Susana Dávila comparte a través de Mater Mundi TV su impresionante testimonio de conversión a raíz de un viaje a Medjugorje en el que sólo buscaba una respuesta a la muerte repentina de su madre, muy poco tiempo después de haber perdido también a su hermano. En aquel viaje, sin embargo, le esperaba mucho más. Allí Susana vivió tres «revelaciones» que cambiarían para siempre su vida.
Ofrecida a la Virgen del Carmen
Cuando nació hubo complicaciones y su madre, muy devota de la Virgen, la ofreció a Nuestra Señora del Carmen. Susana creció con devoción a la Virgen aunque sin conocer bien la dimensión de aquel gesto de su madre. Se fue apartando de la Iglesia, de Dios, y de aquel recuerdo protector de María.
La muerte prematura de su hermano y muy poco después de su querida madre, sumió a Susana en una fuerte depresión y se alejó del todo de Dios. No comprendía por qué había permitido que se quedara en este mundo sin su madre.
Empezó a buscar refugio en todas las propuestas del mundo. Ambicionaba progresar en el trabajo, donde era reconocida y ganaba un buen dinero. También se entregaba a relaciones sin propósito, buscando abrazos que la consolaran.
Un vacío cada vez más insoportable
Nada llenaba el vacío que sentía, que cada vez se hacía más grande y, cada vez con más presión, parecía empujarla hacia un pozo sin fondo. Buscaba respuestas a la muerte de su madre y quería reencontrarla a toda costa. Se llegó a sentir como la samaritana que pidió a Jesús: “dame a beber de esa Agua para que nunca más tenga sed”.
Un día oyó decir que la Virgen se aparecía en una aldea de Bosnia. No lo creía hasta que escuchó un testimonio, el de Jesús García.
Pensó que allí, tal vez, la Virgen le daría respuestas y podría averiguar, por fin, por qué Dios se había llevado a su madre y dónde estaba ella ahora.
Cuando se quiso dar cuenta, Susana iba camino de Medjugorje, ajena a oraciones, rosarios, misas y confesiones. Ella, repite con insistencia, sólo pretendía saber por qué Dios le había dejado sin madre y dónde estaba ella ahora.
Pero en aquel lugar Susana llegaría a tener muchas más respuestas, y todas definitivas.
Curiosamente, Susana peregrinó a Medjugorje de la mano de una madre (Carmina) y su hija (Inma García). No le interesaban nada las misas, los rosarios, las subidas al monte de las apariciones. Sólo quería encontrar a su madre. Y realmente se encontró con su Madre, y con mucho más.
Tres revelaciones
Mientras asistía a una adoración eucarística (la primera de su vida), le fue revelado el Purgatorio. Después de tanto tiempo alejada de la Iglesia, Susana no podía comprender el peso de sus pecados.
En Tihaljina se encontró con la Virgen más hermosa que había visto jamás. Y como buena Madre, la Gospa le hizo ver el dolor que le causaba la vida que llevaba, en especial su pecado de impureza, pero al tiempo que se sentía envuelta con un profundo amor. Un amor de Madre.
Lo siguiente sería encontrarse cara a cara con la Misericordia de Cristo, a través del sacramento de la Confesión.
Con el tiempo, Susana fue comprendiendo lo que le había sucedido. Encontró el Agua Viva y ya no tiene sed. Y tampoco duda en afirmar que María “nos toma muy en serio” y Ella, como se suele decir, ciertamente es el camino más sencillo, directo y rápido para reencontrarse con el abrazo de Dios si nos hemos apartado de Él.
A su regreso, abandonó todo lo que había mantenido alejada. Ahora sólo quiere reparar su vida antigua y llevar a todas las almas que pueda hacia el Señor, a través de la Reina de la Paz.
No te pierdas este impresionante testimonio. Y si conoces a alguien a quien le podría ayudar, no dudes en compartirlo.

