Aquí recogemos, por orden cronológico, vídeos de todos los eventos del Papa León XIV durante los días de su viaje apostólico en Madrid según la agenda programada, del 6 al 9 de junio.
El Papa León XIV fue recibido a su llegada a España, en la mañana del viernes 6, por los Reyes de España, autoridades eclesiales y del Gobierno. En el aeropuerto, el pontífice tuvo su primer contacto con los fieles que le esperan, un breve encuentro con familias, enfermos y niños con discapacidad:
En el Palacio Real, el Rey Felipe VI y el Papa han dirigido importantes mensajes a las autoridades y representantes de la sociedad civil. En su primera intervención del Viaje a España, el Santo Padre ha expresado su agradecimiento por la invitación a visitar nuestro país, de los Reyes y de la Iglesia en España:
“Doy gracias al Señor por este encuentro y expreso mi agradecimiento por la invitación a realizar este viaje apostólico a España: un itinerario en varias etapas, cada una de las cuales revelará algún aspecto de la riqueza multifacética de un gran país que, desde hace casi dos milenios, ha acogido la Palabra del Evangelio”, dijo el Papa León XIV.
El Santo Padre subrayó que “hoy, la tentación de ganar popularidad avivando el fuego de las polarizaciones parece crecer, en lugar de disminuir; la dignidad humana no deja de ser violada. Por eso necesitamos cultura, interioridad, una educación libre y de calidad, necesitamos trascendencia”.
El primer gran contacto del Papa con la realidad española se produjo en la tarde del 6 de junio, donde tuvo un precioso encuentro con operadores y asistidos en el centro CEDIA 24 horas de Cáritas, en un barrio marginal de Madrid.
“La alegría y el dolor de cada uno son la alegría y el dolor de todos y, al escucharnos mutuamente, afrontamos juntos los retos, sin ignorar la complejidad de las situaciones”, dijo a los asistentes, haciendo un llamamiento a “cultivar un corazón sensible ante las necesidades de los demás”.
“Estoy entre vosotros como un madrileño más: gracias, Madrid, por esta bienvenida, que me hace sentir parte de una gran y maravillosa familia”, decía el pontífice.
A continuación, el pontífice se digirió al corazón de Madrid para la vigilia de Oración y la Adoración del Santísimo. Durante la emotiva vigilia a la que asistieron cientos de miles de jóvenes en la Plaza de Lima de Madrid, León XIV pudo mantener un diálogo con varios jóvenes. Dirigiéndose a todos, el Papa dio tres consejos:
Poner en valor el silencio “para conocer la voz de Dios puede ayudarnos, ante todo, el silencio, que favorece la atención y el recogimiento”. “En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece”. Por eso es importante “buscar la verdad”, porque, “Dios es Verdad”.
En segundo lugar, llamó a los jóvenes a confiar en Dios. “Tened la certeza de que Dios conoce bien vuestra voz: Él os escucha y os responderá”.
El tercero de los consejos fue un llamamiento a la humildad. “Recordad que ninguno de nosotros nació siendo maestro y que, ante el Señor, somos siempre discípulos”. Una humildad que mueva a compartir el propio camino espiritual, “dando testimonio de él con coherencia de vida: la voluntad de seguir a Jesús os renovará constantemente”.
El Santo Padre alentó a los jóvenes recién casados o a poco de casarse: “No tengáis miedo al matrimonio ni a formar familias”.
El día 7 de junio, domingo solemnidad del Corpus Christi, el Papa león celebró la Eucaristía y procesión del Cuerpo de Cristo en el centro de Madrid para más de 1,2 millones de personas en la plaza de Cibeles y alrededores.
“He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy”, decía el papa en su homilía.
En el Palacio de Cibeles se instaló la sacristía, en la que se revestían, además del Papa, más de 150 obispos y cardenales y 1.600 sacerdotes con ornamentos confeccionados para la ocasión e inspirados en la Catedral de la Almudena.
El ministerio del canto litúrgico durante la Santa Misa y la procesión eucarística ha estado encomendado una formación de coro y orquesta de más de 400 componentes de la Orquesta y Coro de la JMJ 2011, el Coro de San Juan de Ávila, la Escolanía de la JMJ y, de manera muy especial, las voces blancas de la Escolanía del Monasterio de San Lorenzo del Escorial y la Escolanía de la Abadía de la Santa Cruz.
En su homilía, León XIV mencionaba a San Manuel González, el conocido como obispo de los sagrarios, y a San Juan de la Cruz, el místico cuya espiritualidad encierra un profundo carácter eucarístico.
La Santa Misa celebrada en el marco del viaje apostólico cobra especial relevancia ya que es la primera vez que un Papa celebra la solemnidad del Corpus Christi fuera del Vaticano. “Esta memoria del Señor presente en el Pan eucarístico está en el corazón de vuestra fe y de la historia de vuestro pueblo. Aquí en Madrid, pero también en tantos otros lugares de España, el Corpus Christi no es una fiesta más del calendario litúrgico, sino un volver a las raíces de la fe para renovar el amor y la fidelidad a Dios”.
