Cuando se encontraba en México para un torneo de tenis, Ana Salas se puso gravemente enferma. Unos días antes de comenzar la competición, había tenido ocasión de visitar la Basílica de Guadalupe. Allí sintió la fuerza de la fe de la multitud de gente que estaba visitando a la Virgen. Poco después enfermó y una señora desconocida se ofreció para cuidarla en todo momento. Luego, sucedieron más cosas.
Lo que Ana daba por perdido, porque ni creía poder llegar a competir, cambió de rumbo radicalmente. Fue pasando las rondas… y llegó a la final.
En esta entrevista con Matilde Latorre, Ana Salas Lozano relata aquellos hechos y cómo tiene claro que la interseción de ‘La Guadalupana’ fue determinante. Desde entonces, la Virgen de Guadalupe está entre sus devociones más especiales: «es como un rayo de luz que siempre va en mi corazón y en mente. Ella me dio la fuerza».
No te pierdas este bonito testimonio de otra devota peregrina de la Virgen de Guadalupe.
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