MiƩrcoles, San Gregorio Magno, papa y doctor de la Iglesia.- 3-09-2025

31 Jul, 2025 | Sin categorĆ­a

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ā€œEs necesario que proclame el reino de Dios, tambiĆ©n a las otras ciudades, pues para esto he sido enviadoā€

Evangelio segĆŗn S- Lucas 4, 38-44

Al salir JesĆŗs de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le rogaron por ella. Ɖl, inclinĆ”ndose sobre ella, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantĆ”ndose enseguida, se puso a servirles. Al ponerse el sol, cuantos tenĆ­an enfermos con diversas dolencias se los llevaban; y Ć©l, imponiendo las manos sobre cada uno, los iba curando. De muchos de ellos salĆ­an tambiĆ©n demonios, que gritaban y decĆ­an: Ā«TĆŗ eres el Hijo de DiosĀ». Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabĆ­an que Ć©l era el MesĆ­as. Al hacerse de dĆ­a, salió y se fue a un lugar desierto. La gente lo andaba buscando y, llagando adonde estaba, intentaban retenerlo para que no se separara de ellos. Pero Ć©l les dijo: Ā«Es necesario que proclame el reino de Dios tambiĆ©n a las otras ciudades, pues para esto he sido enviadoĀ». Y predicaba en las sinagogas de Judea.

[divider link=»» target=Ā»_blankĀ» layout=Ā»2″ color=»»] Meditación sobre el Evangelio [/divider]

Centro de sus trabajos evangelizadores fue la ciudad de Cafarnaún. Se hospedaba en la casa de Pedro, allí en familia, con los esposos y parientes. La madre de la esposa ha caído enferma. Vuelve Jesús de la sinagoga y la calentura ha subido; estÔ grave. Los de casa le ruegan que la cure. Tienen fe. Jesús les tiene amor. Para ayudarles a su fe formula un mandato categórico de intención pedagógica (”es tan gran Maestro y se acomoda tanto a los pequeños!), imperó con energía a la fiebre. Cogió seguro de la mano a la enferma y la fiebre desapareció. Jesús lleno de amor; ellos de fe, ¿se irían llenando de amor?

En cuanto terminó el sĆ”bado a las seis de la tarde, terminaba el descanso obligatorio. La gente cargó con sus enfermos y se los llevaron a JesĆŗs, Ā”curioso espectĆ”culo! Las familias por la calle con sus enfermos. A todos los fue curando. Deliciosa escena; los rostros de los enfermos anhelantes, los cuerpos agarrotados por la dolencia, luego de pie entre los abrazos de los suyos, el semblante del Maestro iluminado de dulzura y cariƱo, sus manos finas vertiendo salud, su alma gozando con el gozo de los corderos y su iniciación en la fe de una doctrina en que Dios es Padre y los hombres buenos como Ɖl.

En cuanto cesaba el oleaje de prójimos, se tendĆ­a a la playa de Dios, rodeado de silencio. Fueron a buscarle: ā€œTodo el mundo te buscaā€. Entonces, aunque era bueno buscarle, no era con hondura, sino con el interĆ©s de una placentera novedad. Camino para subir mĆ”s alto. ĀæSe quedarĆ­an con la alegrĆ­a pasajera de la semilla que florece rĆ”pida y se agota? Hay que aguardar; los Ć©xitos iniciales son fĆ”ciles; lo que importa no es una apariencia rĆ”pida, sino duradera, y cada dĆ­a mĆ”s honda. Hermoso alborear del ministerio de JesĆŗs en Galilea; ya vendrĆ”n los demonios a provocar males y frialdades.

Hay que marchar a otras aldeas, porque para todos le envió el Padre. La misión de JesĆŗs es luz: Ā«Tanto amó el Padre al mundo que le entregó a su Hijo, para que todo el que crea en Ɖl no perezca, sino adquiera la vida eternaĀ». A su vez JesĆŗs nos envĆ­a a nosotros: Ā«Sed luz entre los hombresĀ».