En este sentido, advertía que esta fiesta litúrgica no es “una supervivencia folclórica o de un simple adorno estético: aquí se trata de la fe en la presencia del Señor Resucitado, que está vivo y sigue pasando en medio de nosotros”.
El Santo Padre recordaba también que «no es casual que aquí, en España, la Iglesia haya unido durante años la solemnidad del Corpus Christi con el Día de la Caridad».
León XIV subraya que “no se trata únicamente de sacar la custodia”, sino de “dejarnos sacar nosotros mismos del egoísmo, de la indiferencia, de una fe cómoda y privada, para responder a su invitación a la conversión, a cambiar la mirada, a acoger su presencia que nos transforma y nos hace constructores de un mundo nuevo”.
Tras el rito de la Comunión, la Plaza de Cibeles se reconfiguró para dar paso a la tradicional procesión del Corpus Christi preparada para la ocasión. En el tramo por el que cada día circulan miles de vehículos ha pasado con solemnidad la custodia con el Santísimo en manos del Santo Padre, precedido de sacerdotes, miembros de vida consagrada, fieles, niños que acaban de realizar la primera comunión, autoridades y obispos y arzobispos.
La custodia empleada en la procesión es una pieza del año 1943, en plata dorada y enjoyada, con los cuatro evangelistas representados, costeada por suscripción popular.
A la celebración asistieron casi un millón y medio de personas, según los organizadores. En el Palacio de Cibeles se levantó un altar de 55 metros de ancho por 20 de fondo, coronado por una cúpula de 25 metros de altura.
Para poder distribuir la Comunión se acercaron a los fieles más de 2.100 ministros de la comunión, entre presbíteros y ministros extraordinarios, con cerca de 2.300 píxides repartidos desde seis iglesias.
En la tarde del domingo 7 de junio, el pontífice se encontró con representantes del mundo de la empresa, el espectáculo, el deporte y todos los ámbitos profesionales en el evento ‘Tejer redes’ en el Movistar Arena de la capital de España ante unas 12.000 personas.
En su intervención, el Papa lanzó una pregunta“ que nos interpela a todos: ¿qué herencia estamos dejando al futuro y por ende, qué tipo de comunidad estamos construyendo?”
“La Iglesia, consciente tanto de sus aciertos como de sus errores a lo largo de la historia, anhela permanecer en diálogo con el mundo contemporáneo». El Papa defendió la necesidad de “establecer un diálogo entre instituciones centrado en la dignidad humana».
Para no poner en peligro nuestra ‘magnífica humanidad’, León XIV alentaba a seguir el consejo de San Pablo: “Tened la misma consideración y trato unos con otros, sin pretensiones de grandeza, sino poniéndoos al nivel de la gente humilde. No os tengáis por sabios. A nadie devolváis mal por mal. Procurad lo bueno ante toda la gente. En la medida de lo posible y en lo que dependa de vosotros, manteneos en paz con todo el mundo”.
En referencia a las raíces cristianas de Europa, el Papa destacaba cómo a lo largo del tiempo, “hombres y mujeres movidos por la fe han edificado hospitales y escuelas, dieron pie a iniciativas solidarias y hablaron con un lenguaje que dignifica a las personas. Por eso cabe preguntarse con honestidad si el mundo -y en particular Europa- habría forjado su identidad sin la huella espiritual que ha impregnado su historia».
El lunes 8 de junio, el Papa intervino ante los diputados y senadores de las Cortes Españolas. Es la primera que un pontífice comparece en el Congreso de los Diputados para dirigirse a la clase política.
Es la primera vez en la historia que un Papa comparece ante las Cortes Generales en España. “Vengo ante todos ustedes como Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia católica». «Mi presencia quiere ser un gesto de cercanía hacia España, en el marco de la mutua cooperación, y una palabra ofrecida desde el servicio a la persona humana».
La dignidad del ser humano, insistía el Papa, “precede a toda concesión del Estado y no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento.”. Por ello, “toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia. Cuando esta certeza se oscurece, los más vulnerables son las primeras víctimas y la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a cada persona.”
Durante su discurso, el Santo Padre citaba a Cervantes, Santa Teresa de Ávila, Miguel de Unamuno, la Escuela de Salamanca y Francisco de Vitoria o los Reyes Católicos, para resaltar que, a lo largo de su historia, “España ha sabido mirar al ser humano como algo más que una pieza del orden social, económico o político: lo ha reconocido como criatura abierta a la verdad, dotada de libertad y movida por una sed de eternidad que ninguna realidad temporal logra extinguir; en una palabra, como alguien cuya dignidad precede a toda utilidad y a cuyo servicio está sujeta la acción legislativa».
“Una ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada; la alcanza cuando, además de ser válida en su forma, puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse».
“Si la vida deja de ser reconocida como un valor fundamental, ¿qué futuro pueden tener nuestras sociedades? ¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás?”
El Papa hacía también un llamamiento al diálogo, a la paz y la convivencia para rebajar la agresiva polarización que se está viviendo en nuestro país y en el mundo: “La pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario. En una convivencia madura, incluso el conflicto puede convertirse en camino hacia la paz, cuando las diferencias se dejan mitigar por la escucha y se ordenan al reconocimiento de las necesidades, los anhelos y las capacidades de todos».
