Cunado era joven, Jesús Arévalo quería construir su propio camino, pero se encontró con el misterio escondido en la voluntad de Dios.
El escultor Jesús Arévalo Jiménez nos abre las puertas de su estudio actual y también su corazón, para compartir una historia de vida y un encuentro con el mundo del Arte que estaba en las antípodas de lo que él pensaba descubrir en la Ciencia y la Naturaleza.
Su historia es la del crecimiento espiritual y personal a través de la obra, es la historia de una rendición total a la voluntad de Dios, a su plan y a su Providencia.
Con todo, para Jesús Arévalo su mujer y sus cuatro hijos son la mayor prueba de amor que ha recibido de Dios.
Nació y creció en una familia numerosa, en un entorno de fe y vinculada al Camino Neocatecumenal. En su juventud despreciaba su don natural para el trabajo artístico.
El mundo del Arte le resultaba extraño por lo que encerraba de indefinido e intangible. Tenía claro que lo suyo eran las Ciencias puras.
Pero recibió un consejo que le cambiaría la vida. El consejo de un padre atento a la personalidad de un hijo, pero, sobre todo, atento a los dones que Dios le había regalado. Aquel consejo le resultó incontestable; implicaba demasiada autoridad como para ignorarlo.
Así que empezó a estudiar Bellas Artes y no tenía nada clara la elección, hasta su encuentro con la Escultura. Fue un flechazo que determinó su trayectoria futura. Arévalo había trabajado en todo tipo de oficios duros. Con el tiempo entendería también que aquel tiempo y muchas experiencias, alimentarían los trazos de los cuerpos y rostros que acabaría creando.
Aunque trabaja otras disciplinas, la talla directa le cautivó desde el principio y ha dado como fruto esculturas espectaculares, nacidas de árboles centenarios condenados a morir.
De troncos de cedro del Líbano “surgieron” el impresionante Cristo crucificado que se puede ver en la sepultura de Carmen Hernández (cofundadora del Camino Neocatecumenal en proceso de canonización) en Madrid; la Virgen de la Soledad en El Callao (Perú) o la Virgen Madre de los no nacidos que se encuentra en el County Hall de Londres.
Nació de un tocón de pino y de sus manos la Virgen del Abrazo, que se puede contemplar en el Parque de Valdebebas de Madrid. Un San José enseñando a andar a Cristo, esculpido en madera de tilo que viajó hasta Macerata (Italia) y que es puro Evangelio. Y así, muchas más obras que hablan de la espiritualidad gestada en familia y en una carrera artística dibujada a veces a hachazos, a veces a cincel, a veces a punta de navaja, pero siempre entregada a la Providencia y a la voluntad de Dios.


