MiƩrcoles, San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia.- 20-08-2025

31 Jul, 2025 | Sin categorĆ­a

COMPARTE

ā€œAsĆ­, los Ćŗltimos serĆ”n los primeros y los primeros, los Ćŗltimosā€

Evangelio segĆŗn S. Mateo 20, 1-16

Dijo JesĆŗs a sus discĆ­pulos esta parĆ”bola: Ā«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viƱa. DespuĆ©s de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viƱa. Salió otra vez a media maƱana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: Ā«Id tambiĆ©n vosotros a mi viƱa, y os pagarĆ© lo debidoĀ». Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodĆ­a y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ā€œĀæCómo es que estĆ”is aquĆ­ el dĆ­a entero sin trabajar?ā€ Le respondieron: ā€œNadie nos ha contratadoā€. Ɖl les dijo: ā€œId tambiĆ©n vosotros a mi viƱaā€. Cuando oscureció, el dueƱo de la viƱa dijo al capataz: ā€œLlama a los jornaleros y pĆ”gales el jornal, empezando por los Ćŗltimos y acabando por los primerosā€. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirĆ­an mĆ”s, pero ellos tambiĆ©n recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: ā€œEstos Ćŗltimos han trabajado solo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del dĆ­a y el bochornoā€. Ɖl replicó a uno de ellos: ā€œAmigo, no te hago ninguna injusticia. ĀæNo nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este Ćŗltimo igual que a ti. ĀæEs que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ĀæO vas a tener tĆŗ envidia porque yo soy bueno?ā€. AsĆ­, los Ćŗltimos serĆ”n los primeros y los primeros los ĆŗltimosĀ».
[divider link=»» target=Ā»_blankĀ» layout=Ā»2″ color=»»] Meditación sobre el Evangelio [/divider]

Dibuja aquí un aspecto del Reino, cómo Dios va llamando a los hombres y se conduce con ellos. De su voluntad quisiera llevarlos a todos de mañana a su viña; apenas amanece la vida los entraría consigo en su campo; a la labor celestial que muestra su Evangelio.

Muchos y muchos necesita su viñedo, padres y madres en el terreno familiar, maestros en el escolar, sacerdotes en el sacramentario y predicativo, magistrados en el judicial, sabios en el intelectual, financieros en el económico, rústicos y simples en todo sendero por las parcelas sin nombre.

Pasó a las seis de la mañana y a las nueve y a las doce y a las tres de la tarde y a las cinco, cuando tan sólo restaba una hora a la jornada. Todas son horas de contratar a tiempo para aquel Señor que es tan bueno, que hasta la última, no desespera de podernos enriquecer. Riqueza es entrar en su reino, llegar antes de la noche a su campo.

Unos empiezan de niños la virtud, otros de jóvenes, otros de hombres hechos, otros muy maduros, otros en la ancianidad. CuÔntos que a los cuarenta y mÔs, al escuchar la voz del Evangelio, conocen la caridad y entienden al Padre, suspiran por los años perdidos y gimen porque los que restan, parecen escasos para tanto como quisieran lograr.

No os aflijÔis, recomienda Jesús; no desmayéis. Dios me ha encargado que para todos tenga presto el jornal entero. Con delicadeza especial fíjase en los que vienen alcanzados de tiempo, y los baña en su misericordia, para que en poco espacio recobren lo que parecía irrecuperable. Notifica que, en definitiva, siempre llegamos a tiempo; a tiempo de recibir la caridad y la esperanza.

No se queje el que brega mÔs años. Dios no le irroga perjuicio; le paga todo lo suyo y le premia conforme en el Evangelio prometió. No se enfade porque Dios sea tan solícito con su hermano, el que no atinaba con lo cierto, el que vagaba por las cunetas, desorientado, fuera del campo. Porque sea Dios tan liberal con éste, ¿va a avinagrarse el primero?, ¿Porqué las manos del Señor son buenas, los ojos del hombre serÔn malos? Que no es mala la obra de Dios cubriendo de favores y besos al hijo que llegó tarde (quizÔ porque se enteró tarde), sino son malos los hombres que por egoístas y cicateros no entienden la ternura generosa del Señor. Y es que el Señor es Padre.

Mirad vosotros los de primera hora, que no se enturbie vuestra pupila ante el favor con los otros; ni os ofusque vuestra presunción de pueblo escogido o de cristianos de siempre. La presunción, vuestro recelo con los otros o mirarlos sobre el hombro, harÔ verdadera esta frase: «Los últimos serÔn los primeros, y los primeros serÔn los últimos».