El entierro de su hijo no nacido transformó sus vidas, y la de otros muchos…

21 Feb, 2026 | TESTIMONIOS

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Diana y Álex son de Ecuador, pero llevan décadas viviendo en Zaragoza (España). Se casaron y tuvieron a su primer hijo siendo muy jóvenes. La presión de sus familias y del entorno les pesó tanto que, por dos veces, negaron la vida que Dios les regalaba.

En su situación, personal y material, los parámetros de la felicidad del mundo no cuadraban con la llegada de más hijos. Aquellos bebés quedaron olvidados y silenciados, durante años, en lo más profundo de la memoria y el corazón de sus padres.

La dura enfermedad que atravesaría la madre de Diana sería un punto de luz hacia “algo” que ella todavía no había conocido: el Amor de Dios, su infinita Misericordia y la esperanza en su voluntad y sus promesas. La enfermedad y muerte de su madre fue el camino de sanación y vuelta a la vida para Diana primero, y después para toda su familia.

Diana y Álex tuvieron seis hijos más y esperaban el que sería su octavo en la tierra. Dieron la noticia llenos de ilusión, pero pronto llegaría la mayor tristeza: el bebé en gestación no tenía latido. Diana y Álex se aferraron con todo su amor a aquella vida truncada por voluntad de Dios. Quisieron que tuviera un nombre, Mateo Sebastián, y un lugar digno para reposar.

Diana se encontró con serias dificultades administrativas para dar sepultura cristiana a su bebé, pero no paró hasta conseguirlo. Gracias a su lucha, con el apoyo de profesionales y de su comunidad del Camino Neocatecumenal, también otras dos familias en su ciudad han podido ya enterrar en camposanto a sus hijos no nacidos.

Después de aquel gran paso, faltaba algo más para que Mateo Sebastián completara la misión que Dios le había encomendado: su presentación y la de sus hermanos muertos en la Iglesia, entregados por sus padres y sus hermanos vivos, y convertidos en luz para todos en su comunidad. La pastoral ‘8 Estaciones de Luz’ que hasta ahora sólo se había llevado a cabo en varias parroquias de Madrid, llegaba también a Zaragoza, acogida por el párroco de San Braulio, D. Javier García Valenzuela.

El día 2 de febrero de 2026, fiesta de la Presentación del Niño en el Templo (la Candelaria), Diana y Álex, junto a otras familias que se sumaron a este sanador itinerario, han podido dar visibilidad a esas pequeñas vidas silenciadas y dejarlas (simbólicamente) en el templo, como candelas que siempre podrán darles luz en momentos de oscuridad.