provocado el encarcelamiento de varios dirigentes polĂ­ticos, que espero sean liberados rĂĄpidamente, como estĂ­mulo al diĂĄlogo sincero por el bien del paĂ­s”, fue el llamado del Papa.

Argumentó que “uno de los signos de la crisis de la política es justamente la reticencia que a menudo se verifica para iniciar procesos de reforma”.

InsistiĂł en que “no hay que tener miedo a las reformas, incluso si exigen sacrificios y no pocas veces un cambio de mentalidad. Todo cuerpo vivo necesita reformarse continuamente y en esta perspectiva se encuentran tambiĂ©n las reformas que implican a la Santa Sede y la Curia Romana”.

De todos modos, “no faltan igualmente signos alentadores, como la entrada en vigor, hace algunos dĂ­as, del Tratado sobre la ProhibiciĂłn de Armas Nucleares, asĂ­ como la prĂłrroga por otros cinco años del Nuevo Tratado de ReducciĂłn de Armas EstratĂ©gicas (el llamado Nuevo START) entre la FederaciĂłn Rusa y los Estados Unidos de AmĂ©rica”.

Luego, se refirió también al caso del conflicto sirio y expresó su deseo de que 2021 sea el año en que finalice dicha guerra.

“Para que eso suceda, se necesita un renovado interĂ©s tambiĂ©n de parte de la Comunidad internacional para afrontar con sinceridad y valentĂ­a las causas del conflicto y buscar soluciones por medio de las cuales todos, independientemente de la pertenencia Ă©tnica y religiosa, puedan contribuir como ciudadanos al futuro del paĂ­s”.

Además, hizo extensible ese deseo de paz a Tierra Santa: “La confianza recíproca entre israelíes y palestinos debe ser la base para un renovado y decisivo diálogo directo entre las partes que resuelva un conflicto que perdura desde hace demasiado tiempo”.

Del mismo modo, “espero un renovado compromiso polĂ­tico nacional e internacional para favorecer la estabilidad del LĂ­bano, que estĂĄ atravesado por una crisis interna y corre el riesgo de perder su identidad y de encontrarse aĂșn mĂĄs comprometido por las tensiones regionales”.

DestacĂł que “los cristianos constituyen el tejido conector histĂłrico y social del LĂ­bano y a ellos, a travĂ©s de las mĂșltiples obras educativas, sanitarias y caritativas, se les ha de asegurar la posibilidad de continuar trabajando por el bien del paĂ­s, del que han sido fundadores. Debilitar la comunidad cristiana puede destruir el equilibrio interno y la misma realidad libanesa”.

TambiĂ©n expresĂł su deseo de paz “para Libia, devastada desde hace mucho tiempo por un conflicto”.

El Papa tampoco quiso olvidar “otra grave plaga de nuestro tiempo: el terrorismo, que cada año se cobra numerosas vĂ­ctimas en todo el mundo entre la poblaciĂłn civil indefensa”.

“Mi pensamiento se dirige a todas las vĂ­ctimas y a sus familias, a quienes les fueron arrancadas personas queridas por una violencia ciega, motivada por distorsiones ideolĂłgicas de la religiĂłn. AdemĂĄs, los objetivos de tales ataques son con frecuencia los lugares de culto, donde se reĂșnen los fieles en oraciĂłn”.

A este respecto, “quisiera destacar que la protección de los lugares de culto es una consecuencia directa de la defensa de la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, y es un deber para las autoridades civiles, independientemente de la tendencia política o de la pertenencia religiosa”.

Crisis de las relaciones humanas

La Ășltima crisis a la que se refiriĂł el Papa es el de las relaciones humanas: “La pandemia, que nos ha obligado a largos meses de aislamiento y muchas veces de soledad, ha hecho emerger la necesidad de relaciones humanas que tiene cada persona. Pienso sobre todo en los estudiantes, que no han podido ir regularmente a la escuela o a la universidad”.

El Pontífice lamentó que “asistimos a una suerte de ‘catástrofe educativa’, ante la que no podemos permanecer inertes, por el bien de las generaciones futuras y de la sociedad en su conjunto”.

Se refirió también a los problemas de convivencia familiar producidos en algunos casos debido a los confinamientos.

“No todos han podido vivir con serenidad en la propia casa y algunas convivencias han degenerado en violencia domĂ©stica. Exhorto a todos, autoridades pĂșblicas y sociedad civil, a ofrecer ayuda a las vĂ­ctimas de la violencia en la familia. Sabemos que lamentablemente son las mujeres, a menudo junto con sus hijos, quienes pagan el precio mĂĄs alto”.

Por otro lado, “las exigencias para contener la difusiĂłn del virus tambiĂ©n se ramificaron sobre diversas libertades fundamentales, incluida la libertad de religiĂłn, limitando el culto y las actividades educativas y caritativas de las comunidades de fe”.

Sin embargo, “no debemos pasar por alto que la dimensión religiosa constituye un aspecto fundamental de la personalidad humana y de la sociedad, que no puede ser cancelado; y que, aun cuando se está buscando proteger vidas humanas de la difusión del virus, la dimensión espiritual y moral de la persona no se puede considerar como secundaria respecto a la salud física”.

“La libertad de culto no constituye un corolario de la libertad de reunión”, explicó el Papa, “sino que deriva esencialmente del derecho a la libertad religiosa, que es el primer y fundamental derecho humano”.

“Por eso”, concluyó el Pontífice, “es necesario que sea respetada, protegida y defendida por las autoridades civiles, como la salud y la integridad física. Además, un buen cuidado del cuerpo nunca puede prescindir del cuidado del alma”.