Mis padres se convirtieron y no me apetecía nada el plan de vida católica. Ahora Dios es Todo!

1 Oct, 2026 | TESTIMONIOS

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Jimena Banús comparte su testimonio de fe. Un ejemplo de cómo vivir una vida cristiana auténtica en medio de los desafíos actuales.

Nació en una familia católica pero no practicante. Sus padres, también alejados, no pudieron transmitir a sus 7 hijos aquello que no conocían. No había ninguna relación con Dios, nadie hablaba de fe, no iban a misa… El matrimonio estaba a punto de divorciarse, cuando irrumpió en su camino una comunidad religiosa: los Peregrinos de la Eucaristía.

El matrimonio no sólo se salvó, sino que llevó su experiencia de fe a toda la familia. «Cuando mis padres se convirtieron, a mi no me hacía ninguna gracia eso de la vida católica», dice Jimena. Pero Dios se fue abriendo paso también en su corazón inquieto.

De naturaleza revoltosa, Jimena fue descubriendo muchas cosas después de un primer «encuentro personal» con Dios. Se dio cuenta de que su vida había ido al ritmo de heridas y complejos. La falta de identidad y de propósito que le habían llevado a hábitos y relaciones poco saludables, se fueron desvaneciendo cuando, por fin, decidió decir sí al Señor.

Sí a una vida de fe personal y cotidiana, vivida en familia y en comunidad, que lo ha ido transformando todo. «Ahora sé lo que me hace libre y lo que me llena» realmente dice Jimena.

A través de su historia, Jimena Banús nos muestra la importancia de la oración y la alegría inexplicable que surge al acercarse a los sacramentos.

La Confesión es lo más sanador y liberador que ha conocido. Y la Eucaristía, el motor que la llena de alegría y le da fuerzas para todo lo que se venga.

Pero, como ella dice, nada es de un día para otro, pero está en juego la eternidad. Y es más sencillo de lo que parece.

No hay que complicarse la vida esperando momentos o experiencias sobrenaturales. Basta con poner a Dios en el centro y en cada momento del día.

La carga no es tan pesada como dicen, porque el Señor te ayuda siempre a llevarla. Hay que esforzarse y si te equivocas, no pasa nada; te levantas y sigues. Porque Dios y la Virgen están ahí, todo el tiempo, para cuidarte y sostenerte.

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