«¿Qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?» | El Papa León XIV en Canarias

13 Jun, 2026 | ACTUALIDAD, León XIV, Noticias

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Después de tres días en Madrid y dos en Barcelona, el Papa León XIV viajó a las Palmas de Gran Canarias para inicia el tramo final de su viaje apostólico a España. Es la primera vez que un Papa visita las Islas Canarias.

El primer acto en la agenda papal era un encuentro con representantes de la Iglesia diocesana, organizaciones y colectivos implicados o directamente afectados por el drama de la migración. En el puerto de Arguineguín, el Santo Padre realizó un ofrenda floral y oración por quienes perdieron la vida en las rutas migratorias, e instó a buscar soluciones desde las naciones de origen, las de tránsito y la comunidad internacional:

“Europa no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas».

El puerto de Arguineguín es punto de llegada de migrantes por la Ruta Atlántica, una de las más peligrosas del mundo. Cayucos y pateras principalmente desde Senegal, Mauritania, Gambia, Mali y Marruecos, realizan travesías que pueden superar los 1.600 kilómetros. Las condiciones del viaje, la precariedad de las embarcaciones y la ausencia de medios de rescate en alta mar generan un número elevado de víctimas.

Gracias de corazón a cuantos se suman a los rescates, a la acogida y al acompañamiento, dando testimonio de que la misericordia concreta puede salvar y cambiar vidas”, decía el Papa.

“Aquí llegan tantas vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca de su dignidad. Aquí el Evangelio nos arranca del lugar cómodo del espectador y nos sitúa ante el hermano que llega. Nos pregunta si hemos sabido reconocer a Cristo en quienes desembarcan marcados por el miedo, el hambre y la violencia, después del desierto, de la noche y del mar”, subrayaba con fuerza León XIV.

También la Iglesia debe dejarse interpelar, apuntaba el pontífice. La acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegada únicamente a algunos voluntarios”. «Nos arrodillamos ante el altar para adorar a Cristo presente en la Eucaristía, de quien recibimos la fuerza y el motivo para vivir la caridad; por eso, no podemos luego “pasar de largo” ante los cayucos y las pateras, pues de la oración brota todo servicio y a ella vuelve todo compromiso».

El Santo Padre ha lanzado un mensaje contundente: “no basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido. Cada barca que llega no trae sólo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?

Para acercar al Papa la realidad cotidiana de quienes viven o acompañan los procesos migratorios, contaron sus vivencias: un capitán de Salvamento Marítimo; una voluntaria de Cáritas; una mujer víctima de trata que por seguridad no ha podido estar presente; y una persona de Latinoamérica, que habló de su historia de trabajo, constancia y superación.

“Queridos migrantes -decía el Papa León-, antes de decirles cualquier otra palabra, quiero inclinarme ante su dignidad. No son números ni expedientes. Ustedes son personas con una familia y una casa dejada atrás; con sueños que nadie tiene derecho a despreciar. Pero también quiero decirles que su vida debe ser protegida. No entreguen su existencia a quienes comercian con ella. No les crean a quienes prometen paraísos fáciles a cambio de su cuerpo, de dinero, de silencio o de su libertad. Esas falsas promesas son “cantos de sirenas”, «son industrias de muerte”.

El siguiente acto previsto en Las Palmas el jueves 11 de junio, era un encuentro de oración con representantes de la comunidad eclesial en la Catedral de Santa Ana. El Santo Padre agradeció la cálida bienvenida “reflejo de una Iglesia viva, en cuyo corazón resuenan los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo».

El Papa hablaba así a los presentes: “Vengo a estas islas como Padre y hermano en la fe. Cada uno de nosotros ha recibido diversos dones y ministerios para la edificación del cuerpo de Cristo. Y esta es la llamada del Señor que hoy vibra nuevamente en nuestros corazones y confirma nuestra vocación y misión: construir juntos la Iglesia cimentados en Cristo, la “piedra angular”, edificar en el bien, armonizar nuestras diferencias y trabajar unidos en favor de todos”.

León XIV pedía reflexionar sobre el compromiso en nuestra vida cristiana para ser “arquitectos sabios” en la construcción de la civilización del amor. También alentaba a secundar el llamamiento de Jesús: «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme». Animó a los representantes de la diócesis de Las Palmas a “seguir adelante fuertemente arraigados en Él, para seguir navegando con valentía en este nuevo tiempo de la historia. Cuando encuentren dificultades, alcen la mirada, y pidan al Espíritu Santo la gracia de vivir unidos en la fe, la esperanza y la caridad».

El Papa León XIV presidió por la tarde la Santa Misa en el Estadio de Gran Canaria, la primera Eucaristía celebrada por un Papa en la historia del archipiélago canario. La celebración de la víspera de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús congregó a miles de fieles llegados desde todas las islas, especialmente de la provincia de Las Palmas.

«Una característica del Corazón de Cristo: la humildad. Por eso no sienten sus latidos aquellos que tienen la presunción de bastarse a sí mismos, de saberlo todo, de no necesitar ni a Dios ni a los demás. Aturdidos por los estruendos de un ‘yo’ ampuloso, omnipresente y agitado, les falta el silencio necesario para escuchar en sí y en los hermanos el palpitar escondido del amor.

