Cuando tenía 22 años y medio «me pareció una buena edad para morir». Era el 7 de abril de 2017.
Con una sinceridad y generosidad apabullantes para su juventud, Ana nos ofrece su testimonio y deja un mensaje especial para jóvenes que puedan estar pasando por momentos tan duros como los que ella pasó.
Complejos, bullying y desorientación marcan su adolescencia y desembocan en diversos trastornos, desde anorexia, depresión y autolesiones, hasta intentos de suicidio. Esta joven madrileña relata a Mater Mundi TV su particular calvario de 10 años hasta llegar al punto de luz en el que ahora se encuentra.
«Yo le preguntaba a Dios ¿por qué me has hecho tan fea, tan horrible?». «No entendía nada, solo sentía vacío y ganas de morir». Aunque también, y sin saber qué, percibía alguna luz a su lado, sigue para ella un penoso tiempo en el que nadie sabía lo que le estaba pasando. «Por entonces nadie sabía qué hacer conmigo», recuerda Ana. Incluso llegó a recibir varias sesiones TEC (terapia electro convulsiva).
Fue tras un intento de quitarse la vida, a solas en una habitación de hospital, con solo la cama y un escritorio, sin nada familiar alrededor, «cuando sentí una enorme felicidad, precisamente por no tener nada. Algo pasó allí impresionante», relata. «Es difícil de explicar, pero en aquel momento sentí que todo mi mundo no me era necesario». Sus libros, películas, peluches, recuerdos, la gente… todo se desvaneció. «Sentí como muy fuerte que solo le necesitaba a Él».
Empezaba a vislumbrar su vocación. Visitó una comunidad religiosa donde, después de una breve estancia de dos semanas le dijeron que aquel no era su sitio, porque Ana aún no estaba recuperada. «Me enfadé con el mundo y con todo, incluso me enfadé un poco con Dios». Así que decidió mirar hacia otro lado y continuar con su vida de otra forma.
Pero el vacío y la depresión seguían, y volvió a atentar contra su vida. Entre hospitalizaciones y recuperaciones, Ana asistió a un retiro de Effetá «que fue como un chute de energía increíble». «Descubrí una vez más que Dios me adoraba, que era la niña de sus ojos y que no me iba a dejar sola». Me dio mucha fuerza y conocí a muchas personas. Pero el vacío seguía. «Creo que es esa tristeza que da no encontrar tu lugar en el mundo, eso hace sufrir muchísimo», dice Ana.
Continuaron los ingresos y los duros tratamientos por la anorexia, la ansiedad y la depresión. Así pasó un tiempo hasta que Ana viajó con su madre a Medjugorje, de donde regresó a una vida nueva el 7 de abril de 2019. El mismo día pero dos años después de su primer intento de suicidio.
Desde entonces no ha habido ni un ingreso más y la sonrisa no desaparece de su rostro. El 17 de septiembre de 2021 (una semana después de esta grabación) Ana ingresó en una orden religiosa.
Esta es su historia y ¡no te la puedes perder!

