(ACI) Durante la Audiencia General de este miĆ©rcoles 30 de mayo, el Papa Francisco destacó la importancia de la acción del EspĆritu Santo en el mantenimiento de la unidad de la Iglesia, y recordó los compromisos de aquellos que reciben el sacramento de la Confirmación.
En la catequesis, el Santo Padre explicó el significado de los diferentes signos del rito de la Confirmación, y destacó la imposición de manos y el santo óleo.
āPor tradición atestiguada por los Apóstoles, el EspĆritu que completa la gracia del Bautismo se transmite por medio de la imposición de manos. A este gesto bĆblico, para expresar mejor la efusión del EspĆritu que impregna a quienes lo reciben, desde el principio se le ha aƱadido la unción del óleo perfumado, llamado crisma, que permanece en uso hasta el dĆa de hoy, tanto en Oriente como en Occidenteā.
A continuación, el texto completo de la catequesis del Papa Francisco.
Queridos hermanos y hermanas:
Continuando con el tema de la Confirmación o Cresimación, hoy deseo resaltar laĀ āĆntima relación de este sacramento con toda laĀ iniciación cristianaĀ» (Sacrosanctum Concilium,Ā 71).
Antes de recibir la unción espiritual que confirma y fortalece la gracia del bautismo, los que van a ser confirmados estĆ”n llamados a renovar las promesas hechas un dĆa por sus padres y padrinos. Ahora son ellos mismos los que profesan la fe de la Iglesia, dispuestos a responder Ā«creoĀ» a las preguntas del obispo. Dispuestos, en particular, a creer Ā«en el EspĆritu Santo, SeƱor y dador de vida, que hoy os serĆ” comunicado de un modo singular por el sacramento de la Confirmación, como fue dado a los Apóstoles el dĆa de PentecostĆ©sĀ» (Rito de Confirmación,Ā No. 26).
Ya que la venida del EspĆritu Santo requiere corazones reunidos en oración (HechosĀ 1:14), despuĆ©s de la oración silenciosa de la comunidad, el obispo, con las manos extendidas sobre los que se van a confirmar, suplica a Dios que infunda en ellos su santo EspĆritu ParĆ”clito. Uno sólo es el EspĆritu, (cf.Ā 1 CorĀ 12,4) pero viniendo a nosotros trae consigo riqueza de dones: sabidurĆa, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y santo temor de Dios (cf.Ā Rito de la confirmación,Ā 28-29).
Hemos escuchado el pasaje de la Biblia con estos dones que trae el EspĆritu Santo. SegĆŗn el profeta IsaĆas (11: 2), estas son las siete virtudes del EspĆritu derramadas sobre el MesĆas para el cumplimiento de su misión. TambiĆ©n San Pablo describe el abundante fruto del EspĆritu que es Ā«amor, alegrĆa, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sĆĀ» (GalĀ 5, 22).
El Ćŗnico EspĆritu distribuye los mĆŗltiples dones que enriquecen a la Ćŗnica Iglesia: Ć©l es el Autor de la diversidad, pero al mismo tiempo el Creador de la unidad. AsĆ, el EspĆritu da todas estas riquezas que son diversas, pero del mismo modo aporta la armonĆa, es decir la unidad de todas estas riquezas espirituales que tenemos nosotros, los cristianos.
Por tradición atestiguada por los Apóstoles, el EspĆritu que completa la gracia del bautismo se comunica a travĆ©s de la imposición de las manos (cf.Ā HechosĀ 8.15 a 17; 19.5 a 6;Ā HebĀ 6,2). A este gesto bĆblico, para reflejar mejor la efusión del EspĆritu que impregna a los que la reciben, muy pronto, para mejor significar el don del EspĆritu Santo, se aƱadió a la imposición de las manos una unción con óleo perfumado (crisma)[1]], mantenida en uso hasta hoy, tanto en Oriente como en Occidente. (cf.Ā Catecismo de la Iglesia Católica,Ā 1289).
El óleo āel crisma- es una sustancia terapĆ©utica y cosmĆ©tica que, al penetrar en los tejidos del cuerpo cura las heridas y perfuma los miembros; por estas cualidades fue asumido por el simbolismo bĆblico y litĆŗrgico para expresar la acción del EspĆritu Santo que consagra e impregna al bautizado, embelleciĆ©ndolo con carismas.
El sacramento es conferido mediante la unción con el crisma en la frente, efectuada por el obispo con la imposición de la mano y con estas palabras: Ā«Recibe por esta seƱal el Don del EspĆritu SantoĀ»[2].El EspĆritu Santo es elĀ donĀ invisible otorgado y el crisma es suĀ selloĀ visible.
Al recibir en la frente la señal de la cruz con el óleo perfumado, el confirmado recibe asà una huella espiritual indeleble, el «carÔcter» que lo configura mÔs perfectamente a Cristo y le da la gracia para difundir entre los hombres el «buen olor» (ver 2 Cor 2:15).
Escuchemos nuevamente la invitación de San Ambrosio al reciĆ©n confirmado. Dice asĆ: Ā«Recuerda que has recibido el sello espiritual […] y guarda lo que has recibido. Dios Padre te ha marcado, Cristo el SeƱor te ha confirmado y ha puesto en tu corazón como prenda al EspĆritu Ā«(De mysteriisĀ 7,42:Ā CSELĀ 73,106; cf.Ā CIC, 1303). El EspĆritu es un don inmerecido, que hay que recibir con gratitud, dejando espacio a su creatividad inagotable. Es un don para conservar con cuidado, para secundar con docilidad, dejĆ”ndose moldear, como la cera, por su ardiente caridad, ‘para reflejar a Jesucristo en el mundo de hoy’ (ibid.GaudeteĀ et Exsultate,Ā 23).