No pocas veces, la riqueza nos vuelve ciegos, hasta el punto de pensar que nuestra felicidad sólo puede realizarse si logramos prescindir de los demás». Jesús, en cambio, nos enseña lo contrario: para gustar la verdadera alegría de la vida, que reside en el amor, es necesario bajar de los pedestales de la arrogancia que divide, para encontrarnos en la humildad que nos hermana”.

El Santo Padre dio «gracias al Señor por tanto bien que se hace aquí cada día, confiándole el compromiso de todos y al mismo tiempo los sufrimientos de los que esta tierra es testigo. Les invito también a rezar juntos, en esta Santa Misa, por los hermanos y las hermanas que han perdido la vida en el mar”.

El altar estuvo presidido por las imágenes de la Virgen del Pino y del Santo Cristo de Telde, trasladadas excepcionalmente para esta celebración.

La visita de León XIV a España comenzaba su última jornada en el centro de Acogida Humanitaria de Emergencia ‘Las Raíces’ de Tenerife, que ha acogido a más de 54.000 personas, desde su creación en 2021.

El Papa León XIV recordó que esta visita coincide con la celebración de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, que es “para los cristianos el amor misericordioso e infinito de Dios por cada ser humano. “En este marco, es providencial que podamos encontrarnos, vernos y sobre todo saber que, más allá de nuestro lugar de proveniencia, el amor de Dios no conoce fronteras, no hace distinciones, se da a todos y nos congrega en la unidad”.

El Papa recordaba también que “todos -de algún modo- somos migrantes, todos somos peregrinos en camino a la patria celestial. Ayudémonos a hacer de esta travesía un lugar más humano para todos, aportando lo que esté al alcance de cada uno. En este sentido, agradezco la colaboración por parte del Gobierno, de las diversas instituciones y de tantos hombres y mujeres de buena voluntad que hacen posible esta ayuda humanitaria concreta, que devuelve la esperanza y dignifica a tantas personas”.

A los que han sido acogidos, les invitaba el Papa «a ofrecer el tesoro de humanidad, de sueños y de cultura que han traído a estas islas, y a estar abiertos a recibir aquello que se les brinda. Este intercambio hemos de vivirlo también con responsabilidad, pensando en el futuro de las generaciones venideras, a quienes queremos legar el patrimonio de una civilización del amor, y donde las migraciones tienen una palabra importante que decir, porque pueden ser una ocasión de encuentro y enriquecimiento mutuo entre los pueblos”.

A continuación, el Papa se desplazó la Plaza del Cristo de La Laguna, en Tenerife, para un encuentro con grupos eclesiales y entidades vinculadas a la acogida e integración de personas migrantes, uno de los actos centrales de la jornada de clausura de su viaje apostólico a España.

“Me ha llamado la atención lo que se ha dicho de esta ciudad: que es una ciudad sin murallas, una ciudad abierta”, ha resaltado León XIV.  “Quizá este detalle nos ayude a comprender que las barreras más difíciles de derribar no siempre son de piedra. A veces están en la mirada, en el miedo o en la indiferencia. El mar, que rodea estas islas, trae hasta nosotros historias que no siempre sabemos leer: historias de dolor, de esperanza y de búsqueda. En una ciudad sin murallas, también el corazón está llamado a ensancharse para acogerlas. Por eso necesitamos aprender el lenguaje de la cercanía, ese que se comprende más con las manos que con las palabras”, subrayó el Pontífice

En sus palabras, el Papa León XIV condenó firmemente a quienes se aprovechan de los migrantes: “desde esta plaza quiero dirigir una palabra clara a quienes se aprovechan de la desesperación; a quienes organizan rutas de muertetrafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazan mujeres, engañan familias y convierten el sufrimiento ajeno en negocio”.

“El dinero arrancado a la vulnerabilidad de los pobres no dará paz, ni honor, ni futuro. Por cada vida perdida, cada familia engañada, cada cuerpo sometido, cada mujer amenazada, cada trabajador explotado habrán de comparecer ante la justicia divina. Rompan esas cadenas y liberen a quienes tienen bajo dominio. Devuelvan lo arrebatado y reparen cuanto puedan. Vuelvan mientras aún hay tiempo, porque la misericordia de Dios puede alcanzar incluso al pecador más endurecido”.

La agenda del Papa en España concluía con la Santa Misa en la fiesta solemne del Sagrado Corazón de Jesús celebrada en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife.

El altar estaba presidido por el Cristo de La Laguna y la patrona de las Islas Canarias, la Virgen de Candelaria, devociones que rara vez se exhiben juntas. Uno de los elementos más significativos del escenario fueron tres cayucos situados junto al área litúrgica, como recuerdo de las miles de personas que han llegado a Canarias atravesando una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo. Su presencia silenciosa acompañó toda la celebración.

“Frente a quien especula con la desesperación, como cristianos no sólo podemos ofrecer un reflejo del Señor que dice: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”, decía el Papa.

León XIV recordó unas palabras de su antecesor el Papa Francisco: «Muchas personas experimentan un profundo desequilibrio que las mueve a hacer las cosas a toda velocidad para sentirse ocupadas, en una prisa constante que a su vez las lleva a atropellar todo lo que tienen a su alrededor (…)  Quienes disfrutan más son los que dejan de picotear aquí y allá, buscando siempre lo que no tienen, y experimentan lo que es valorar cada persona y cada cosa, saben gozar con lo más simple».