“Quienes ejercen una responsabilidad pública -añadía el Papa- tienen, por eso, una especial obligación de custodiar la palabra para «desarmar el lenguaje». La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación». “De este respeto al otro nace también el deber de custodiar el espacio donde maduran sus convicciones, su conciencia y su relación con Dios».
El acto se cerró con un cerrado y casi unánime aplauso de 7 minutos, el más largo de la historia del Congreso y del Senado.
Después de este discurso, León XIV visitó a los obispos en la sede de la Conferencia Episcopal Española. León XIV invitó a los pastores a abrirse con docilidad a la acción del Espíritu Santo y a desprenderse de los lastres que impiden seguir con libertad el camino que Dios señala a la Iglesia.
El Papa recordó que la misión pastoral exige una especial cercanía a quienes atraviesan situaciones de sufrimiento y oscuridad. Entre esas realidades, el Santo Padre se refirió expresamente a quienes “han sido heridos precisamente por quienes debían cuidarlos, incluso por miembros del clero”.
Ante esta “plaga”, afirmó que “la comunidad eclesial está llamada a responder con la escucha, la verdad, la justicia, la reparación y un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado”.
En la tarde del lunes, León XIV se dirigió a la Catedral de Madrid para una ofrenda floral y encomienda ante la patrona Nuestra Señora de la Almudena. A sus pies depositó la Rosa de Oro, “símbolo del filial amor del Papa a la Virgen María”.
El Papa evocó la tradición histórica de la Virgen de la Almudena, recordando su ocultamiento en la muralla y su posterior hallazgo como signo de esperanza. A partir de esta imagen, invitó a reflexionar sobre los “muros” que siguen dividiendo a las personas y las sociedades.
“Para edificar algo nuevo, hermoso y duradero hay que estar dispuestos a destruir los muros”, afirmó, exhortando a los fieles a no conformarse con mantener las divisiones, sino a superarlas. El Papa nos animó a ser “constructores de vínculos que restauren el lenguaje universal de la comunión, el amor fraterno y la concordia”.
Después de este acto, el pontífice realizó un largo trayecto en el papamóvil por las calles de Madrid hasta el estadio Santiago Bernabeu para el encuentro con más de 70.000 personas en representación de la Comunidad de la Archidiócesis de Madrid, conformada por las diócesis de Alcalá de Henares, Getafe y Madrid, y 44 años después de la visita de San Juan Pablo II en noviembre de 1982.
León XIV comenzaba su discurso resaltando que “para un jugador de fútbol hacer un gol en este estadio es algo que marca toda la vida”, pero “hoy la Iglesia de Madrid ha hecho un golazo para siempre”. «Existe una relación especial entre la Iglesia y la ciudad, que cobra aún mayor importancia en el cambio de época que estamos viviendo».
La pregunta decisiva que cabe hacerse en este momento es si lo que los cristianos son y hacen alcanza realmente los “núcleos más profundos del alma de las ciudades». El Papa apuntó que «para llegar al corazón de la ciudad hay que cultivar la conciencia de que la verdad es sinfónica y siempre nos supera, cultivar el deseo de encontrar al Resucitado, que siempre va por delante de nosotros, nos precede y tal vez ya esté presente donde aún no lo hemos buscado.»
León XIV cerró su discurso aludiendo a los testimonios escuchados durante el acto para subrayar que «la bondad, aunque sea de unos pocos, puede vencer el miedo de muchos»
«Sed, para todos, como una Biblia abierta: que en vuestros rostros y en vuestra vida se pueda encontrar la Palabra de Dios. El amor, efectivamente, es el lenguaje que hace que todos se sientan como en casa».
La visita del papa León XIV en Madrid concluyó en la mañana del 9 de junio con el encuentro en IFEMA con los voluntarios que han asistido durante todos los preparativos y los eventos programados para los días de su presencia en la capital de España.
El Papa agradecía su entrega a los más de 25.000 voluntarios que han colaborado en la organización de los actos de su Viaje Apostólico a España: “Os merecéis un ‘gracias’ muy especial, porque habéis ofrecido vuestra presencia y vuestro servicio, y lo habéis hecho por amor al Señor, a la Iglesia y al Papa. ¡Gracias de todo corazón!”. «Esta ciudad ha crecido, está más cerca del Reino de Dios”, decía el Papa.
León XIV insistió en la dimensión espiritual del servicio prestado durante estos días: «es un signo del Reino que viene, y lo es por un aspecto esencial: la gratuidad”. En este sentido, afirmó que “los cristianos están llamados a llevar al mundo la levadura de la gratuidad”, que definió como “una levadura que hace crecer la calidad humana, ética y espiritual de una sociedad”.
El pontífice se despedía animándonos a vivir “firmes en la fe y generosos en el servicio”: “sigamos por este camino. Con humildad y mansedumbre, sin ninguna presunción, pero firmes en la fe y generosos en el servicio”.
Después, el pontífice se trasladó al aeropuerto de Madrid-Barajas-Adolfo Suárez para continuar su viaje apostólico en Barcelona.


