Esposa y madre de tres hijos, Ileana (Teresita) Guaita nos cuenta la profunda transformación que ha vivido a raíz del cáncer de mama que le fue diagnosticado hace unos años. Está convencida de que en su vida de fe faltaba profundidad pero lo iba posponiendo. De alguna forma – asegura -, el Señor la fue preparando para lo que se venía con aquel fatal diagnóstico. Le gustaba planificar, tenerlo todo controlado; era calculadora, una profesional de valía reconocida y con una familia estupenda. Pero Dios estaba de segundo en su vida y sus planes.
Pronto se dio cuenta de que «todas esas mentiras que nos vende el mundo para ser feliz no me servían en la enfermedad». En medio de la enfermedad, con todo lo que conlleva, el Señor ha revelado a Ileana todo su poder salvífico, su condición de Padre, su Amor incondicional e infinito. Se fue abandonando en Él, aprendió a ofrecer su sufrimiento y sintió un gran alivio. Ileana asegura que «cuando te sientes incondicionalmente amada por Dios, sólo por ser, entonces es cuando te cambia la vida». Dejó que transformara su corazón. Vivió «una especie de infancia espiritual», acompañada por Santa Teresita, «porque Dios nos quiere como niños, abandonados y confiados en su voluntad».
Y ahí, también durante la enfermedad, empezó a descubrir mucho amor, belleza y autenticidad a su alrededor, en personas de toda condición y en los más pequeños detalles. Todo lo cotidiano se convertía en algo extraordinario: «dejas de mirarte al ombligo, empiezas a vivir el Evangelio y a ver a Dios en todo». Incluso ofreció su muerte, si era lo que tenía para ello el plan de Dios. Lo único que pedía es que la ayudara y no le soltara de la mano. Así se fue forjando, en paralelo al transcurso de la enfermedad, su relación de intimidad con el Señor – que tiene un gran sentido del humor, dice Ileana Teresita – en sus tres personas, y con la Virgen, con la que también ha establecido una nueva relación: una madre y una confidente.
En el camino de su profunda transformación vital y espiritual, Dios cumplió siempre. Nunca la ha dejado de acompañar y de darle herramientas para sostenerse en el dolor y en la fe. Recorrió un camino de aprendizaje y sanación interior. Se dejó cuidar por los suyos y se descubrió mejor madre y esposa cuanto menos hacía y más atención les prestaba. En el proceso, su marido y sus hijos también han vivido una transformación espiritual, cada uno a su ritmo y en su medida. El cáncer ahora no está. Pero todos sabemos que eso ya nunca significa estar libre al 100%. Lo que sí sabe es dónde está la verdadera felicidad. Se alimenta de Eucaristía, acude a la Confesión (qué importante recibir el Perdón y aprender a perdonar, dice Ileana); a la adoración, la oración y el santo rosario, y recuerda a menudo vidas de santos como Teresita del Niño Jesús o San Claudio Colombière SJ , apóstol del Sagrado Corazón de Jesús y del abandono confiado a la voluntad de Dios. No te pierdas este impresionante testimonio, y si te ayudó o conoces a quién le pueda inspirar, por favor no olvides compartirlo.


