Josu Aguilella nació en Bilbao (España), en el seno de una familia católica. Sus padres sembraron para él la semilla de una relación sencilla y directa con Jesús y María. Pero su espiritualidad más consciente y profunda crecería bastante después. Como sucede con tanta frecuencia, a partir de la adolescencia las cosas del mundo le fueron apartando y enfriando su vínculo con Dios, aunque nunca desapareció. El alejamiento crecía entre fiesta y fiesta, días superficiales y noches vacías. En una de esas, afloró la pregunta que sería determinante para que Josu decidiera un cambio de rumbo, o quizás se podría decir el regreso: «¿Qué estás haciendo con tu vida?»
Buscando respuestas, pasó de la formación autodidacta al acompañamiento de un director espiritual, a frecuentar los Sacramentos, a la Adoración, al rezo del Rosario. En definitiva, a estrechar los lazos que de niño le habían hecho sentir seguro, protegido y feliz cerca de Jesús y en brazos de María. Ahora, además, se siente corresponsable de lo que sucede en nuestra Iglesia. “Tenemos que ser proactivos”, dar testimonio de todo lo recibido, cuidarla y hacerla crecer, dice el joven bilbaino. En particular, él se siente llamado a la misión de proclamar que “Garabandal está vivo”, para dar visibilidad a las numerosas gracias atribuidas a la Virgen aparecida en ese lugar del norte de España. Este es el testimonio de Josu Aguilella.



