Procedían de familias y mundos muy diferentes. David «creció entre ayahuasca y espiritualidades alternativas». Es lo que conoció de niño y, en su juventud, empezó a buscar incansablemente opciones que dieran algún sentido a su vida.
Apostó por el materialismo, se hizo ateo, se radicalizó; se dejó arrastrar por las manipuladoras seudo ideologías modernas, y sólo se hundía en más confusión. porque «nada se sostenía, pisaba todo el tiempo sobre arenas movedizas», recordaba David hace dos años en su testimonio para Mater Mundi TV. A los 33 años se convirtió al catolicismo.
Ligia había crecido en un entorno católico pero pasaría un tiempo hasta que se encontró con la Misericordia de Dios durante una Confesión. Sus caminos no tenían nada en común, nada que hiciera pensar en que sus vidas se llegarían a cruzar un día de forma «totalmente causal». Y es que todo estaba pensado para que se encontraran y descubrieran juntos su vocación al matrimonio.
Vocación al matrimonio
David y Ligia llevan algo más de dos años y medio de casados y, en este tiempo, todo ha ido reforzando su compromiso con el sacramento del Matrimonio. Es una vida nueva para los dos, «llena de ilusiones, de proyectos, un camino juntos para llegar al cielo«, nos dicen.
En esta nueva entrega del espacio «La vida después de la conversión», David y Ligia defienden el matrimonio como vocación, nada que ver con un mero contrato o ritual que, sin Dios en el centro, está destinado a quedar en papel mojado, aseguran los dos.
«Si te lo planteas como la gente lo entiende hoy, yo tampoco creería en el matrimonio», afirma David. Pero, en lo ordinario vivir con Dios es mucho más fácil de lo que la gente piensa. De hecho, es mucho más fácil que hacerlo sin Dios».
Para ellos es un orgullo (y responsabilidad) que alguien les mencione como referente de lo que es el compromiso del matrimonio. Consideran que, hoy en día, se rechaza el Matrimonio y se niega su valor fundamental por desconocimiento de la verdad.
Las parejas tiran la toalla muy pronto porque no tienen a Dios en cuenta y porque los modelos de matrimonio que inundan las redes y medios de comunicación no tienen nada que ver con el verdadero matrimonio.
Hay muchos, pero no se ven. Por eso hace mucha falta dar testimonio, coinciden en señalar David y Ligia.
El perdón es clave para superar las dificultades en el matrimonio
Encontrar la felicidad y la vocación en el matrimonio no significa, ni mucho menos, vivir una vida de ensueño. Los problemas están. La presión no sobrevuela sin tocarles sino que se hace bien presente, porque el día a día en este mundo es complicado para todos.
Las desavenencias llegan y el desacuerdo existe, porque forman parte del «juego» y el demonio también intenta desbaratarlo todo. Cada uno tiene su identidad, su carácter y necesita su espacio.
Pero todo se puede reconducir con una palabra mágica: perdón.
Vivir en gracia para avanzar juntos
hay recetas infalibles, pero, además de la disposición a pedir perdón y perdonar, hay que agregar a cada día buenas dosis de entrega, renuncias, oración y la aspiración constante a vivir en gracia. «No somos perfectos ni ninguno es más que el otro. Sin la gracia no podemos avanzar», dice David.
«Necesitamos la gracia para cambiar, para ir corrigiendo lo que tenemos que soltar cada uno de nuestro pasado o de nuestras equivocaciones diarias, por eso es tan importante para sostener el matrimonio», afirma.
Para ambos el sacramento de la Reconciliación es fundamental, y también el crecer juntos en la formación y enriquecer su espiritualidad.
Evangelizar con Santo Tomás de Aquino
Hace un año, su proyecto de vida conjunta llevó a Ligia y David a iniciar un programa de formación y oración para ayudar a que la gente (cualquiera que sintiera inquietud), pudiera conocer o saber más sobre Dios y sobre su Iglesia.
David lo vivió en primera persona. La falta de formación e información lastró su vida durante mucho tiempo de su vida. Por eso se sentía especialmente llamado a impartir catequesis.
Pero fue durante una Navidad en Honduras (el país de Ligia) donde Dios puso en su corazón que tenían que servir más, comprometerse más con la Iglesia. Y pusieron en marcha un ambicioso programa, al que tienen que dedicar mucho del tiempo que no les sobra a ninguno de los dos.
El grupo empezó a crecer de forma inexplicable
Recurrieron -en cierto modo providencialmente- nada menos que un doctor de la Iglesia como Santo Tomás de Aquino y su obra ‘Suma contra gentiles’ para dibujar un itinerario de formación teológica básica y tiempo de oración que ofrecieron a su comunidad parroquial.
Lo que comenzó con cuatro personas empezó a crecer de forma inexplicable, asegura Ligia. No había anuncios ni información, y se encontraron con que personas de toda condición, nacionalidades y edades se iban sumando al grupo. Ampliaron la formación con algunos retiros, peregrinaciones y otras actividades en común.
Se dio otra diosidencia, explica Ligia, y es que el primer día que se convocó el grupo era un 28 de enero, el día que la iglesia católica celebra la memoria de Santo Tomás de Aquino.
Todo ha sido un torrente de gracias
Los frutos fueron llegando y son muchos. Aunque también han vivido «interferencias» David y Ligia han sido testigos de conversiones en este tiempo entregados a la evangelización en su parroquia.
Personas que llegaron sin ninguna formación, o no creían ni en Dios ni en la Iglesia y han empezado a caminar en fe, asistiendo a misa con regularidad. Alguno venía «muy rebotado» y se fue transformando hasta que volvió al reencuentro con el Señor.
Con todo, son muy conscientes de que esta iniciativa no es cosa suya ni ha funcionado por méritos propios: «esto es cosa de Dios y nosotros sólo somos sus instrumentos», dicen con determinación.
No te pierdas esta charla con Ligia y David para conocer cómo ha sido su vida después de la conversión, Y si quieres, puedes ver el testimonio de conversión de David aquí:
Y el testimonio completo de Ligia, su búsqueda, crecimiento espiritual y su encuentro con David, aquí:
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