Su voz ahora desprende dulzura y amor, perdón y agradecimiento. No siempre fue asÃ. En su impresionante testimonio, Reyes comparte con nosotros trazos del tortuoso camino recorrido hasta encontrar la paz y su identidad.
Nació la cuarta de cinco hermanos. Tiene algunos recuerdos oscuros de su infancia. Su hermana mayor falleció a los 15 años, un 7 de septiembre, el mismo dÃa del cumpleaños de Reyes GarcÃa Moro. La tristeza se instaló en su casa y no volverÃa a celebrar ningún año su aniversario hasta los 18. Un capÃtulo de abusos -también en aquella época- marcarÃa también su crecimiento y la llegada a la adolescencia.
Para ella estos hechos influyeron en su desarrollo como persona y en su identidad como mujer. «Sin mata no hay patata», dice Reyes apelando al refranero popular. Y desde bien joven sentÃa que le faltaban algunas raÃces importantes para construir una vida sólida como adulta. Sin consciencia apenas, empezó a vivir el conflicto de su tendencia hacia el mismo sexo, llegando incluso a confundir esa inclinación con el amor de Dios. La lucha con su identidad como mujer ha perseguido a Reyes durante largo tiempo.
Su perseverancia y el amor a Dios por encima de aquello que sentÃa, la llevó a superarlo y a conocer a una persona fundamental en su vida: Manuel.
Manuel no era creyente. Después de 4 años de noviazgo se convirtió en su esposo, y también en objeto de sus oraciones para que se convirtiera. Juntos tuvieron nueve hijos, dos de ellos ya descansan en el Señor.
La pérdida de uno de los pequeños al nacer causó a Reyes una grave depresión. En su lucha por salir adelante, empezó a buscar todo tipo de opciones para su «sanación». Esa fue la puerta de entrada a la Nueva Era y a las «terapias especiales» coordinadas por grupos LGTB. La confusión y el vacÃo se fueron agudizando, aún más, en todos los frentes de la vida de Reyes, especialmente como esposa y como mujer.
Hasta que una mano amiga, providencialmente, la llevó a un ‘Cachito de Cielo’. Con este nombre se conoce a una capilla de adoración perpetua (24/7) del SantÃsimo Sacramento ubicada en el barrio de Chueca, referente en Madrid (España) para el colectivo LGTBI. Después de pasar un tiempo en oración en ese rincón -custodiado por las Misioneras del SantÃsimo Sacramento y MarÃa Inmaculada, ideal para urgencias espirituales -, Reyes volvió a mirar a Dios con nuevos ojos, y se dejó abrazar de nuevo por Él.
Tomo la decisión de frenar en seco la casi inminente separación de su marido. Durante los años que siguieron juntos, Manuel acompañó amorosamente a su esposa, a pesar de sus dudas y conflictos. Manuel vivió su propia conversión durante ese difÃcil proceso de vida matrimonial y rezó intensamente por recuperar a su mujer. «Me quiso y pasó su propio calvario con todo el sufrimiento que le causé», dice Reyes.
Finalmente, ambos vivieron juntos su fe, en el matrimonio y en la paternidad, hasta la muerte de Manuel en 2020, justo el mismo dÃa y mes en el que uno de sus hijos cumplÃa 25 años. Reyes le aseguró que nunca dejarÃan de celebrar su cumpleaños y la entrada de su padre en el cielo. Asà no se repetirÃa la tristeza que ella vivió en su infancia.
Algún tiempo antes de caer súbitamente enfermo y fallecer, en apenas cuatro dÃas, Manuel habÃa confesado a Reyes su deseo de ser santo.Â
Escucha completo su testimonio y descubre cómo esta increÃble mujer vive hoy la fe; con la total certeza de que su esposo la guÃa, y cuida de ella y su numerosa familia desde el cielo.
Apenas dos meses antes de esta grabación, Reyes encontró una carta que Manuel habÃa escrito para ella tres años antes de morir…
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