DĆA 6 | NUEVO PENTECOSTĆS SACERDOTAL | āLA POSIBLE CONDENACIĆN DE UN SACERDOTE’
«Dios quiere que todos se salven, pero uno se puede autoexcluir, terrible decisión».
El SeƱor en el Evangelio habla de tres tipos de pastor: El buen pastor, el asalariado al que no le importan las ovejas, y el ladrón que hace estragos entre ellas. (…) Ā«a toda costa hemos de combatir para no ser ladrones y asesinos de almasĀ».
La beata Concepción Cabrera de Armida pregunta al SeƱor: ĀæY son muchos los sacerdotes que se condenan? Y el SeƱor responde el sufrimiento que esto le causa. ‘Ā”Lloro la condenación de tantas almas que me deben mĆ”s que la vida, porque en cada Misa les doy la vida y mi Vida; reproduzco en ellos la encarnación mĆstica, mi Pasión y mi Muerte! Y ¿éste es el pago que recibo?’.
‘Y tal es la inmensa ternura de mi Corazón que quisiera repetir mil Pasiones en su favor y que repito mil Calvarios en las Misas que quisieran tambiĆ©n fueran en su favor, pero que les sirven, a mi pesar, de mayor castigo, para mĆ”s reprobación, para mayor infierno’.
Considera si JesĆŗs te dice estas palabras: Ā«Sacerdote mĆo: Te hablo de lo que me ocurre, en la indiferencia de los mĆos, quiero acogerlos entre mis manos, pero avergonzados por sus pecados se ven cada vez mĆ”s alejados y se pierden. Si al menos tĆŗ, pastor enamorado, quisieras dejarme entrar en ellos siendo tu mi arado, con mis manos heridas y mi corazón llagado. Busco pastores desgastados y apasionados por sólo mi amor. Que encendidos en el fuego de mi pasión, quieran ser quemados y junto a mi Madre, ser la caricia de un mundo desesperanzado. Pastor mĆo, no temas acercarte y escucha un te quiero de este Corazón fielmente enamoradoĀ«.
Respóndele al SeƱor diciĆ©ndole: āSeƱor JesĆŗs, por tu misericordia, jamĆ”s permitas que me separe de ti. Si alguna vez lo hago, no permitas que caiga en el pecado contra el EspĆritu Santo, ni por presunción creyendo que no te necesito, ni por desesperación creyendo que no puedes redimirme de mi maldad. ConcĆ©deme acudir siempre a tu Misericordia y dejarme querer y perdonar siempre por ti que no has venido a salvar a los justos, sino a los pecadoresĀ».
Ā«Hagamos la meditación del infierno que san Ignacio aconseja en los ejercicios espirituales. Meditación que la Virgen MarĆa hizo hacer a los niƱos de FĆ”tima y meditación que convirtió a santa Teresa de Ćvila al ver su sitio en ese lugar de autoexclusión definitiva del amor de DiosĀ».
*Texto del libro ‘Nuevo PentecostĆ©s Sacerdotal. Cincuenta dĆas para renovar nuestro sacerdocioā (Santiago Arellano Librada). Se puede adquirirĀ en la web de laĀ editorial Cor Iesu,Ā Ā en librerĆas y plataformas comerciales.
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