Conoce la catequesis del Papa Francisco sobre el Sacramento de la Confirmación

31 Jul, 2025 | Sin categorĆ­a

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(ACI) En la Audiencia General del miércoles, el Papa Francisco dedicó la catequesis al Sacramento de la Confirmación, aprovechando la fiesta de Pentecostés celebrada hace tan solo unos días.

El PontĆ­fice explicó que ā€œsi en el bautismo es el EspĆ­ritu Santo quien nos sumerge en Cristo, en la Confirmación es el Cristo quien nos llena de su EspĆ­ritu, consagrĆ”ndonos como testigos suyos, partĆ­cipes del mismo principio de vida y de misión, segĆŗn el diseƱo del Padre celestialā€.

A continuación, el texto completo de la catequesis

Queridos hermanos y hermanas, ”buenos días!

DespuĆ©s de la catequesis sobre el Bautismo, estos dĆ­as que siguen a la solemnidad de PentecostĆ©s nos invitan a reflexionar sobre el testimonio que el EspĆ­ritu suscita en los bautizados, poniendo sus vidas en movimiento, abriĆ©ndolas al bien de los demĆ”s. JesĆŗs confió a sus discĆ­pulos una gran misión: Ā«Vosotros sois la sal de la tierra, vosotros sois la luz del mundoĀ» (Mt 5, 13-16). Estas son imĆ”genes que nos hacen pensar en nuestro comportamiento, porque tanto la falta de sal como su exceso vuelven poco apetecible la comida, asĆ­ como la ausencia y el exceso de luz nos impiden ver. El que puede hacernos realmente sal que da sabor y conserva de la corrupción yĀ  luz que ilumina el mundo es solo el EspĆ­ritu de Cristo. Y este es el don que recibimos en el Sacramento de la Confirmación o Crismación, sobre el que deseo detenerme y reflexionar con vosotros. Se llama Ā«ConfirmaciónĀ» porqueĀ confirmaĀ el Bautismo y refuerza su gracia (vĆ©aseĀ Catecismo de la Iglesia Católica, 1289); asĆ­ como Ā«CrismaciónĀ«, Ā porque recibimos el EspĆ­ritu a travĆ©s de la unción con el Ā«crismaĀ» –aceite mezclado con fragancias consagrado por el obispo – un tĆ©rmino que se refiere a Ā«Cristo,Ā» el ungido del EspĆ­ritu Santo.

Renacer a la vida divina en el Bautismo es el primer paso. Por lo tanto es necesario que nos comportemos como hijos de Dios, es decir, queĀ  nos conformemos al Cristo que obra en la santa Iglesia, dejĆ”ndonos involucrar en su misión en el mundo. Esto es lo que otorga la unción del EspĆ­ritu Santo: ā€œ Mira el vacĆ­o del hombre si TĆŗ le faltas por dentroĀ» (vĆ©aseĀ Secuencia de PentecostĆ©s). Sin la fuerza del EspĆ­ritu Santo no podemos hacer nada: el EspĆ­ritu es el que nos da fuerzas para ir adelante. Como toda la vida de JesĆŗs estuvo animada por el EspĆ­ritu, asĆ­ tambiĆ©n la vida de la Iglesia y de cada uno de sus miembros estĆ” bajo la guĆ­a del mismo EspĆ­ritu.

Concebido por la Virgen por obra el EspĆ­ritu Santo, JesĆŗs emprende su misión despuĆ©s de que, salido del agua del JordĆ”n, es consagrado por el EspĆ­ritu que desciende y permanece sobre Ɖl (cfĀ McĀ 1,10;Ā JnĀ 1:32). Ɖl lo declara explĆ­citamente en la sinagoga de Nazaret. Ā”Es hermoso como se presenta JesĆŗs, cual es el carnet de identidad de JesĆŗs en la sinagoga de Nazaret! Escuchemos como hace: Ā«El EspĆ­ritu del SeƱor sobre mĆ­, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena NuevaĀ»(LcĀ 4, 18). JesĆŗs se presenta en la sinagoga de su pueblo como el Ungido, El que ha sido ungido por el EspĆ­ritu.

Jesús estÔ lleno del Espíritu Santo y es la fuente del Espíritu prometido por el Padre (Jn 15, 26; Lc 24, 39; Hch 1, 8, 2.33). En realidad, en la noche de Pascua el Resucitado sopló sobre los discípulos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo» (Jn 20,22); y en el día de Pentecostés, la fuerza del Espíritu desciende sobre los Apóstoles de forma extraordinaria (véase Hechos 2: 1-4), como sabemos.

El «Respiro» de Cristo resucitado llena los pulmones de la Iglesia de vida y, en efecto, las bocas de los discípulos, «llenos del Espíritu Santo», se abren para proclamar a todos las grandes obras de Dios (véase Hechos 2: 1-11).

PentecostĆ©s – que celebramos el domingo pasado- es para la Iglesia lo que para Cristo fueĀ  la unción del EspĆ­ritu recibida en el JordĆ”n; es decir, PentecostĆ©s esĀ  el impulso misionero a consumir la vida por la santificación de los hombres, para gloria de Dios. Si en todo sacramento obra el EspĆ­ritu, de manera especial es en la Confirmación en el cual Ā«los fieles reciben como don el EspĆ­ritu Santo Ā» (Pablo VI, Const. ap.,Ā Divinae consortium naturae). Y en el momento de efectuar la unción, el obispo dice estas palabras: ā€œRecibe al EspĆ­ritu Santo que te ha sido dado en donā€: es el gran don de Dios, el EspĆ­ritu Santo. Y todos nosotros llevamos al EspĆ­ritu dentro. El EspĆ­ritu estĆ” en nuestro corazón, en nuestra alma. Y el EspĆ­ritu nos guĆ­a en la vida para que nos convirtamos en sal justa y luz justa para los hombres.

Si en el bautismo es el Espíritu Santo quien nos sumerge en Cristo, en la Confirmación es el Cristo quien nos llena de su Espíritu, consagrÔndonos como testigos suyos, partícipes del mismo principio de vida y de misión, según el diseño del Padre celestial. El testimonio que dan los confirmados manifiesta la recepción del Espíritu Santo y la docilidad a su inspiración creativa. Yo me pregunto: ¿Cómo vemos que hemos recibido el Don del Espíritu? Si realizamos las obras del Espíritu, si pronunciamos palabras enseñadas por el Espíritu (véase 1 Cor 2:13). El testimonio cristiano consiste en hacer solo y todo lo que el Espíritu de Cristo nos pide, otorgÔndonos la fuerza para hacerlo.