Podría haber sido médico, tal vez, por aquello de algún gen familiar. Pero no. Pablo Martínez se esfuerza un poco -no mucho- en pensar qué otra cosa podría haber sido en su vida que no fuera sacerdote, una vida feliz entregada a la Obra de la Iglesia. No tiene el padre Pablo un testimonio impactante de una conversión espectacular después de una vida marcada por experiencias sorprendentes, o definida por algún hecho determinante que marcara un antes y un después en su vida. Eso tampoco. Lo realmente imprevisto y encantador que encontrarás en esta ocasión es una verdad sin artificios ni adornos. La verdad de cómo se puede vivir con cero dudas y al cien por cien en y para la Iglesia, a nivel local y universal consagrando tu vida a proclamar el misterio de la fe y vivirlo a cada segundo, tanto al frente de su parroquia actual, la Presentación de Nuestra Señora (Madrid, España), como cuando es llamado a misionar en tierras remotas.
La receta del revolucionario plan de Dios
Déjate sorprender por la pureza y la normalidad de una fórmula infalible que es combinar sencillez y profundidad para vivir y ser Iglesia en estos tiempos que corren. El resultado puede ser verdaderamente revolucionario.
Mézclense en dicha fórmula los siguientes ingredientes básicos: los más pequeños gestos diarios envueltos en una arrolladora espiritualidad; la íntima oración y la adoración permanente; la sinodalidad ya introducida hace más de 60 años por madre Trinidad en la vida parroquial, y añádase una pizca, importante, de misión intercultural… Sucede al final de la elaboración que se construye un suculento plan para las vocaciones, vidas y familias que son Iglesia y se empeñan en «hacer de todos Iglesia». La receta del plan de Dios y la misión encomendada.


