Conoce el mensaje del Papa Francisco para la Vigilia de Pentecostés

31 Jul, 2025 | Sin categorĆ­a

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(Vatican news)Ā»Necesitamos que el EspĆ­ritu nos dĆ© ojos nuevos, abra nuestra mente y nuestro corazón para enfrentar este momento y el futuro con la lección aprendida: somos una sola humanidadĀ». En la Vigilia de PentecostĆ©s, con ocasión de la Vigilia Mundial organizada onlineĀ porĀ Charis, el servicio para la Renovación CarismĆ”tica Católica, el Santo Padre expresa esta necesidad, tan cercana a todos los fieles cristianos; y aƱade: el EspĆ­ritu Santo ā€œviene a sanar los miedosā€, viene Ā«a sanar las heridas que nos hacemos tambiĆ©n unos con otrosĀ», y viene Ā«para convertirnos en discĆ­pulos misionerosā€.

Necesitamos que el Padre nos envĆ­e el EspĆ­ritu Santo

A partir del relato de la reunión de los creyentes en la fiesta de Pentecostés, en un video mensaje el pontífice individua, comenta y guía:

El EspĆ­ritu se posa sobre cada uno de los discĆ­pulos, sobre cada uno de nosotros. El EspĆ­ritu prometido por JesĆŗs viene a renovar, a convertir, a sanar a cada uno de nosotros. Viene a sanar los miedos —cuĆ”ntos miedos tenemos—, las inseguridades; viene a sanar nuestras heridas, las heridas que nos hacemos tambiĆ©n unos con otros; y viene para convertirnos en discĆ­pulos, discĆ­pulos misioneros, testigos llenos del coraje, de la parresia apostólica, que son necesarios para la predicación del Evangelio de JesĆŗs, como leemos en los versĆ­culos siguientes que sucedió con los discĆ­pulos.

ā€œHoy mĆ”s que nunca necesitamos que el Padre nos envĆ­e el EspĆ­ritu Santoā€, afirma el Papa, que vuelve sobre el capĆ­tulo primero de los Hechos de los Apóstoles, cuando JesĆŗs dice a sus discĆ­pulos: Ā«Esperen que se cumpla la promesa que mi Padre les hizo, y de la cual yo les hablé»; y subraya tres palabras:Ā testimonio de JesĆŗs.

Testimonio de JesĆŗs

A este testimonio nos conduce el Espíritu Santo. Hoy el mundo sufre, estÔ herido; vivimos en un mundo muy herido, que sufre, especialmente en los mÔs pobres, que son descartados, cuando todas nuestras seguridades humanas han desaparecido, el mundo necesita que le demos a Jesús. Necesita nuestro testimonio del Evangelio, el Evangelio de Jesús. Ese testimonio solamente lo podemos dar con la fuerza del Espíritu Santo.

Necesitamos que el Espíritu nos dé ojos nuevos, abra nuestra mente y nuestro corazón para enfrentar este momento y el futuro con la lección aprendida: somos una sola humanidad. No nos salvamos solos. Nadie se salva solo. Nadie. San Pablo dice en la epístola a los GÔlatas: «Ya no importa ser judío o griego, esclavo o libre, hombre o mujer, porque todos unidos a Cristo somos uno solo, un cuerpo solo» (cf. 3,28), cohesionado por la fuerza del Espíritu Santo. Por este bautismo del Espíritu Santo que Jesús anunica. Lo sabemos, lo sabíamos, pero esta pandemia que vivimos nos lo ha hecho experimentar de una manera mucho mÔs dramÔtica. Tenemos por delante el deber de construir una realidad nueva. El Señor la harÔ; nosotros podemos colaborar: «Yo hago nuevas todas las cosas», dice (Ap 21,5).  

Cuando salgamos de esta pandemia, no podremos seguir haciendo lo que veníamos haciendo, y cómo lo veníamos haciendo. No, todo serÔ distinto. Todo el sufrimiento no habrÔ servido de nada si no construimos entre todos una sociedad mÔs justa, mÔs equitativa, mÔs cristiana, no de nombre, sino en realidad, una realidad que nos lleva a una conducta cristiana. Si no trabajamos para terminar con la pandemia de la pobreza en el mundo, con la pandemia de la pobreza en el país de cada uno de nosotros, en la ciudad en donde vive cada uno de nosotros, este tiempo habrÔ sido en vano.