Guiada por el Espíritu Santo la Iglesia continúa a lo largo de los siglos la misión del mismo Cristo, debe anunciar a todos la Buena Noticia traída por Jesucristo siguiendo su camino y dispuestos incluso al sacrificio de sí mismos, incluso hasta el martirio. Pobreza evangélica, confianza, humildad, servicio, paciencia, perseverancia y espíritu martirial son algunos componentes de la vida misionera encomendada a Iglesia y ligada a la Cruz. Para que eso sea posible es necesario vivir en una continua conversión y renovación. «También se requiere unidad entre los que somos enviados», apunta Mons. Munilla.
Escucha al obispo de Orihuela-Alicante para comprender en toda su amplitud este punto del Catecismo de la Iglesia Católica.



